María Teresa Ferrari: pionera en la cátedra universitaria

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Médica decidida y valiente, se opuso tenazmente al pensamiento misógino imperante a fines del siglo XIX y principios del XX, que sostenía que las mujeres no podían ser docentes universitarias “por razones de orden fisiológico y psicológico”.

María Teresa Ferrari merece un reconocimiento social mayor, un justo homenaje. Se trata de la primera mujer catedrática universitaria de América Latina. Esta gran médica, docente e investigadora nació en la ciudad de Buenos Aires 11 de octubre de 1887 y, como era habitual en aquellos tiempos, sus padres la estimulan para que siga el magisterio, que por cierto era una carrera prestigiosa para las jóvenes de clase media. Pero no lo suficiente para María Teresa.

Una vez recibida de maestra en la Escuela Normal Nº 1 y con 17 años, decide ir por más y nada menos ingresar en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Y como si eso fuera poco también realiza estudios en la Facultad de Filosofía y Letras. Eran tiempos en los cuales la medicina era cuestión de hombres, lo que pone de manifiesto una férrea voluntad y decidida vocación.

En 1911 se recibe de médica junto con Nicolás Gaudino, con quien se casaría un año más tarde. Paralelamente trabaja como profesora en la Escuela Normal Nº 3, Bernardino Rivadavia, cátedra que desempeñaría con esmero durante las cuatro décadas siguientes. En 1927 obtiene su cátedra universitaria, convirtiéndose en la primera mujer docente universitaria de Latinoamérica. Con Gaudino –un médico sin grandes pretensiones-, tuvo a su único hijo, Mario Nicolás.

En el Portal IntraMed, Guillermo Marín hace la siguiente pintura: “Esta mujer de piel blanquísima y pelo azabache confesó sin rodeos que ‘una inteligencia bien disciplinada llega a todo lo que la voluntad se propone’. Semejante confidencia era, para las mujeres de principios del siglo XX, el salvoconducto anímico para pelear como hombres su lugar en el mundo. Y María Teresa peleó, con la misma fuerza de sus pares varones, hasta conseguir una cátedra en la Universidad de Buenos Aires. Eso sucedió dieciséis años después de haberse alzado con el título de médica, en 1911. No era una novedad en aquella primera década de mil novecientos que una mujer haya roto las barreras de su género entrando a los claustros de la Facultad de Medicina. Lo había hecho treinta años antes su colega y amiga de la adultez, Cecilia Grierson. Pero era toda una conquista para las damas de los turbulentos años veinte que una mujer accediese a la enseñanza superior”.

Enseñar a través de la motivación. Ferrari quería cambiar radicalmente la forma en que se enseñaba y sus alumnos la recuerdan por, para la época, forma innovadora de enseñanza, sin buscar la memorización de los temas, sino a través de motivar y generar curiosidad entre sus estudiantes para que ellos sacaran sus propias conclusiones. Esta “revolucionaria” pedagogía, no era bien vista por las autoridades de la Escuela Normal y más de una vez se le hacían observaciones a las que Ferrari no les daba ninguna importancia. “Tengo en mi sangre, temperamento de luchadora “, murmuraba.

A principios del siglo XX imperaba una mirada misógina que aseguraba que las mujeres no podían ejercer la docencia universitaria “por razones de orden fisiológico y psicológico”, como  quedó registrado en el libro de actas del Consejo Directivo de la Facultad de Medicina. Para desanimarla la asignaron a la Escuela de Parteras, pero Ferrari no se abandonó. Durante años se presentaba para una posición que estaba desierta pero no la nombraban hasta que tuvieron que rendirse y en 1927, por fin, fue aceptada como profesora.

No fueron años fáciles, pero los rechazos recibidos no la amedrentaban, al contrario. Sostenía que era fundamental promover “la preparación de la mujer y ella sabrá desvirtuar los falsos conceptos de su inferioridad biológica, su debilidad física e intelectual y su irremediable mediocridad para la mayoría de los desempeños en que el hombre pretende tener injusta exclusividad”. Las autoridades de Medicina hicieron lo imposible para que no alcanzara un puesto “reservado para varones”. Incluso, llegaron a tardar cuatro años para constituir un tribunal examinador y cuando se presentó María Teresa para el cargo de profesor suplente, lo declararon nuevamente vacante. Pero finalmente se impuso y como se señaló en 1927 obtiene la docencia universitaria. Pero aquella experiencia no la amilanó:“Ese fracaso, el primero de mi vida, en lugar de restarme bríos, y en lugar de aminorar mis entusiasmos y dejar a aparecer lágrimas a mis ojos y desalientos bien justificados, me sirvió en cambio de estímulo…”.

