El golpe militar que aparece en los documentos de la Casa Blanca de Trump

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La gran noticia de Washington D.C. hoy es la exposición del primer documento obtenido por el comité que investiga el ataque al Capitolio del 6 de enero de 2021 de los Archivos Nacionales después de que a principios de semana la Corte Suprema rechazara por 8 votos a 1 un planteo de privilegio ejecutivo del entonces presidente Donald Trump.

¡No es de extrañar que Trump quisiera mantener en secreto su tesoro de documentos de la Casa Blanca! Betsy Woodruff Swan de Politico se apoderó de una orden ejecutiva bomba fechada el 16 de diciembre de 2020 con la firma de Trump que habría ordenado al secretario de Defensa confiscar todas las máquinas de votación electrónica, “registros materiales e información almacenada electrónicamente” en todo el país y usar soldados para hacerlo. En efecto, se trata de un decreto para dar un golpe militar.

Dejemos que esto se hunda por un momento. El departamento de Defensa, que según esa orden podría federalizar la Guardia Nacional con el fin de incautar la infraestructura destinada a una elección, se habría encargado de “analizar y evaluar” los resultados electorales de los 50 estados y territorios que votaron en los comicios federales de 2020. La evaluación de los resultados habría sido entregada al Director de Inteligencia Nacional, quien luego se los habría dado a Trump (que había perdido la elección tanto en el voto popular como en el Colegio Electoral, que se había reunido y contó sus votos el 14 de diciembre), y a los secretarios de Defensa, de Estado, de Seguridad Nacional y Hacienda, y al Fiscal General.

La orden ejecutiva también autoriza el nombramiento de un “Asesor Especial para supervisar esta operación e iniciar todos los procedimientos penales y civiles, según corresponda en función de la evidencia recopilada”. En otras palabras, Trump planeaba usar a una fuerza armada para robar las elecciones y luego enviar a la cárcel a las personas que se le opusieran.

La orden preveía un plazo de siete días para realizar una “evaluación inicial” y señalaba que “la evaluación final” debía entregarse a la Oficina del Director de Inteligencia Nacional “a más tardar en 60 días desde el comienzo de las operaciones”.

Así que hagamos los cálculos: la orden tiene fecha del 16 de diciembre. Para el 23 de diciembre, todas las máquinas de votación electrónica y los registros de votos y otra “información almacenada electrónicamente” en los 50 estados y territorios estadounidenses debían secuestrarse y someterse a una “evaluación inicial”, y esto debía ser realizado por soldados en servicio activo del Ejército y de la Guardia Nacional con la asistencia del Departamento de Seguridad Nacional. Para el 16 de febrero, 27 días después de la prevista toma legal de posesión de Joe Biden, según el calendario oficial, se ordenó al Director de Inteligencia Nacional que hiciera su “evaluación final” e informara los resultados al Presidente y a los jefes de las distintas oficinas del gabinete enumeradas en el pedido.

La orden ejecutiva otorgaba específicamente al secretario de Defensa “la discreción para determinar la interdicción de la infraestructura crítica que sirve de apoyo a las elecciones federales. “Las ubicaciones designadas se identificarán en el orden de operación”, apunta. Esta es la jerga militar que me enseñaron en West Point, y están hablando de nuestras elecciones.

La orden no dice quién sería el presidente de Estados Unidos el 16 de febrero, pero claramente contempla que Trump habría anulado los resultados de las elecciones y se habría mantenido en el cargo.

Aparte de las suposiciones inherentes a la orden que indica el plan de Trump de seguir siendo presidente el 16 de febrero, el decreto es impresionante por su toma de control sin precedentes y claramente inconstitucional de la infraestructura electoral federal y los resultados electorales por parte de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. Efectivamente, no era solo el plan de un golpe militar sino una orden para llevarlo a cabo utilizando soldados y personal del departamento de Defensa y equipo militar como camiones, aviones, computadoras, oficinas, bases militares y cualquier otra mano de obra y material necesarios para “analizar y evaluar” no solo los resultados de la votación, incluidas las boletas y los registros electrónicos, sino todas las miles de máquinas de votación utilizadas para emitir el votos en todo el país.

Evidentemente, era una tarea imposible de llevar a cabo en 60 días. Si se tiene alguna duda, solo se necesita mirar la ridícula “auditoría” realizada por un solo estado, Arizona, que comenzó alrededor del 1° de abril de este año y tardó casi seis meses en presentar resultados, los que, como se recordará, terminaron no solo confirmando la victoria de Biden sino incluso otorgándole más votos de los que le había dado el conteo oficial y dos recuentos posteriores.

La orden ejecutiva de Trump parece poner por escrito la loca recomendación del exasesor de Seguridad Nacional caído en desgracia y condenado Michael Flynn de que el jefe de la Casa Blanca “declare la ley marcial”, así como la recomendación de Sidney Powell de que Trump usara el Ejército para apoderarse de todas las urnas y máquinas de votación, y declarar nula la elección. Los dos habían estado en Newsmax y Fox durante días impulsando su idea de que el uso de las máquinas de “Dominion Voting Systems” (DVS) eran controladas por China, lo que le daba a Trump suficientes razones para declarar una “emergencia de seguridad nacional”.

Una página y media de la orden está dedicada a una larga serie de “pruebas” de que DVS está controlado por una “entidad extranjera” con sede en Hong Kong y Shanghái. “De hecho, existe una causa probable para encontrar un ataque cibernético masivo por parte de intereses extranjeros en nuestra infraestructura nacional crucial en torno a nuestras elecciones, “entre los cuales se encuentra el pirateo del sistema de registro de votantes por parte de Irán”, chilla la orden antes de lanzar en varios párrafos más la “evidencia” impulsada por Powell.

Así que lancemos un poco de I Ching electoral y echemos un vistazo a un posible resultado para el salto fantasmagórico hacia el Gran Desconocido Trumpiano contemplado por esta orden ejecutiva. No había un plan sobre cómo Trump permanecería en el cargo mientras se llevaban a cabo todas las incautaciones de la infraestructura electoral y su “análisis y evaluación”. No había plan alguno para la reacción de los funcionarios electos y ciudadanos en los distintos estados y distritos electorales cuando aparecieran camiones militares y soldados para apoderarse de cientos, incluso miles de máquinas de votación y registros estatales y locales. Y, por supuesto, no había ninguna previsión sobre cómo Trump pondría fin en febrero de 2021 (si no más tarde) a su presidencia extendida por el golpe si y el “análisis y evaluación” produjera un resultado similar al de la “auditoría” en Arizona, que demostró todas las máquinas de votación y los registros eran precisos y Trump perdió la elección.

Así que ahora sabemos qué tipo de golpe militar se estaba contemplando mientras el reloj avanzaba hacia el final de la presidencia de Trump. Todo lo que tenemos que hacer es asegurarnos de que este “barco de tontos” nunca vuelva a acercarse a la Casa Blanca.

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