Primer balance: ya nada será igual

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Es difícil encontrar un antecedente en el que no haya ni ganadores ni perdedores absolutos como en estos comicios de medio término.

El contundente mensaje de las urnas en este 14-N supone un antes y un después en el gobierno de Alberto y Cristina Fernández, pero de ningún modo anuncia el final anticipado del peronismo en el poder. Ni que la oposición de Juntos por el Cambio tenga allanado el camino de su regreso al poder.

El principal ganador de la contienda de medio término puede decirse que es Horacio Rodríguez Larreta, el actual jefe de Gobierno porteño que impuso su jugada de las dos orillas y sus candidatos Diego Santilli y María Eugenia Vidal consiguieron sendos triunfos en Provincia y Ciudad, respectivamente, donde reside casi el 45 por ciento de los argentinos.

La hiperactividad del expresidente Mauricio Macri, su presencia en el acto de esta noche y sus declaraciones posteriores muestran que la campaña de Larreta hacia el 2023 no será un lecho de rosas: si él legítimamente considera que puso el primer ladrillo de su construcción política, no faltarán quienes en su barrio quieran condicionarlo. 

En tanto, la pérdida del quorum propio en el Senado Nacional por primera vez desde 1983 es un cachetazo al poder de la vicepresidenta, que además vio caer la estrella de su elegido, el gobernador bonaerense Axel Kicillof, que como ella casi no participó de una campaña envenenada desde el comienzo por las notorias y dañinas disputas hacia el interior de la coalición gobernante.

Resulta difícil encontrar antecedentes de una compulsa como la celebrada este domingo. La pandemia de coronavirus -y los errores propios en su manejo- se convirtieron en un cóctel implosivo para el FdT, como se vio desde el día posterior a las PASO con la fulminante carta de CFK y la posterior falta de reacción del gobierno -su gobierno- ante el clima de descontento social por el encierro eterno y los más de 100.000 muertos por coronavirus.

El resultado paradojal de estas elecciones es que el gobierno de Alberto F. es más débil, la coalición en el poder es más débil, la oposición aún no se ordenó internamente y el país enfrenta los dos últimos años del mandato actual sin haber cerrado un acuerdo con el Fondo Monetario y la economía sigue deprimida, más allá del previsible rebote del PBI comparado con el 2020, el peor año desde la crisis de 2001.

El Presidente dirigió un mensaje contradictorio: asumió sus errores -no dijo cuáles fueron- pero volvió a insistir en la “pesada herencia” de su antecesor, Mauricio Macri, que junto con la crisis sanitaria pasó a convertirse en “la razón” de sus mala performance en el gobierno.

Argentina ya estaba en recesión en 2018 y el ruinoso acuerdo de la Administración de Cambiemos con el FMI dejó al FdT un escenario muy complicado que se volvió imposible con la aparición del coronavirus. Martín Guzmán consiguió renegociar con los bonistas pero el ideologismo del “cristinismo” y La Cámpora impidieron que pudiera avanzar en la negociación con el organismo que aún conduce Kristalina Georgieva.

No es difícil calcular lo que podrían haberse ahorrado el Ejecutivo si acordaba lo que se podía acordar con el Fondo en junio pasado, que será lo mismo que se firme -si se firma- antes de marzo próximo. En el medio el descalabro financiero -y económico- puso contra la pared al propio gobierno, que ahora deberá extremar sus esfuerzos para evitar un colapso mientras concluye sus conversaciones con el FMI.

Un capítulo aparte merece la reorganización de la CGT con la incorporación del camionero Pablo Moyano, quien ya advirtió que la central obrera no será “apéndice de ningún gobierno”. Aunque en los papeles sea peronista, podría completarse.

Por lo pronto, Alberto F. avisó que él no encarará un ajuste, palabra que fue retirada del diccionario del oficialismo y que fue un parte aguas en la relación con su mentora, que el 13-S acusó a Guzmán de practicarlo en un año electoral, un pecado peor que el de administrar mal.

Más allá del operativo “aquí no ha pasado nada” del propio primer mandatario en el búnker del FdT, en Chacarita, y su convocatoria a un acto masivo de la militancia el próximo miércoles, Alberto F. parece haber tomado nota de este juego de suma cero en el que se ha convertido el mapa político local. Nadie le puede imponer nada a nadie, sería la síntesis. 

Este lunes, no obstante, será el primer día de la segunda mitad del gobierno de Fernández, un gobierno que tempranamente se quedó sin base, en medio del río, y sin un rumbo claro. El habitante de la quinta de Olivos ya no puede romper. La pregunta de muchos es si CFK sí.  

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