Se cumple un siglo del nacimiento de “Capote”, figura de Independiente en la época de oro del fútbol nacional.
Las décadas de 1930 y 1940 fueron una fuente inagotable de cracks en el fútbol argentino, tanto que quienes vivieron aquella época dorada colocan a Diego Maradona o a Lionel Messi por debajo de las figuras que jugaban en aquellos años en el césped (y la tierra, que había mucha) de las antiguas canchas.
Para destacarse entre tantos talentosos había que ser bueno de verdad. Y uno de los que brilló dentro de la constelación de estrellas de la época fue Vicente “Capote” De la Mata, el mejor jugador de la historia de Independiente hasta que apareció en la década del ’70 Ricardo Enrique Bochini.
De la Mata nació en Rosario el 15 de enero de 1918, exactamente hace un siglo. Tras formarse en Central Córdoba de su ciudad natal, en 1937 debutó en la Primera de Independiente. El impacto que generó en el club de Avellaneda fue inmediato.
La delantero que formó junto a Antonio Sastre y Arsenio Erico quedó en la historia como una de las más brillantes y efectivas del fútbol argentino: entre los tres marcaron 218 goles en 66 partidos jugados (un promedio de 3,3 goles por encuentro) durante 1938 y 1939.
De la Mata ganó tres títulos de Primera División en el “Rojo” (1938, 1939 y 1948), donde jugó 362 partidos y convirtió 151 goles. Pero hubo uno de esos tantos que, en el mito popular, valió más que todos los triunfos, incluso los tres Sudamericanos (1938, 1945 y 1946) con la Selección.
El gol con el que hizo “Capote” (apodo que le puse Sastre cuando debutó en 1937 en la Selección) ocurrió el 12 de octubre de 1939, en un partido en el que Independiente venció 3-2 a River Plate en un flamante estadio Monumental.
No hay videos de aquella epopeya, tal vez alguna foto perdida. Hoy nos parece una locura no tener registros de uno de los mejores goles de la historia. Pero así como aún lo guardan en la memoria aquellos afortunados que estuvieron ese día en la cancha de River, podemos apelar a nuestra imaginación para “ver” ese gol. Solamente hay que leer la descripción que hizo alguna vez el propio De la Mata en “El Gráfico”:
“Tras un ataque de River, tomó la pelota el arquero nuestro, Fernando Bello. La tiró larga sobre mediacancha, como acostumbraba hacerlo, buscándome siempre a mí. La bajé justo en el círculo del mediocampo y giré sobre la izquierda. Allí dejé en el camino a Moreno. Sobre el sector del mediocampo de River hice lo mismo con Minella. Y de nuevo tuve encima a Moreno. Le amagué tocar hacia la derecha y me fui por la izquierda.
En ningún momento descuidaba la posición que iba tomando Erico, porque mi idea era tocarle la pelota a Arsenio para buscar la posibilidad del gol. Cuando fui llegando a tres cuartos de cancha, en poco espacio dejé atrás primero a Vassini y luego a Santamaría, los dos zagueros de River. Y entré en el área.
Otra vez amagué tocar hacia Erico y me abrí hacia la izquierda dejando atrás a Cuello. Pero ya tenía encima a Santamaría, al que tuve que eludir abriéndome un poco más y quedando en posición muy difícil para tirar al arco. Inclusive para poder pegarle con mi pierna hábil: la derecha.
Como llegaba Erico por el medio, intenté pegarle con la izquierda hacia el medio. Sirni, el arquero de River, intuyó la maniobra y volcó su cuerpo hacia el centro. Yo le di con la de palo, y salió un tiro corto y débil que fue a meterse entre el poste derecho y el arquero. Los engañé a todos. ¡Incluso yo, que quise tirar centro!”.
Un golazo. Sin dudas. Tan lindo que, en su propio cumpleaños, De la Mata nos lo vuelve a regalar en forma de relato para que nosotros sigamos agigantando su leyenda.
