"Larry", un homicida de película

Además de haber matado al joven Berardi, ejecutó a un "capo" narco de Los Gardelitos y a un niño de 9 años, hijo de una suboficial de la Bonaerense.

Si se pudiera filmar enla Argentinauna versión de “Scarface”, la célebre película de Brian De Palma protagonizada por Al Pacino y estrenada aquí en 1983, uno de los modelos a retratar sería sin duda Gabriel Raúl “Larry” Figueroa, un gangster del Gran Buenos Aires que antes de ser condenado a perpetua por tres homicidios, ejecutó varias “proezas” en el mundo del hampa.

La más resonante, por supuesto, fue la del 27 de diciembre de 2009, cuando asesinó a balazos a Germán “Pichi” Bustamante, de 43 años, otro “pesado” que ocupaba el segundo puesto en la jerarquía de la banda de narcotraficantes “Los Gardelitos”, que opera en la zona de Boulogne, sobre todo en la villa Korea.

“Los Gardelitos” surgieron en la provincia de Tucumán y el nombre proviene de su fundador, “Chicho” Soria, quien cantaba a la gorra caracterizado como Carlos Gardel, mientras los chicos de la familia “pungueaban” al público.

Horacio Bustamante, tío de Germán y para la justicia el “entregador”, convocó al “Pichi” a la casa de su abuela en la villa Santa Rita y, en medio de la charla, irrumpieron dos hombres con uniformes dela PolicíaBonaerenseque intentaron llevarse al capo narco.

Durante el proceso, la policía investigó una pista que suponía un “ajuste de cuentas” por parte de otra banda de narcos, “Los Ranitas”, eternos enemigos de “Los Gardelitos”, dado que la víctima era hijastro y lugarteniente de Claudio Soria, sindicado como jefe de la segunda gavilla.

No obstante, la justicia determinó que el tío “infiel” había pensado en secuestrar y pedir rescate por Germán Bustamante, aunque “Pichi” se resistió y fue “cosido” de cinco balazos por “Larry” Figueroa y su cómplice, Darío Huelmo, de 36 años en esa época.

En mayo del año pasado, un Tribunal Oral en lo Criminal de San Isidro le impuso a “Larry” una pena de 18 años de prisión por el asesinato de “Pichi”, durante un juicio tan accidentado por las amenazas lanzadas por “Los Gardelitos” que el jurado ordenó desalojar la sala y prohibir que los familiares de Bustamante se acercaran a la sede judicial.

En su alegato ante el Tribunal, integrado por los jueces Marcelo García Helguera, Verónica Di Tomasso y Ezequiel Igarzábal, el fiscal Jorge García había reclamado “prisión perpetua” para los acusados, ya que dio por probado que Huelmo y “Larry” fueron quienes ejecutaron a Bustamante, especialmente en base a la declaración de cuatro testigos, tres de ellos adolescentes.

El abogado de Huelmo y Figueroa, Alfredo García Kalb, anunció que apelaría el fallo antela Cámarade Casación porque sus defendidos eran “inocentes”, aunque la causa duerme en el máximo tribunal penal.

El letrado consideró que los testigos eran integrantes de la banda “Los Gardelitos” y que el lugar donde se produjo el homicidio estaba totalmente oscuro, por lo cual era imposible que hayan visto quién disparó contra Bustamante.

La pena a Huelmo se unificó con una causa por “encubrimiento” en robo y “portación ilegal de arma de guerra”, por lo que recibió en total 21 años. Larry, en contraste, tenía otros dos expedientes…

Apenas, un mes antes, un Tribunal Oral Federal, esta vez de San Martín, había sentenciado a Figueroa a “prisión perpetua” por el secuestro y asesinato de Matías Berardi, el joven de 16 años matado a sangre fría en septiembre de 2010 mientras intentaba escapar de sus captores que pedían un rescate.

En un tercer proceso, otro Tribunal Oral Federal de San Isidro le agregó, en octubre de 2011, 18 años de prisión por el homicidio de Maximiliano Leguizamón, de 9 años, hijo de una policía al que “Larry”, entonces de 16 años, le quiso robar su vehículo en la localidad de Los Polvorines.

