Mi Nicaragüita querida

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Recuerdos. Jueves 19 de julio de 1979. Hace calor y en una plazuela de Madrid se ha montado un modesto escenario. Carlos Mejía Godoy y Los de Palancagüina cantan sin parar para celebrar la entrada triunfal de “Los muchachos” en Managua. Caído y huido el Tachito Somoza, el público entona el himno sandinista que pasará a ser canción nacional: “Rojinegra bandera nos cobija/ Patria Libre, vencer o morir”. Mejía es pura emoción y al caer la noche agarra la acordeona: “Ay Nicaragua, Nicaragüita, pero ahora que ya sos libre yo te quiero mucho más”. Los encendedores son candelas, a pura emoción.

Sombras. “Los paras (paramilitares) de Daniel son animales nocturnos. Salen a cazarnos en la oscuridad y muchas veces no te matan. Te desaparecen un tiempo y te devuelven torturado y marcado. Ya no eres nadie, no puedes estudiar ni trabajar, sólo te queda irte o esperar la próxima”. Nelson me cuenta su horror en las escalinatas del Museo Nacional de Costa Rica, este domingo de urnas maniatadas.

Daniel es Ortega, o el triunfo del apelativo monárquico por sobre el patronímico del opresor. Y Nelson es X porque los espías y buchones del orteguismo no duermen y no son pocos en el exilio. Uno más de los 100.000 nicas nuevos que han pasado a engrosar la migración. En Costa Rica había 480.000 por el censo 2019 pero después de la crisis política de 2018 llegaron 100.000 más y desbordaron, junto con los venezolanos, las previsiones y presupuestos del gobierno, del ACNUR y de la media docena de ONGs que ayudan a los nicas.

La rebelión de 2018, originada en un ajuste a las jubiliaciones y al costo del trabajo, fue un relámpago esperanzador y frustrante. En un momento parecía que el desencanto de estudiantes, trabajadores, empresarios e Iglesia haría caer o abrir el puño al matrimonio presidencial. El tiempo es implacabe, Ortega y Rosario Murillo evocan más hoy al filipino Ferdinando Marcos y a la sádica Imelda que a ellos mismos jóvenes revolucionarios entrando en jeep a Managua hace 42 años, una toma dos de Fidel y sus barbudos.

Cuba, La Habana, Chavez y Caracas. Van asidos a esta crónica como el caracol a su caparazón, porque de allí viene el know how, la práctica que esclerosa el horror sandinista: la alianza hasta la muerte, suculentos negocios mediante, con las fuerzas armadas. El Instituto de Previsión Social Militar (IPSM) es el brazo financiero más visible, con sus gerentes castrenses magnates que invierten en Wall Street. El Tío Sam suele aparcar proclamas democráticas por un par de buenas razones. La receta es meter terror en la calles y acoso en cada célula social. El Gran Hermano te vigila, cabeza que sale del molde puede rodar. Todo opositor es un traidor a la patria. Maduro desde 2016 ya no es el sostén que fue Hugo, cuando cuasi regalaba petróleo a toda Centroamérica a través de Petrocaribe, pero Putin es un balón de oxígeno, en asistencias y en la cosmética de que el sandinismo no está solo en el mundo.

Remesas world. “Aquí siempre serás nica, aunque tengas papeles, trabajo y carro”, me dice Julia, quien lleva 25 en Costa Rica. Ella y los suyos son ‘mejicanos’ de este país, el más igualitario del istmo, que durante décadas ha sufrido y se ha beneficiado por las contorsiones de su vecino del Norte. Desde siempre y en los últimos 50 años cuando Somoza, la contra de Eden Pastora, y en este esperpento que es el orteguismo del último lustro. Cuando la dupla gobernante soltó amarras hacia una dictadura de hambres y terror.

¿Cuántos sufragaron en este bodrio? Hubo 75% de abstención dice la oposición perseguida. Tanto como todos los que no pueden ser arriados en camiones y buses para que la Revolución persista. El miedo no es tonto: “Mi familia en Masaya me cuenta que fue a votar temprano, mejor ahorrarse problemas con el gobierno, nadie cree en nada allá, todos se cuidan”, me dice Julia es una de las ciudadanas de la nación más poblada de Latinoamérica, la República de Western Union, o de MoneyGram, cuyos pasaportes y PBI invisibles son los millones y millones de remesas de los exiliados a sus famélicos familiares que quedaron fronteras adentro.

