Historias. Don Juan de Garay y los perros

Por Roberto L. Elissalde *

Hace unas horas escuché a la conductora de un programa periodístico hacerse eco de un mensaje que le enviara una oyente sobre el ataque que sufrió una señora en la localidad de Carmen de Areco por una jauría de siete perros cimarrones, que la atacaron con saña en la zona de quintas, dejándola desvanecida en el camino.

La conducta irresponsable de quienes abandonan esos animales me trajo a la memoria un documento que el historiador Ernesto J. Fitte tenía en la colección de autógrafos familiares, que donó en su momento a la Academia Nacional de la Historia, y que transcribe en su libro “Hambre y Desnudeces en el Río de la Plata”.

Se trata de un bando publicado en Asunción el 10 de septiembre de 1579, por el “teniente general de gobernador y capitán general, justicia mayor, de estas provincias del Río de la Plata” don Juan de Garay, a pocos meses de fundar Buenos Aires.

perros cimarrones
Acuarela de Francisco Fortuny sobre una matanza de perros cimarrones en Luján durante el siglo XVIII.

En dicho documento, informaba que en “esta ciudad muchas personas tienen y crían gran cantidad de perros y los llevan y traen consigo sueltos a cualquier parte que van, con que hacen muy gran daño en el ganado ovejuno y cabruno [sic] que por el campo hallan, de que muchos vecinos se han quejado y quejan de ello, por tanto mando que de aquí en adelante después de la publicación de este bando ninguna persona, de todos los vecinos y moradores, estantes y habitantes de esta ciudad no sean osados de llevar ni traer perros consigo sueltos a cualquier parte que vayan o vengan sino atados de manera que no puedan hacer daño en los dichos ganados”.

De incumplir, el responsable era penado de este modo: “Con seis varas de lienzo, el tercio aplicado para el denunciador y las dos tercias partes para gastos de guerra, además de pagar y que pagará todo el daño que tales perros hicieren, sin que para ello haya más información de lo que la guarda del tal ganado dijere”.

Los perros cimarrones fueron una plaga. Setenta años después, Acarette du Biscay afirmaba: “Toda la riqueza de estos habitantes consiste en ganados que se multiplican tan prodigiosamente en esta provincia que las llanuras están caso totalmente cubiertas de ellos, particularmente toros, vacas, ovejas, caballos, yeguas, mulas, asnos, cerdos, venados y otros, de tal manera que si no fuera por el vasto número de perros que devoran los terneros y otros animales jóvenes, devastarían el país”.

En un curioso blog sobre nuestro pasado, aparece este anuncio sobre la cercana localidad de San Isidro, publicado en el Semanario de esa ciudad el 2 de junio de 1921, en el que criticaba el abandono pensando que se iba a convertir en un “barrio de Constantinopla”. Refiere el testigo: “Un señor que caminaba por la acera, se vio asaltado por dos canes en actitud ofensiva. El transeúnte desenfundó un revólver, pero antes de que se dispusiera a disparar, apareció en el dintel de una casa vecina el dueño de los perros todo alarmado: ‘¡Señor, mucho cuidado! ¡No tire a los perros, que son míos!’, gritó. ‘¿Ah, sí? ¿son de usted?… Pues entonces si me muerden, le tiraré a Ud. en lugar de a los perros!”, fue la respuesta.

Historias, pero que en el caso de lo sucedido en Carmen de Areco nos debe llamar a la responsabilidad social.

* Historiador. Académico de número y vicepresidente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación.

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