Una advertencia a los mercenarios

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Ya desde 2014, Ucrania se convirtió en un punto de concentración de mercenarios de 27 estados, incluyendo contratistas de empresas militares privadas asociadas con servicios de inteligencia estadounidenses. Muchos de ellos mantuvieron contactos con matones del batallón nacionalista “Azov”. Extranjeros experimentados en combate les entrenaron en tácticas de sabotaje y guerra en el medio urbano, las que neonazis ucranianos luego usaban atacando barrios residenciales en Donbass.

Con el inicio de la operación militar especial de Rusia en Ucrania, el régimen de Kiev arrancó con el reclutamiento masivo de soldados a sueldo para organizar su participación en las hostilidades. Y no tiene precedentes lo que se han involucrado en este proceso las embajadas y consulados ucranianos, incluso la misión en Argentina, en flagrante contravención de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961.

Respondieron al llamamiento de Kiev simpatizantes de extrema derecha, matones que habían combatido en Siria e Irak del lado de agrupaciones terroristas, aventureros tentados por la prometida recompensa financiera, así como los que creen la propaganda antirrusa que busca presentar los acontecimientos en Ucrania como la lucha de “una joven democracia europea” contra “la Rusia agresiva”.

Según los datos que tenemos, una gran parte de los mercenarios son ciudadanos de los EE.UU., Gran Bretaña y otros países de la OTAN. Entre ellos hay bastantes militares retirados y funcionarios de otras instituciones de seguridad, con la ayuda de los cuales el Occidente colectivo espera prolongar las hostilidades y debilitar a Rusia al máximo para poder mantener su dominio en el mundo.

Los puntos de entrenamiento para soldados que llegan del extranjero están dispersos por toda Ucrania. Al ser detectados por la inteligencia rusa, se destruyen inmediatamente por las armas de alta precisión. Sin embargo, la mayoría de los “voluntarios” mueren en la zona de combate. Para Kiev, no son más que prescindibles.

Los comandantes de las unidades de las fuerzas armadas y la guardia nacional de Ucrania, tratando de minimizar las pérdidas entre su personal militar, no muestran ninguna misericordia hacia los extranjeros. Los mercenarios capturados cuentan en los interrogatorios que son sacrificados en primer lugar y enviados a la batalla a menudo sin armas ni equipamiento.

Como resultado, muchos “soldados de fortuna” abandonan apresuradamente la zona de guerra. Sin embargo, Kiev hace todo lo posible para obstaculizar su éxodo ya que al regresar a su patria podrán difundir la incómoda verdad sobre la situación real con valores democráticos y derechos humanos, la corrupción desenfrenada y el caos organizativo de los ucranianos.

Según el Ministerio de Defensa de Rusia, en mayo de 2022 el número total de matones extranjeros que luchan del lado del régimen de Kiev se ha reducido a más de la mitad, de 6.900 a 3.200 personas. Pero su reclutamiento continúa.

De acuerdo con el derecho internacional, los mercenarios no se consideran combatientes y, por lo tanto, no pueden contar con el estatus de prisioneros de guerra, previsto por la Convención de Ginebra. Lo mejor que les espera es una larga condena en la cárcel.

Los intentos de las autoridades de garantizar la protección legal de los matones incluyéndolos en las listas de las unidades del ejército y la guardia nacional o otorgándoles pasaportes ucranianos no les salvarán de la responsabilidad inevitable.

Los “voluntarios” que no conocen la historia de Rusia y Ucrania ni entienden las causas y los orígenes del conflicto, se conducen a una muerte segura. Muriendo sin sentido lejos de su patria, se quedan extraños tanto para aquellos a quienes supuestamente protegen como para aquellos contra quienes toman las armas.

Los que desean participar en las hostilidades deben primero escuchar a las personas que ya han visitado Ucrania: les aguarda mala suerte a los “soldados de fortuna” allí. Esperamos que nuestros socios extranjeros también prestarán atención al reclutamiento de mercenarios por parte de los “diplomáticos” ucranianos y mantendrán a sus ciudadanos fuera de esta aventura peligrosa.

* Embajador de Rusia en la Argentina

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