Los familiares de Pedro Grehan, Sergio Villanueva y Guillermo Chalcoff cuentan cómo vivieron los días posteriores al ataque a la Torres Gemelas y recuerdan a las víctimas del atentado, en el que también murieron los argentinos Mario Santoro y Gabriela Waisman
Fue el impacto del segundo avión sobre la Torre Sur, a las 9.03, el que hizo entender a muchos que lo ocurrido el 11 de septiembre 18 minutos antes, con el choque a la Torre Norte, no había sido un accidente sino un ataque terrorista.
Así lo sintieron, en ese momento, algunos de los familiares de Pedro Grehan y Sergio Villanueva, dos de las cinco víctimas argentinas que murieron en el atentado, cuyas heridas hoy siguen abiertas.
Los hijos de Grehan reavivan el dolor de la pérdida de su padre tras haber sido notificados, recientemente, de que no estarán entre los beneficiarios de un juicio en respaldo de los familiares de las víctimas, por no ser ciudadanos estadounidenses. La familia de Villanueva, en tanto, convive con la posibilidad de que algún día alguien llame a su puerta con restos de ADN que reconfirmen lo que ya saben: que él asistió al World Trade Center aquella mañana invernal del 2001.
Grehan estaba en su oficina de la Torre Norte, en el piso 105, y quedó por encima de la fisura: el vuelo 11 de American Airlines fue estrellado entre los pisos 93 y 99. Villanueva llegó más tarde para luchar contra el fuego, junto a cinco colegas de la estación Ladder 132, de Brooklyn. Sus familiares estiman que murió bajo el colapso de la Torre Sur, atravesada por el vuelo 175 de United Airlines, que irrumpió entre los pisos 77 y 85.
“Primero lo minimicé, pero cuando vi el segundo avión, supe que nuestro mundo había cambiado para siempre”, repitió, en reiteradas oportunidades, Tanya Villanueva Tepper, entonces comprometida con el joven bombero, de quien tomó su apellido para hacerle honor.

