Este oportuno artículo cita una carta de lectores de 1801 en el “Telégrafo Mercantil”, el primer diario en Buenos Aires. “…estos lodos”.
No faltó oportunidad en que, desde estas páginas, nos dedicáramos a temas sobre historia de la Medicina. En este momento en que el Gobierno nacional ha dispuesto el control de las personas vacunadas para participar de distintos encuentros masivos cuesta pensar en la responsabilidad social de los concurrentes. No veo ahora controles en las puertas de locales bailables y los aforos no se respetan demasiado, mientras que en Europa los casos crecen y acá no le van en zaga.
A esto se suman los antivacunas, pero esto estimados lectores no es de ahora, viene de lejos. A comienzos del siglo XIX, las epidemias de viruela hicieron estragos pero acababa de aparecer el fluido para contrarrestarla y Montevideo era uno de esos puntos del virreinato del Río de la Plata que padecía el mal.
El “Telégrafo Mercantil”, primer periódico aparecido en Buenos Aires, en el número 11 del 6 de mayo de 1801 publicaba una carta del 18 de abril firmada en la otra orilla por un señor Pedro Juan Fernández, de quien nada hemos podido averiguar. Pero esa carta podría replicarse en algún caso por su interés ante los que se niegan a vacunarse:
Montevideo, y Abril 18 de 1801.
Señor Editor del Telégrafo
Permítame Ud. interrumpa por un momento su urgente y útil tarea, para suplicarle se sirva decir cuatro palabras sobre la Inoculación de la Viruela; pues no obstante que esta Ciudad toda hecha un hospital, y que todos hemos presenciado que ayer en la parroquia se enterraron 7 párvulos, y una joven de 18 años, víctimas infelices de este maligno contagio, no obstante esto, vemos la poca aceptación con que se mira el invento más feliz para la especie humana. Es menester ser insensible para callar, es ignorar los lentos progresos que hace vuestra especie en un país, donde por otra parte todo viviente se multiplica hasta el infinito; y es menester por último, mirar con indiferencia una de las principales causas del atraso de la población de esta provincia. Dígnese pues Ud. hablar algo sobre resto a estas mujeres inhumanas; y cuando no tuviere tiempo para más, bastará que diga en un tono decisivo: Madres inoculad vuestros hijos: hacéis mal en lo contrario. Créame Ud. que al verlo de letra de molde, y que lo dice Ud. (a quien hoy tienen estas gentes, como un oráculo) se podrá conseguir mucho. Encargue la conciencia a este tímido sexo, y mucho más a los introductores de negros, si no tomasen más precauciones en adelante; de otro modo 300 nuevos colonos de los más bárbaros africanos, nos costaran 3.000 de los más floridos americanos. Pero prosiga Ud. y créame su apasionado. Pedro Juan Fernández.
* Historiador. Miembro correspondiente extranjero de la Sociedad Uruguaya de Historia de la Medicina

