Camporistas, cristinistas, trotskistas

La aprobación de la Ley de Presupuesto bonaerense sirvió, además de para dotar de ese instrumento básico de la administración al primer Estado provincial del país, para dibujar el modelo de confrontación política que ya está instalado, el que llevan adelante los funcionarios y legisladores que responden a la conducción de la ex presidenta, Cristina Kirchner.

Según el caso, y lo emblemático del lugar o el puesto para el relato del cristinismo, hay funcionarios que dejaron sus puestos sin llegar a la resistencia y muchos otros que los han tomado como una barricada, haciendo caso omiso al carácter político de sus designaciones y hasta reclamando indemnizaciones que sin duda se aplicarían en el caso de que fueran funcionarios de carrera.

Las “bombas de tiempo” que dejó la Administración Kirchner no se reducen a este centenar de casos de funcionarios “combativos”. Incluye a los más de 70.000 designados o contratados en el último año de gestión, algo inédito en la transición democrática, y cuyos expedientes en el Parlamento y en la mayoría de las reparticiones públicas están siendo investigados.

Hizo punta la vicepresidenta Gabriela Michetti cuando el 30 de diciembre, por razones legales, debió firmar un decreto por el que rescindía 2.035 contrataciones de su antecesor, Amado Boudou, en el Senado, total del cual la mitad se habían firmado a comienzos de noviembre pasado, apenas un mes antes de dejar su puesto. El desmanejo de Boudou como vicepresidente, ya incinerado por varias causas judiciales que demuestran que usó su paso por el Estado para hacer negocios, exhibe de manera exacerbada una forma de hacer política que terminó por hartar a gran parte de la sociedad hasta el punto de darle el triunfo a un candidato, Mauricio Macri, que casi se limitó a hacer campaña con una convocatoria a volver a la normalidad. (Anécdota: el senador Miguel Pichetto cruzó a un grupo de 15 legisladores del FpV que, en una carta pública, rechazaron el decreto de Michetti. “El jefe del bloque soy yo”, aclaró el rionegrino. Con el paso de los días seis senadores aclararon que nunca habían firmado esa carta).

La votación del Presupuesto bonaerense se aprobó con los votos del oficialismo (Cambiemos), parte del bloque del FpV, el massismo y otros grupos políticos como el GEN. La fractura del bloque kirchnerista tuvo lugar cuando la veintena de diputados provinciales de La Cámpora se retiró del recinto, en la noche del jueves, cuando estaba claro que no podían arrastrar a la mayoría del grupo peronista.

Más de 40 intendentes bonaerenses definieron la votación a favor del proyecto del oficialismo reformado, con una autorización para endeudarse en 60.000 millones de pesos y no 100.000 millones, como originalmente proponía la gobernadora María Eugenia Vidal. Presionados por su propia situación económica, los jefes comunales lograron que primara la razonabilidad y dejaron aislados a los legisladores de Cristina.

En la Cámara baja nacional han comenzado a producirse los primeros chisporroteos dentro del bloque peronista, cuyos integrantes utilizaron en la última década la herramienta electoral del Frente para la Victoria.

Andrés "Cuervo" Larroque, uno de los líderes neocamporistas, patoteó a Diego Bossio, ahora su colega del FpV, por haber asistido hace diez días a una cena en Pinamar junto a Sergio Massa y el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey. “Nos va a tener que dar explicaciones”, dijo, por haber aceptado esa invitación.

Un concejal ligado a Bossio fue el enviado a contestar el exabrupto de Larroque. “Diego no tiene que pedirle permiso a La Cámpora para hacer política”, señaló.

La facción de los cristinistas de paladar negro en la Legislatura bonaerense anticipa un fenómeno que, con sus particularidades y sus tiempos, muy probablemente se reproduzca en Diputados a nivel nacional. No pasará mucho tiempo hasta que integren un bloque para votar en contra de cualquier iniciativa del oficialismo. Hernán Lombardi advirtió que en los medios públicos “el enemigo no son los que piensa distinto, el enemigo son los fanáticos”.

Por convicción pero mucho más por cálculo político, los cristinistas comenzaron “la resistencia al modelo” antes de que Mauricio Macri asumiera su presidencia. Se plantaron cómodamente en sus antípodas y CFK dejó en el Estado un mecanismo de relojería que todos los días detona un conflicto. Esto es una descripción, no importa a los efectos de este análisis si la política de la Administración Macri está destinada a beneficiar al Grupo Clarín con la intervención de la AFSCA, por ejemplo.

Cristina Kirchner ya está en campaña para las legislativas de 2017. Cuenta con pequeños grupos de legisladores “talibanes” que ingresaron con forceps en las listas del FpV, básicamente en el distrito bonaerense pero también en algunos otros lugares como la Capital (Axel Kicillof) y Santa Cruz (Máximo Kirchner). Como Néstor Kirchner entre 2003 y 2005, Macri se verá obligado a negociar con el massismo y otras fuerzas políticas, incluido el peronismo no cristinista, para convertir en ley sus iniciativas. O a recurrir a los denostados DNU, aunque con el tiempo va a poder usarlos solo en ocasiones excepcionales y no como ahora, en estos “primeros cien días”.

En una situación política menos estresada, el papel de La Cámpora pasaría más desapercibido. Paradójicamente, tanto a sus dirigentes y a Cristina como a quienes los critican –en particular algunos medios– les sirve el protagonismo que sus acciones y sus gestos tienen. A los primeros porque no desaparecen, y a los segundos porque se mantiene vivaen el tiempo esa imagen de desmesura antisistema que construyeron. Si no fuera por el daño institucional y político que aún pueden causar, podría decirse que han elegido marginalizarse: la única diferencia con el trotskismo es que los liderados por Jorge Altamira o Nicolás del Caño no creen en la democracia, es apenas una herramienta que permite propagandizar sus posturas. ¿Caerán en lo mismo los dirigidos por Máximo y Cristina?

* Director de www.gacetamercantil.com

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