El boxeo besó la lona y el COI puede darle el golpe de nocaut (también a Cuba)

La especialidad quedó afuera de la lista preliminar del programa de Los Ángeles 2028. ¿Qué tiene que cambiar para asegurarse su histórico lugar?

La noticia es el punto final de lo que, con poca originalidad, podría considerarse la crónica de una muerte anunciada. En este caso, la del boxeo, que esta semana quedó afuera de la lista preliminar de las 28 disciplinas que integrarán el programa olímpico de los Juegos de Los Ángeles 2028.

 A través de su antecesor llamado “pancracio”, el boxeo es uno de los deportes más antiguos de los Juegos Olímpicos, incluso con esta disciplina similar -pero mucho más salvaje- en la época de Grecia Clásica.

De las 77 medallas que ganó Argentina en la historia de los Juegos Olímpicos modernos, 24 corresponden al “noble deporte de los puños”. Siete de ellas son de oro. Ninguna otra disciplina le dio al país tantas medallas y tantos campeones.

Pero más allá de Argentina, cuyos boxeadores dejaron de aportar preseas en 1996, la posibilidad de que este deporte no sea más olímpico pone en problemas a muchos otros países (especialmente las exrepúblicas soviéticas) cuya única chance de medalla es gracias al pugilato y su excelsa escuela de boxeo amateur desarrollada durante la Guerra Fría en el siglo pasado.

¿Cuáles son los problemas para que una especialidad tan importante dentro de la rica historia olímpica vea amenazada su plaza en la máxima cita del deporte? Problemas de dinero, obviamente.

Hace dos meses y medio, la Asociación Internacional de Boxeo (conocida anteriormente como la Asociación Internacional de Boxeo Amateur -AIBA-) admitió que varias peleas de los Juegos de Río de Janeiro 2016 fueron “manipuladas”. Arregladas. Hubo “tongo”, como se decía antiguamente en la popular del Luna Park, cuando el box era el rey en las noches de miércoles y sábados de Buenos Aires.

Las tarjetas de los jueces, desde que existe ese tipo de definición, siempre dieron lugar a suspicacias en el boxeo. El local, el campeón, o el pupilo del manager que organiza la velada, siempre arrancan con unos puntitos arriba de su oponente.

En el ámbito profesional, el negocio hizo que proliferaran diferentes organizaciones rectoras a nivel mundial. Los deportes más populares del planeta tienen una sola entidad reconocida en el globo y un solo campeón mundial por categoría, ya sea por edad, peso o sexo. En cambio, en el boxeo podemos tener cuatro o cinco campeones mundiales pesados, y casi ninguno quiere unificar su cetro con el otro para no perder el cinturón (ni el dinero que eso significa).

La época de oro de boxeo está lejos, más allá de que siguen saliendo talentos maravillosos que nos regalan su magia entre los encordados. Pero no alcanza para que, además siempre cuestionado por la violencia a la que se exponen sus deportistas, el boxeo pueda mantenerse de igual a igual en la pelea por la preferencia del público ante las nuevas especialidades del siglo XXI.

En la rama amateur, la vidriera máxima eran los Juegos Olímpicos. Por ejemplo, en Roma 1960 ganó el oro pesado Cassius Clay, antes de autopercibirse como Mohamed Alí. Nuestro primer campeón mundial profesional, “Pascualito” Pérez, antes fue oro olímpico en 1948. Myke Tyson recién empezó a pelear por dólares cuando no fue seleccionado para representar a EEUU en Los Ángeles 1984. Pero más acá en el tiempo, los boxeadores no esperan a una cita olímpica para dejar de ser amateurs. La plata grande está en el profesionalismo. Por eso se saltean ese paso. En esta debilidad del deporte amateur radica la fortaleza de la comunista y amateur Cuba, el país que tuvo más campeones en Tokio 2020, con cuatro oros (el 57% de los que cosechó en total la delegación de la Isla).

Para intentar parar esa sangría, desde Río 2016 se permitió que boxeadores con menos de 15 peleas en el campo rentado pudieran participar de los Juegos Olímpicos. No alcanzó para tener entre los boxeadores a figuras de renombre. Todos los buenos pegan rápido el salto por las bolsas con varios ceros.

El actual presidente de la AIBA, el ruso Umar Kremlev, tiene el desafío de acomodar las cuentas de la entidad. Era de esperar que si se compraban y vendían peleas olímpicas, las arcas de la AIBA fuesen como un bolsillo sin costuras. 

El titular del Comité Olímpico Internacional, Tomas Bach, advirtió que si la AIBA no pone en orden sus finanzas, el box podría ser definitivamente reemplazado por el surf, la escalada deportiva o el skate, deportes del siglo XXI que son un éxito entre el público joven que consume olimpismo a través del celular y las apps. Un mercado mucho más grande del que -por ahora- puede ofrecer un deporte en el que, por ejemplo, los mejores campeones olímpicos no pueden vender productos en el libre mercado ni hacer publicidad porque sus medallas son una ofrenda a la Revolución Cubana. Menuda tarea tiene Kremlev de aquí a la nueva reunión del COI sobre este tema en 2023 para volver a meter al boxeo en la lista de los “olímpicos”. Por ahora, la AIBA está en la lona y Bach avanza con la cuenta de protección. ¿Llegará a diez?

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