Las epidemias en Esteban Echeverría

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El populoso partido del sudoeste del Conurbano tiene una historia que el autor relevó en los archivos de los diarios La Nación y La Prensa.

Hace pocos días hablábamos de cómo pasamos este momento de pandemia con Jorge Carlos Legarreta, a quien nos une una amistad de familia comenzada por nuestros bisabuelos y seguida por nuestros abuelos y padres que llega a casi un siglo y medio. Recordando nuestra juventud me decía, por no ir con frecuencia, que Monte Grande no es el mismo de aquellos años de nuestra infancia y adolescencia.

Esto me llevó a pensar en las epidemias que vivió el partido de Esteban Echeverría. Con motivo del centenario, en el año 2013, la entidad Preservando el Patrimonio Local que preside con infatigable tesón Miriam Orlando, con un grupo de fieles adherentes, editó un libro de mi autoría que en realidad es una recopilación documental de los diarios porteños titulado “El Partido de Esteban Echeverría a través de la prensa porteña”. Para ello reuní ordenadamente varios miles de fichas de los diarios La Prensa y La Nación que permitían conocer lo sucedido en las localidades que integraban el municipio. La edición se hizo por el auspicio de un grupo de generosos suscriptores y del subsidio otorgado por el intendente municipal, el doctor Fernando Grey, que además tuvo la deferencia de presidir su presentación, la que después de sus palabras estuvo a cargo del académico Fernando Sánchez Zinny, destacado periodista de La Nación, y del presidente del Instituto Histórico Municipal de Lomas de Zamora, profesor Carlos Pesado Palmieri.

Algunos dicen que la historia la escriben los que ganaron la batalla, y como se verá quizás en este caso sea cierto. La ciudad cabecera es Monte Grande, que no celebra su fundación sino el aniversario del partido, recordándose con justicia a los que promovieron esa autonomía el 9 de abril de 1913 pero sin tener muchas veces en cuenta que en marzo de 1889 el gobierno provincial aprobaba la traza de ese pueblo y a los viejos pobladores de la zona, ignotos personajes o aún hoy con descendencia en el lugar.

Como el libro en realidad es una muestra de unos doscientos artículos de distintos aspectos de la vida local, pero de 1889 a 1913 una parte del partido pertenecía al de Lomas de Zamora y otra al de San Vicente. Por eso decidimos, después de hablar con Jorge, recorrer sus páginas y comentar las epidemias en el lugar a través de esta información.

Por sus arboledas y ubicación, como Adrogué, se llamaba a Monte Grande popularmente, y al menos así lo escuchamos de la boca de antiguos vecinos, “la Córdoba Chica”, a la que concurrían personas que tenían problemas respiratorios o tisis como el caso de la hija de don Alberto Barceló, según me lo confirmó su hijo Marcelo Martín, que viviendo en Avellaneda construyó allí una residencia. Esto debía ser conocido o muy comentado, porque La Prensa del 24 de noviembre de 1893 anunciaba que la gerencia del Ferrocarril del Sur había accedido a una solicitud de los vecinos de “la conveniencia que reportaría un tren que los días de fiesta regresara a la ciudad a las 10 u 11 de la noche, con lo cual podría la población, que necesita, siquiera de vez en cuando, dar aire puro a sus pulmones, aprovechar esos días en paseos saludables y dar impulso a esas regiones”.

En pocos días comenzaron a circular trenes nocturnos desde Cañuelas a Constitución, parando en las tres estaciones del partido: Tristán Suárez, Ezeiza y Monte Grande.

El 8 de marzo de 1895 en La Nación se anunciaba un brote de cólera en San Vicente, donde se habían vacunado 1.321 individuos. De un total 37 personas atacadas fallecieron siete y dos quedaron en asistencia en estado grave. También se registraron ocho casos de sarampión. Así como en los tiempos de la conquista a las pestes seguía el hambre, curiosamente en octubre del año siguiente una plaga de langosta asolaba los partidos de Lomas de Zamora y San Vicente a pesar de haberse enviado rastras para remover la tierra donde desovaba el coleóptero. Por si fuera poco la Comisión local aplicó una multa de 500 pesos al Ferrocarril del Sur por no haber destruido los huevos de langosta en sus terrenos. El mal seguía haciendo de las suyas en diciembre.

