El líder talibán, Abdul Ghani Baradar residía en Doha antes de regresar a Afganistán tras el triunfo del movimiento islamista.
Los milicianos talibanes disparan al cielo de Kabul para celebrar su victoria mientras las últimas tropas de Estados Unidos se retiran de Afganistán. Menos de dos semanas después, anuncian un nuevo gobierno y reiteran sus promesas de respeto y cambio.
Pero eso no bastará para romper el aislamiento internacional en el que quedará el Talibán, ahora al mando de un país cuyos habitantes afrontan un futuro aún más incierto.
Las potencias mundiales se apresuran ahora en busca de formas de influir en el país después del retorno al poder del fundamentalismo islámico.
Dos países musulmanes, Qatar y Turquía, se están revelando como mediadores claves en el proceso.
Ambos se benefician de sus contactos con los talibanes en el pasado reciente. Ambos ven una oportunidad pero también asumen riesgos que podrían reavivar viejas rivalidades en Medio Oriente.

