El ministro de Economía estuvo acompañado por el secretario Beliz, una suerte de “garantía” para EEUU de que no se impondrá la postura “radicalizada” del “cristinismo”. Las “dificultades” de las que habló Alberto F.
El ministro de Economía, Martín Guzmán, se quedó en Roma tras la cumbre del G-20, luego de que el presidente Alberto Fernández siguiera viaje a Glasgow a la conferencia del clima de la ONU (COP26), y este lunes celebró una serie de reuniones con representantes del Fondo Monetario Internacional (FMI) en busca de de destrabar un acuerdo.
El jefe del Palacio de Hacienda y la directora adjunta del departamento para el Hemisferio Occidental del organismo internacional de crédito, Julie Kozack, mantuvieron varios intercambios durante el día.
La posición de la directora-gerente del FMI, Kristalina Georgieva, al frente de la institución es, cuanto menos, complicada, lo que dificulta la posibilidad de avanzar siquiera en un consenso como el que proponía hace seis meses basado en el reglamento: a diez años de plazo y con los sobrecargos actuales, aunque con la posible revisión de su peso si el “board” lo aprobara.
Previamente, Guzmán se vio el domingo con Geoffrey Okamoto, el estadounidense que ocupa el segundo puesto en el “staff” técnico. Se trata de la palabra técnica de Washington, que hoy no ve la “necesidad” de hacer una excepción con Argentina, como deslizaron desde el organismo.
Georgieva anticipó el domingo que su “staff” y Guzmán acelerarían el análisis de los diversos aspectos técnicos de la negociación que las partes están llevando a cabo en los últimos meses.
El presidente Alberto Fernández admitió por primera vez que la negociación enfrenta “dificultades”, lo que había quedado patentizado desde antes de las Primarias, y aseguró ya en Escocia que “el proceso de negociación está”, retrocediendo un casillero de su anterior declaración, en la que aseguró que el acuerdo estaba “cerrado”.
Garantía. “(Georgieva) recibió del presidente (Alberto) Fernández la certeza de que el gobierno quiere avanzar en el acuerdo, más allá de las disidencias internas en su gobierno, que sin duda existen”, explicó a Gaceta Mercantil desde la capital italiana una fuente cercana a la funcionaria internacional.
A las conversaciones en la legación argentina se sumaron de forma virtual Sergio Chodos, el argentino que representa al Cono Sur ante el Fondo, y el venezolano Luis Cubeddu, jefe de la misión en Argentina, y luego se sumó el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, que fue durante más de una década consultor de organismos internacionales en Washington.
Estados Unidos, el principal accionista del FMI con poder de veto en el directorio, le reclama a Fernández que explicite un plan económico consistente y creíble para los próximos años, antes de dar el visto bueno al acuerdo, que es apoyado por la mayoría de los países europeos.
La presencia de Beliz en esta etapa está destinada a garantizarle a Washington un posicionamiento “racional”, frente a los “devaneos” con Rusia y China de la Administración Fernández (El domingo, el canciller Santiago Cafiero y su par chino, Wang Yi, analizaron el avance -o no- de las conversaciones para que Argentina se integre a la “ruta de la Seda” que impulsa Pekín, una alianza estratégica de la cual EEUU abomina).
La semana pasada, Beliz mantuvo en la capital estadounidense una serie de reuniones de alto nivel con funcionarios del Banco Mundial (BM) que conduce el estadounidense David Malpass.
Tras cartón, y en tiempo récord, informó que la entidad dispondrá para Argentina de desembolsos por 2.000 millones de dólares en 2022 para atender “programas urgentes”.
También se reunió con el Asesor de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, con quien impulsó el diálogo estratégico 4.0 entre Estados Unidos y Argentina en inteligencia artificial, información, conectividad y tecnología. Beliz sería el “hooker” en un scrum, rodeado de dos pilares estadounidenses, para quienes saben algo de rugby.
Futuro incierto. El nuevo acuerdo con el Fondo, se podría cerrar en diciembre y votar en enero en el Congreso, pero el Ejecutivo espera que el “board” del organismo elimine en diciembre los sobrecargos, lo que le permitiría al país ahorrar unos 1.000 millones de dólares por año y 10.000 millones a lo largo de la década de un programa de Facilidades Extendidas.
“Eso es lo que quiere el gobierno para salvar la dignidad de un acuerdo que es muy resistido por la vicepresidenta (Cristina Kirchner) y su gente, como se ve por las declaraciones que hacen”, explicó la fuente consultada.
Entretanto, después de las elecciones legislativas del domingo 14, el país deberá girar 1.875 millones por el vencimiento de capital del 22 de diciembre, que saldrán -como las últimas cancelaciones de capital y de intereses- de los DEG que recibió del propio Fondo en un contexto de debilidad del frente cambiario.
Este domingo se transfirieron 388 millones de dólares de intereses con destino a las cuentas del FMI, con lo que ya se acumulan pagos por 6.000 millones desde 2018 y más de 2.700 millones en lo que va del año. Necesario para no caerse del mapa pero lejano a cualquier épica neocamporista.
Cerca de Fernández se ilusionan con un último “conejo de la galera” de Guzmán: que el Fondo le otorgue un “waiver” (perdón) a la Argentina si no cumple -o para no cumplir- con el pago que vence en marzo, lo que descomprimiría no sólo el apuro del Gobierno sino también uno presunto del propio FMI.
Todas las fuentes consultadas, tanto del organismo como de la Casa Rosada, no son particularmente optimistas acerca de un acercamiento inminente, “pero hay que hacer todo lo que hay que hacer y, después, ver la resolución que toman”, apuntan en el primer piso de Balcarce 50.