Los tres homicidios tuvieron mucha repercusión en la prensa nacional, a tal punto que Figueroa, de sólo 28 años, fue bautizado como “El asesino de los crímenes resonantes”.

Gabriel Raúl Figueroa fue un muchacho que siempre estuvo envuelto en hechos de violencia: cuando tenía 8 años, un suboficial dela PolicíaBonaerensepersiguió a uno de sus once hermanos hasta la casa que ocupaban y lo mató de un tiro delante de la familia. “Larry” juró vengarse…

Desde ese día, entró y salió de reformatorios, institutos de menores y cárceles cada vez que tuvo una oportunidad. Sus primeros ingresos en comisarías se debieron a hurtos y robos menores, pero a medida que fue creciendo ejerció los más variados oficios en el mundo del hampa. De hecho, continuó la “carrera” de unos de sus hermanos mayores, también detenido actualmente en un pabellón de seguridad de la prisión de Marcos Paz.

Otro de sus hermanos, Hernán Figueroa, integrante de la banda de “Larry”, murió enla Unidad46 de San Martín durante una presunta pelea entre presos. Sus amigos dicen que, en realidad, lo asesinó un suboficial del Servicio Penitenciario Bonaerense.

La vida de Figueroa fue tan cinematográfica que, para ser finalmente juzgado por sus crímenes, debió ser detenido en dos ocasiones sucesivas, ya que en la primera le “compró” su libertad a dos policías corruptos que irán en breve a juicio oral.

De acuerdo con los frondosos expedientes en que se lo imputa, “Larry” fue apresado en julio de 2010 después de una salidera en un banco de Villa Martelli. En el operativo en sí, que había sido anticipado ala Policía Bonaerensepor un “buchón”, fue detenido su cómplice Huelmo y otro integrante de la banda. En cambio, él advirtió que los habían vendido y eludió a los uniformados antes de huir del lugar.

Sin embargo, como todo culpable regresa al lugar del crimen, como dice un refrán, “Larry” Figueroa volvió una hora después para averiguar si sus dos cómplices habían dejado armas en el auto usado para el atraco.

Cuando rondaba el vehículo previamente robado, fue atrapado por un suboficial.

Esa vez, ocurrió un hecho curioso: si bien tenía antecedentes suficientes y era buscado en dos juzgados federales por homicidio, apenas el juez de instrucción que intervino en la salidera admitió que no había pruebas para mantenerlo detenido,la Bonaerense lo soltó, sin ningún chequeo judicial. Tiempo más tarde se supo que la policía de Villa Martelli había recibido como “recompensa” 15 mil pesos y un Chevrolet Corsa.

Un fiscal siguió la ruta del auto hasta una concesionaria y comprobó que las coimas habían sido cobradas por dos policías.

Como la libertad era un bien escaso para Figueroa, dos meses después intervino en el secuestro y asesinato del joven Matías Berardi, por lo cual la Policía Bonaerenselo persiguió por todos los rincones de su zona de operaciones hasta que lo recapturó en mayo de 2011.

Ni siquiera preso, “Larry” Figueroa perdió su carácter de “personaje”. El diario “Clarín” relató una anécdota que lo pinta de cuerpo entero: a pocos metros de su celda estaba la de Sergio Leiva Pérez, el famoso “Negro Sombra”, recluido por los secuestros extorsivos de los padres del director técnico Leonardo Astrada y del empresario Jorge “El Corcho” Rodríguez.

Al parecer, unos años atrás discutieron por una supuesta deuda y el “Negro Sombra”, un hombre corpulento y gordo, le dio una cachetada. No bien se reencontraron en Marcos Paz, “Larry”, que mide apenas un metro sesenta, le dio una paliza y lo obligó a cambiar de pabellón.

Desde ese día, lo llaman “el enano maldito”.

Hace casi un mes, volvió a escaparse cinematográficamente del penal de Marco Paz, aunque hoy se encuentro otra vez tras las rejas.