¿Está matando al humor la “cultura de la cancelación”?

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Es una forma moderna de ostracismo o exclusión contra alguien que se considera que hizo o dijo algo inaceptable. Y el “cancelado”, generalmente una celebridad, puede ser rechazado socialmente o boicoteado profesionalmente.

Maureen Lipman, una destacada y veterana actriz cómica británica, dice que su profesión está en peligro de “quedar aniquilada” por el temor de los comediantes a ofender y ser “cancelados”.

La llamada “cultura de la cancelación” es una forma moderna de ostracismo o exclusión contra alguien que se considera que actuó o dijo algo inaceptable.

El individuo “cancelado”, generalmente una celebridad, puede ser rechazado socialmente o boicoteado profesionalmente.

Lipman, una galardonada actriz, escritora y Dama del Imperio Británico, dijo a la BBC que cree que los cómicos están tan preocupados de ofender que “una revolución” viene en camino.

Sus comentarios coinciden con el resultado de una encuesta en Reino Unido -realizada por la empresa de análisis de mercado YouGov- que muestra que más de la mitad de los británicos se autocensuran por temor a ser juzgados.

No obstante, otros actores cómicos, particularmente de las más jóvenes generaciones, señalan que no se trata de censura sino de establecer límites al discurso discriminatorio y de odio.

El tema está en la picota no sólo en las islas británicas sino en Estados Unidos y otros países donde los cómicos alcanzan un estatus de estrellas, pero cuyas polémicas actuaciones pueden ser blanco de la cancelación.

En conversación con la BBC, Lipman consideró que la cultura de la cancelación es equiparable a un “castigo” y anticipó un final funesto.

“Está en todos sitios. Castigo. Ojo por ojo. ‘Dijiste eso, así que nunca podrás trabajar otra vez'”, expresó. “Tarde o temprano los canceladores ganarán”, predijo.

Indicó que los cómicos se ven obligados a suavizar sus textos por temor a que alguien en la audiencia se sienta insultado, y declaró que el mundo de la comedia está en peligro de “aniquilación”.

Es una predicción dramática. “Algo tiene que ser prohibido para hacerte reír, verdaderamente reírte a carcajadas. (Eso) sucede cuando no deberías estar riéndote”, explicó.

“Me temo que todas las cosas que están siendo canceladas por no ser correctas son las cosas que hacen que la gente se ría”, se lamentó.

¿Tendrá razón? Muchos cómicos dicen que su industria está en perfecta -y chistosa- forma. Nadie está siendo censurado, aseguran. Y al fin de cuentas, son las audiencias las que deciden qué es cómico y qué es ofensivo.

Russell Kane, un actor cómico británico ganador del prestigioso galardón del Festival de Edimburgo, dijo que es un “completo disparate” pensar que los cómicos están sacrificando su arte porque no quieren ser cancelados.

Kane debería saber de lo que habla. Es presentador de un programa de radio en la BBC llamado “Genio malvado”, en el que cada semana toma una destacada figura histórica y, basándose en sus acciones, decide si debería ser salvada o cancelada.

“No creo que nadie está diciendo que no te pueden ofender, nadie está diciéndolo. Lo que están diciendo es que no puedes usar un discurso de odio que pudiera fomentar crimen de género, o crimen de sexo o crimen racial”, explicó.

“Se ha dado un contundente y muy necesario cambio en la conversación sobre género, sobre las actitudes de los hombres hacia las mujeres, sobre el consenso. La sociedad ha evolucionado”, apuntó.

Sin embargo, no cree que él ni sus colegas debieran estar preocupándose de ser cancelados por cosas que pudieron haber dicho en el pasado y que ahora son menos aceptables.

“Me suscribí a un sitio web llamado TweetDelete y todos mis mensajes que tengan más de seis meses se han eliminado. Es un poco de protección personal”, reconoció.

“Exacerban las divisiones”. Todo el tema de la “cultura de la cancelación” y si realmente existe es contencioso.

Por un lado, están los que aseguran la existencia de un mundo nuevo, sentencioso y moralizante, particularmente en las redes sociales, que conduce a la censura y compromete la libertad de expresión.

Recientemente, el teatro Old Vic -uno de los más famosos de Londres- informó que no estará montando el anunciado musical “Into the Woods” de Steven Sondeheim, que iba a ser codirigido por Terry Gilliam.

Gilliam, un reconocido artista gráfico, director de cine y miembro de la célebre agrupación británica Monty Python, afirmó en las redes sociales que el Old Vic fue “intimidado” para cancelar la producción por quienes llamó “un pequeño grupo de ideólogos intolerantes y reacios al humor” porque, dijo, él había recomendado a sus seguidores en Facebook que vieran un show del cómico Dave Chappelle.

