Portugal, primero en reconocer la independencia argentina

El autor revela un detalle de la historia desconocido y ocultado por otra versión muy generalizada, pero errónea.

Cuando el corsario argentino Hipólito Bouchard hizo su famoso periplo en agosto de 1818, llegó a Hawai, donde fue recibido por el rey Kamehameha y firmó un tratado en el cual el monarca reconocía la independencia argentina.

Esta especie se ha divulgado muchas veces pero totalmente fuera de contexto, incluyendo homenajes de parte de nuestro país con motivo del viaje de la fragata Libertad, hace más de dos décadas.

Pero la realidad es que el primer estado en reconocer nuestra soberanía fue Portugal y todo sucedió hace casi 198 años, un 28 de julio de 1821, cuando un portugués, Juan Manuel de Figueiredo, radicado en Buenos Aires desde 1814 y dependiente del fuerte comerciante catalán Juan Larrea, vocal de la Primera Junta en 1810 y generoso mecenas para el armado de la primera escuadra nacional. Figueiredo se vinculó a Guillermo White, interesante personaje de quien esperamos una acabada biografía de Alejandro Milberg.

Regresó en 1820 a Río de Janeiro, pero al poco tiempo debió regresar ya que fue investido con el cargo de agente de relaciones comerciales en nuestra ciudad. El 16 de abril de 1821 se le entregaron las instrucciones dadas por el canciller Silvestre Pinheiro Ferreira, uno de los tratadistas más notables de la época, al Barón de Laguna.

Es bien sabido que la corte de Portugal se hallaba en Brasil después de la invasión napoléonica a la península, por lo que Figueiredo fue el primer representante de Portugal en Buenos Aires y al entregar el 28 de julio de 1821 sus cartas credenciales al ministro Bernardino Rivadavia realizó el acto trascendental de reconocer la independencia de nuestro país.

Le cupo al enviado participar en tal carácter de episodios públicos no menores como el funeral que se celebró en memoria del general Manuel Belgrano, al día siguiente, en la Iglesia Catedral y el 12 de agosto en el templo de San Ignacio de la instalación de la Universidad de Buenos Aires.

Ubicado en una casa de la calle Venezuela 584, falleció repentinamente el 21 de agosto de 1821 y sus restos fueron inhumados en el vecino templo de Santo Domingo. Un episodio no menor y casi olvidado de nuestra historia.

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