Frondizi-Kennedy, la entrevista de Palm Beach

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A seis décadas de aquella cumbre a raíz de la crisis entre Washington y La Habana, el autor relata los pormenores del urgente encuentro.

El 26 de noviembre de 1961 el presidente Arturo Frondizi inició una gira que lo llevó, después de una escala en Trinidad y Tobago, a Toronto, Canadá, de donde pasó a Nueva Dehli en la India, siguiendo después a Tailandia y Japón. Cuando se encontraba en la India recibió un pedido de los Estados Unidos en el que se señalaba que Washington “abrigaba la esperanza” de que su gobierno se uniría “al votar el 4 de diciembre para la convocatoria de una reunión de cancilleres, según lo propuesto por el gobierno de Colombia”.

Miguel Ángel Cárcano, el canciller, respondió que los esfuerzos argentinos “estaban dirigidos principalmente a lograr una base de negociación que permitiera mantener la unidad americana en estos difíciles momentos”.

Cuba era la preocupación urgente del mandatario estadounidense ya que casi un mes antes Fidel Castro había asegurado que era marxista-leninista y se avecinaba, indetenible, la crisis entre EEUU y la Unión Soviética, la peor de toda la Guerra Fría con la instalación de los misiles en la Isla. 

En esas circunstancias John F. Kennedy le solicitó una reunión a Frondizi, que comenzó el regreso desde Tokio con escalas en Hawai, San Francisco y Nueva Orleans. “Kennedy me enviaría el avión presidencial para trasladarme a Palm Beach, donde se encontraba descansando con su familia -apuntó Frondizi-; se me pedía dejara mi comitiva, (ya que) al cabo de algunas horas, el mismo avión me reintegraría a ella. Así lo hice y abordé el avión con un reducido grupo de acompañantes”, recordaría años más tarde.

En la mañana del 24 de diciembre se encontraron ambos presidentes en la casa del coronel Michael Paul, cerca del hospital St. Mary, en el que se encontraba internado el padre de Kennedy. El 19 de diciembre de 1961, Joseph P. Kennedy sufrió una embolia, a la que sobrevivió pero perdió el poder de expresión y quedó paralizado del lado derecho, aunque recuperó con ayuda algunas funciones con las correspondientes terapias. Fue consciente de la trágica muerte de sus hijos John y Robert y falleció el 18 de noviembre de 1969.

Recuerda Cárcano que tenía una relación personal con el presidente de EEUU desde más de veinte años atrás. cuando John era muchacho, que “fue a buscarnos en su automóvil al aeródromo y nos llevó a su casa” que, “edificada junto al mar, estaba amueblada con sobriedad y en el jardín crecían plantas y enredaderas de flores subtropicales”. Jackie, con shorts blancos, “descalza y cargando a su hijo en brazos, salió a saludarnos hasta que su hermana Lee vino a buscarla. No las veía desde que eran solteras”.

Los presidentes conversaban en el escritorio, sin técnicos, que no los había, y con intérprete argentino. “Ocho personas nos sentamos a la mesa con el presidente y la conversación fue sustanciosa y cordial; estaba alegre y de muy buen humor. Esta es la última imagen que conservo del presidente John Kennedy” , rememoró el excanciller. El intérprete fue el después embajador Carlos Ortiz de Rozas.

En ese encuentro de cinco horas, en un clima totalmente distendido al que de mucho sin duda sirvió la relación del canciller con el jefe de la Casa Blanca, a quien éste respetaba y estimaba particularmente, se selló una alianza que no pudo dar sus frutos ya que tres meses después Frondizi era despojado del poder. Y por otra parte, a seis décadas de distancia es también justo reconocer uno más de los tantos servicios al país que ofreció un argentino cabal como fue Miguel Ángel Cárcano.

* Historiador. Vicepresidente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación

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