Desde el próximo jueves, el gigante asiático tendrá seis prelados designados bajo el acuerdo conjunto firmado con la Santa Sede en 2018.
En un nuevo gesto de acercamiento con China, el Vaticano ordenará este jueves al sacerdote José Cui Qingqi como nuevo obispo de Wuhan.
Con esta designación, Cui Qingqi se convertirá en el sexto prelado designado bajo el acuerdo conjunto firmado por la Santa Sede y el gigante asiático en 2018, al tiempo que terminará con 14 años de sede vacante en esa diócesis.
La firma del acuerdo en septiembre de 2018 significó el acercamiento bilateral más grande para los dos Estados, que aún no tienen relaciones diplomáticas, rotas desde 1949 con la llegada del comunismo al poder en China.
El convenio firmado por el papa Francisco en 2018 puso fin a más de cincuenta años de división en la Iglesia local, entre una facción que seguía a la Santa Sede de Roma y otra leal al Partido Comunista.
Wuhan estaba sin obispo desde 2007, cuando a los 90 años falleció el entonces titular diocesano Bernardino Dong Guangqing. Si bien se ordenará este jueves, la designación formal del nuevo obispo se hizo a finales del año pasado.
En 2020, al renovar el acuerdo por otros dos años, el Vaticano planteó que “la Santa Sede, considerando que el inicio de la aplicación del referido acuerdo, de fundamental valor eclesial y pastoral, fue positivo, gracias a la buena comunicación y colaboración entre las partes en el asunto acordado, tiene la intención de continuar el diálogo abierto y constructivo para alentar la vida de la Iglesia católica y el bien del pueblo chino”.
El papa Francisco planteó la semana pasada en declaraciones a la prensa que con el acuerdo con China, “hasta ahora, lo que se ha logrado es, por lo menos, el diálogo, y también algunas cosas concretas como el nombramiento de nuevos obispos, lentamente”.
“Sin embargo, son pasos y resultados que también pueden ser discutibles, tanto de una parte como de otra”, agregó.
La firma del acuerdo supuso la normalización de la vida de la Iglesia católica en China, tras años de división entre los prelados designados por el Vaticano y los designados por Beijing a través de la denominada Asociación Patriótica, una Iglesia creada por el Gobierno chino para controlar la vida católica en el país.