Chappelle ha sido acusado de hacer comentarios contra las personas transexuales en un show especial que se transmite por Netflix.

El Old Vic asegura que se tomó la decisión de no presentar “Into the Woods” bajo “acuerdo mutuo” y le deseó a la producción “lo mejor en su vida futura”. El musical se presentará ahora en el Theatre Royal de la ciudad de Bath, en el oeste de Inglaterra.

Del otro lado de la polémica están los que arguyen que el llamado de atención (por las redes y online) a las personas que expresan opiniones que se consideran ofensivas es una forma de justicia social.

Ellos señalan que la gente que se queja de ser cancelada suelen ser celebridades con enormes plataformas para ventilar sus opiniones y que, mientras sus voces todavía pueden ser escuchadas, son los argumentos opuestos los que por tanto tiempo no se han podido escuchar. Sostienen que se trata de crear un mundo más amable y tolerante.

JK Rowling, la autora de los libros de Harry Potter, es la celebridad de más alto perfil cuyas opiniones está bajo ataque. Ella ha sido acusada de transfobia por los que aseguran que sus puntos de vista discriminan contra los transexuales. Ella, por su parte, afirma que está “defendiendo los derechos sexuales de las mujeres”.

Según la encuesta de YouGov, casi un tercio (29%) de las personas que tienen opiniones críticas sobre la sexualidad dicen que siempre o casi siempre no manifiestan lo que realmente piensan cuando hablan de este tema controvertido.

Otros asuntos complicados de los cuales los encuestados dijeron que no hablan con libertad es el que señala que la inmigración ha sido un factor negativo para Reino Unido (33% de las personas que opinaban así dijeron que se quedan calladas al respecto).

Una quinta parte de las personas que piensan que las mujeres están igual de bien que los hombres en Gran Bretaña sienten que no pueden expresarlo.

Pero Russell Kane dio a la BBC una perspectiva diferente. “No creo que la libertad de expresión esté amenazada”, dijo. “¿Por qué necesitamos usar lenguaje de odio? ¿Por qué deberíamos tolerarlo? Pienso que hay mucha gente con puntos de vista mucho más extremos, puntos de vista ilegales, opiniones que provocan crímenes de odio, que impulsan esta narrativa que aquellos con opiniones moderadas sobre la inmigración, por ejemplo, no pueden expresarlas”.

Kane cree que la situación está siendo manipulada por personas a la derecha e izquierda que están “intentado crear guerras culturales en los extremos del espectro”.

Simon Fanshawe es cofundador de Stonewall, una organización benéfica LGBTQ+, aunque ha sido crítico de las estrategias de activismo actuales del colectivo. Acaba de publicar el libro “The power of difference” (El poder de la diferencia) y cree que se está enfrentando una crisis de diálogo.

“En Stonewall sólo hablábamos con personas con las que no estábamos de acuerdo. Cuando alguien dice algo, tienes que discutir con ellos aunque pienses que es ofensivo o dañino o doloroso. Es la única manera que vas a lograr que cambien de opinión”, señaló.

“Lo que la encuesta nos está diciendo es que la inhabilidad de poder discutir diferencias está filtrándose a todos los ámbitos de nuestras vidas. Hasta con amigos, una tercera parte de ellos no expresan sus opiniones. Las divisiones se están exacerbando. Necesitamos tratar de tender un puente entre esas divisiones”, comentó.

Las consecuencias para nuestra sociedad son difíciles de medir, especialmente cuando la cultura de la cancelación y la censura se han vuelto fichas políticas en un debate polarizado.

Una parte importante de la discusión es en torno a si la libertad de expresión está siendo atacada por una nueva agenda de concientización conocida como “woke”.

La encuesta de YouGov sugiere que las más jóvenes generaciones priorizan evitar el diálogo ofensivo y odioso sobre la libertad de decir lo que quieras.

Esas tensiones van al meollo de las llamadas guerras culturales. Algunos considerarán que las personas están siendo silenciadas, otros que simplemente se están erradicando las opiniones pasadas de moda, tanto en la vida real como en la comedia.

El comediante británico Ricky Gervais comentó recientemente: “Quiero vivir lo suficiente para ver que la generación más joven no pueda ser lo suficientemente ‘woke’ para la generación entrante. Va a suceder. ¿No se dan cuenta de eso? Ellos serán los próximos. Eso es lo que es gracioso”.

La encuesta que YouGov compartió con la BBC sugiere que los jóvenes están más confiados que los más viejos en que sus opiniones no pasarán de moda.

Mientras que casi la mitad (47%) de los británicos más viejos vaticinan que las generaciones futuras verán con malos ojos sus opiniones, sólo una en tres (36%) de las personas entre 18 y 24 años se sienten igual.
¿Tendrán razón? ¿O será Ricky Gervais quien ría de último?

* Original en inglés

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