El corresponsal de La Nación en San Vicente informaba el 27 de octubre de 1904 que “se ha desarrollado en este distrito el sarampión con carácter de epidemia, lo que ha obligado al cierre de las escuelas. Este mal se presenta benigno, hasta ahora no se ha presentado ningún caso fatal”.

Mientras tanto el pueblo de Monte Grande empezaba a tener sus casas y quintas, y en esos días se había constituido una comisión pro templo presidida por Isolina Arocena de Constanzó e integrada por Clara H. de Reta, María J. de Castro, Jacinta H. de Ugarteche, Horacia F. de Mauriso, Lola Reta, María M. de Garzón, María Segrestán de Guillón, Ana M. de Salotti, María Pelento de Dreyer, Susana Miguelgorri de Montero, María Antonena de Montero y Aurelia N. de Petrazzini. Estas señoras prepararon una gran fiesta para el domingo 8 de enero a las 2 de la tarde para colocar la piedra fundamental del templo, ceremonia que iba a presidir el obispo de La Plata, monseñor Juan N. Terrero, pero con dudas de poder realizarla ya que la epidemia de sarampión seguía y había causado varias defunciones a mediados de diciembre.

El 18 de abril de 1907, el presidente del Concejo Escolar de Lomas de Zamora llamaba la atención a las escuelas particulares del distrito, a las que concurrían más de 800 alumnos, “sobre las medidas de profilaxis ante el desarrollo de la viruela, escarlatina y coqueluche”. El tema de la salud infantil que trataban distinguidos profesionales de la medicina fue imitado por la doctora Lola Ubeda en Lomas y el presidente de ese Concejo, que, según anunciaba La Prensa en noviembre de 1910, “después de visitar las escuelas del distrito con los propietarios de los edificios para su limpieza y saneamiento durante el período de vacaciones” anunció que para el año próximo se contarían “con aparatos, elementos de desinfección y personal competente que se ocupará de recorrer los establecimientos para la higiene”.

Ya creado el partido, en La Prensa del 4 de marzo de 1917 se informaba que en Monte Grande “llama la atención la falta de sanidad. Ya se registraron 3 casos de fiebre tifoidea, no se recogen las basuras, se sigue carneando sin inspección veterinaria, continúan los mismos hechos de negligencia de parte de las autoridades denunciados el 8 de enero pasado”.

La gripe española de 1918, que dejó miles de víctimas en nuestro país, informaba el diario de los Paz el 4 noviembre que en Monte Grande, “según datos suministrados por el médico municipal, hay más de 200 casos de gripe en este pueblo. La Municipalidad ha tomado las medidas profilácticas”.

Pasaron casi quince años y el 16 de abril de 1931 el corresponsal de La Prensa informaba que en en ese pueblo “se reunieron los médicos en el despacho del comisionado y designaron a Ángel C. Rotta como secretario y delegado a la Asamblea que se realizará el 18 del corriente en la Dirección de Higiene de la Provincia, para activar la campaña antidiftérica”.

Finalmente, el 24 de marzo de 1956 se informaba que “en el Hospital San José, en el Instituto Antirrábico y en el Hospital de Ezeiza, se aplicará la globulina gamma, de acuerdo a los turnos por apellido que se han dado a conocer, para combatir la epidemia de poliomielitis que hace estragos en el país y especialmente en Buenos Aires”.

Esta que vivimos es otra historia y seguramente tendrá sus cronistas, aunque los medios de estos tiempos han de brindar mayor información a quienes deban escribir los sucesos actuales.

* Historiador. Académico de número y vicepresidente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación

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