Estadía en Europa. Estamos hablando de una mujer singular. Que amaba el magisterio, pero encontraba tiempo  para  publicar investigaciones  en forma periódica, participar en seminarios nacionales e internacionales y alternar  la medicina clínica con la cirugía. A principios de la década del veinte Ferrari realiza un soñado viaje de estudios  a Europa. Durante dos años, participa en decenas cursos y congresos y es admitida en el Instituto de Marie Curie, donde profundiza el por entonces novedoso tratamiento de tumores genitales con radio, (experiencia que luego le sirviera para sus tesis de profesorado).

Otro hecho relevante fue la creación del servicio de Tocoginecología y la Maternidad en el Hospital Militar. En donde incorpora una incubadora de última generación, única en el país. Refiere Marín en el Portal citado: “ Por supuesto, no le habrá sido nada fácil a la soldadesca aceptar que una mujer y civil, les impartiera órdenes. Pero una circunstancia como esa, como siempre, era para María Teresa un allanamiento en el camino de alguien acostumbrado a dar batalla, aunque se tratase de rodar por una cornisa. María fue jefa del servicio durante quince años hasta que el golpe militar de 1930 la llevó, por diferencias ideológicas con los directivos del Hospital, a plantar la renuncia a su cargo. El conservadurismo había echado raíces tan profundas que era inadmisible que una mujer estuviese a cargo de un área específica de salud. La discriminación volvía con su cara impiadosa, a sabiendas de que ella había creado el sector de la nada, llevándolo a ser un área modelo en el país”.

En 1936 funda la Federación Argentina de Mujeres Universitarias, siendo su presidente durante los diez años siguientes. Esta institución fue un paso más en la pionera Agrupación de Mujeres Universitarias creada en 1904 por –entre otras- Cecilia Grierson y Elvira Rawson que supo organizar el Primer Congreso Femenino Internacional en mayo de 1910. Esta institución fue un modelo para la creación de entidades similares en el resto de América Latina.

Vale la pena destacar que entre 1889 y 1922 sólo se graduaron en la Universidad de Buenos Aires 41 médicas. En su gran mayoría sus tesis se basaron en aspectos de la salud femenina o de niños y jóvenes. Era los vientos que corrían por entonces, con un pensamiento hegemónico masculino, que entendía que esos deberían ser los restringidos campos de trabajo y estudio para las mujeres. Obviamente, no era la opinión de María Teresa.

Renunciar antes que claudicar. Era una mujer de principios. Cuando el gobierno peronista le exige su afiliación decide renunciar a la docencia secundaria en 1952, luego de 43 años. Puso término a una carrera extraordinaria. Esta médica que trabajó con Marie Curie y que introdujo en el país el tratamiento del fibroma de útero por medio de la radiación sigue esperando un real homenaje. Luego de la caída del gobierno peronista, en 1956 la designan profesora extraordinaria de Clínica Obstétrica. El 30 de octubre de ese mismo año, María Teresa muere en Buenos Aires.

En 2019 los vecinos de la ciudad de Buenos Aires decidieron que una nueva calle de Palermo, en terrenos linderos al Viaducto San Martín llevara el nombre de María Teresa Ferrari de Gaudino. Fue luego de una elección de una terna que también incluyó a Rebeca Greschman (1903-1986), investigadora científica y doctora en Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires, y de  Amalia Celia Figueredo (1895-1985), la primera mujer en pilotear un avión en Sudamérica (1914) y una de las pioneras de la aviación mundial. Se trata de un reconocimiento justo, pero tardío. Suena a poco.

* Director de RSalud

Fuentes:

IntraMed “Una inteligencia bien disciplinada llega a todo lo que la voluntad se propone”. La Federación de Mujeres Universitarias Argentinas lo lleva como un estandarte inquebrantable: la doctora María Teresa Ferrari fue la primera docente universitaria de Latinoamérica. Autor: Guillermo Marín Arias, Ana Carolina.

Mujeres universitarias en la Argentina: Algunas cuestiones acerca de la Universidad Nacional de La Plata en las primeras décadas de siglo XX. Ministerio de Cultura, El rol de la Mujer en la Reforma Universitarias. Zuppa, A, Silvia

El caso de Dra. María Teresa Ferrari de Gaudino: el triunfo de la mujer en la docencia universitaria, citado en Saberes y prácticas médicas en la Argentina: un recorrido por historias de vida, Edt. Universidad de Mar del Plata, Buenos Aires, 2008.

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