Patata caliente para Estados Unidos, si sanciona este tráfico, ahonda lo humanitario y engorda el marketing revolucionario y el bolsillo de los carteles de gobiernos y militares que cobran un ojo de la cara de comisión a los remitentes. Como pasa, otra machacona vez, en Cuba y Venezuela. Según Amelia Rueda, conocida periodista tica, las remesas de los nicas a sus familias promedian los US$ 120 mensuales. En los primeros seis meses, sólo por envíos bancarizados, enviaron US$ 133 millones a su país.

“Eso se parece cada vez más a Corea del Norte” dice la ex presidente tica Laura Chinchilla. Durante su gobierno (2010-2014) Ortega no había desbarrado aún y su país era un vecino confortable. Como factoría low cost para grupos industriales y comerciales centroamericanos, cobijo de chanchullos financieros, proveedor de mano de obra barata y turismo idem en Granada, patrimonio de la Unesco. A la migración de siempre, servicio doméstico, construcción, trabajadores del agro, se sumaron ahora clase media que no soporta el agobio. También vienen los que no hacen pie dentro de la ley, por eso el auge narco en Costa Rica tiene cada vez más mano de obra nica. De los 20.000 presos, casi la mitad son nicas.

Otro Daniel para esta crónica. Es mi amigo sueco de Estocolmo que se extraña de que el horror de Ortega, con todas las liturgias del drama venezolano, no tenga mucha prensa en Europa. El “low profile” de esta dictadura también ha sido funcional para contener el viaje hacia el Sur de las maras y el desquicio endémico de El Salvador, Honduras y Guatemala.

La pandemia ha sido demoledora. Por largos meses los Ortega negaron el drama, como AMLO, Trump o Bolsonaro. El virus, decían, era una fuerte gripe y el país estaba sanito. Los médicos que denunciaron brotes fueron reprimidos y cesados. Nicaragua hoy está en la fase reactiva, acepta donaciones de Pfizer y sobre actúa la lucha contra el Covid-19. Pero la falta de oxígeno y medios hospitalarios han impactado en entre los más pobres. Los organismos mundiales han repelido las estadísticas disfrazadas mientras que los test PCR cuestan US$ 100 en Nicaragua (US$ 30 más que en Costa Rica), una barrera para el ingreso a Costa Rica, donde los nicas son el 75% de los extranjeros y se han disparado los pedidos de refugio político.

“No hay ninguna posibilidad de que esos dos hagan feliz a mi patria”, me dice Angel, un vendedor de tienda que sobrevive con ingenio en Pavas, el duro suburbio de San José. Completa la olla con horas de Uber, la app que aniquiló a buena parte del parque de 35.000 taxistas del país para después imponer su tablita de “tarifa dinámica”. Angel vivía en León y por un litigio comercial con una familia de sandinistas terminó preso, torturado y despojado de todo. -reconoce que se ilusionó con las elecciones, hasta que Ortega y su régimen encarcelaron a medio centenar de opositores, entre ellos los siete candidatos electorales que podían derrotarle, los periodistas que le contaban las costillas y viejos ex camaradas con los que un día soñó un mundo mejor.

Otra vez 1979. En el madrileño bar Covadonga del metro Bilbao, hay aires de despedidas de los exiliados desesperados por volver a construir una sociedad para todos. Mejía Godoy está muy feliz y me quiere dedicar una copia de su casette de canciones “Guitarra Armada”: “Para Daniel (como nuestro Ortega) con un inmenso abrazo revolucionario”. Y entre cañas de cerveza me comenta que “ya hablé para hacer muchas cosas con Ernesto (por Cardenal) y con Sergio (por Ramírez). Se acabó el tiempo de los tiranos”.

En este rally autócrata del neosandinismo 2021, no dejo de pensar en aquellas utopías y sus muecas crueles. Carlos debió marchar a su segundo exilio en 2018, tras la rebelión ciudadana y estudiantil ferozmente reprimida. El cura Cardenal murió desilusionado y censurado por sus ex camaradas rojinegros. Sergio, el gran escritor y protagonista también de la alfabetización de los humildes reconocida por el mundo, permanece ahora en el extranjero, a salvo de las mazmorras sandinistas.
Ay Nicaragua, Nicaragüita.

Postdata. Estoy por publicar estas líneas y un amigo que se dice de izquierdas me envía me envía este artículo que describe la supuesta adhesión del sandinismo histórico, aun de los muertos (hipótesis incomprobable) a este presente abominable. Me parece pertinente compartilo al lector: detectar diferencias entre el bien y el mal evita el Alzheimer. Y pone a prueba nuestra ética, moral, sentido común y buenas costumbres, requisitos aconsejables para mirarse al espejo.

* Director de Mining Press y EnerNews

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