La expedición de Magallanes y el “pecado Nefando”

Fecha:

El autor recuerda el quinto centenario de una expedición clave para América y el mundo, y las peripecias de todo tipo que debieron atravesar los navegantes.

En septiembre del año que acaba de terminar se conmemoró el V Centenario de la partida de Hernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano, que en 1519 dieron la vuelta al mundo y estuvieron de enero a febrero en el Río de la Plata, de donde siguió al sur, donde permanecieron hasta noviembre en lo que hoy es nuestro territorio.

Esto se recordará de una manera especial en Buenos Aires con un Congreso en el Centro Naval del 27 al 30 de abril próximos con la adhesión de las embajadas de España y Portugal, del Instituto Histórico y Geográfico de Santa Catalina en Brasil y la Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial, con la presencia además de destacados historiadores locales y extranjeros de los que se dará noticia en este sitio.

La flota llevaba cinco naves con 235 hombres embarcados de los que a los tres años apenas desembarcó el diez por ciento. En la Concepción, embarcaron 44 hombres y en ella viajaba como capitán Gaspar de Quesada, el piloto era Juan López Carvalho y el maestre, Juan Sebastián Elcano; un contramaestre, un barbero encargado de la sanidad Hernando de Bustamante, el capitán Luis de Mendoza -que era a la vez Tesorero de la Armada- y el maestre Antón Salomón.

Como bien señala Fernanda Molina, “los barcos que formaban parte del sistema de flotas congregaban en su interior personas de los más diversos rangos sociales y étnicos”. En ese escenario, “el sistema se organizó bajo una férrea jerarquía que procuró reproducir al interior de las embarcaciones la estratificación de la sociedad moderna”, acota. No en vano, “el capitán Thomé Cano describía a la nao indiana como un ‘mundo abreviado’, es decir, como un pequeño espacio que condensaba el universo social en alta mar. La estratificación interna se complementaba con las diferencias de edad que existía entre los tripulantes, en la medida en que la experiencia acumulada en la actividad marítima era un importante indicador de status”, concluye la historiadora.

No hace falta describir las vicisitudes de los viajes, de 60 a 80 días, en los que compartían la vida cotidiana, sus necesidades más íntimas, entre ellas la vida sexual. Estaba prohibido embarcar mujeres, las leyes de Indias sostenían que en la nave “hallando mujeres dará la providencia conveniente para que se excusen las ofensas de Dios, tanto en la navegación como después de haber llegado a las Indias”.

Los tripulantes y a los soldados no podían viajar con sus respectivas esposas. Algunas, sin embargo, siguieron a sus maridos pero después de complicados trámites y permisos ante la Casa de Contratación, como lo escribimos en algún momento. Aunque otras, “más amigas de caridad que de castidad”, se las ingeniaban para viajar. Otra forma fueron los encuentros sexuales con otros compañeros de travesía, generalmente de inferior rango, como sucedió en la flota de Magallanes, que no eran de conformidad de las partes.

Por otra parte el pecado contra la “natura” entre hombres, de los más graves, había merecido la condena de los Reyes Católicos por una Pragmática del 22 de julio de 1497 y la pena era la de muerte.

Mientras cruzaban el Atlántico descubrieron al maestre Antón Salomón sodomizando al grumete Antonio Genovés. La pena capital era la que le correspondía. Tras atravesar el Atlántico, el 13 de diciembre llegaron a la costa brasileña, donde se proveyeron de agua, leña y comida (gallinas y gansos, carne, piñas, caña de azúcar, pescado, mandioca y batatas), descansaron y se relacionaron sexualmente con las nativas. Apunta Antonio Pigafetta en su Diario: “Tras atravesar el Atlántico, el 13 de diciembre llegaban a la costa brasileña, en lo que hoy es Río de Janeiro (entonces lo bautizaron como bahía de Santa Lucía)”.

Esa playa fue escenario de la ejecución del maestre un 20 de diciembre, por ahorcamiento, mientras que el grumete perdonado por Magallanes puso fin a su vida arrojándose a las aguas. Muchas de estas historias las ha narrado nuestro colega, el académico Juan Antonio Varese, en su libro sobre la expedición de Magallanes en el Río de la Plata.

* Historiador. Vicepresidente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación

Compartir

Últimas noticias

Suscribite a Gaceta

Relacionadas
Ver Más

La colección Lozier Almazán en la Academia Nacional de Bellas Artes

Los ex-libris tienen por finalidad testimoniar de manera artística, mediante elementos figurativos, alegóricos o simplemente decorativos la identidad del propietario del libro.

Eduardo Trigo O´Connor, un hombre de bien

Reconocido diplomático argentino, llegó a ser vicecanciller. Lúcido observador de la realidad del mundo, hombre de inmensa cultura y al alcance de todas las novedades en materia de comunicación, recordaba la importancia en el Palacio San Martín de ser expertos comunicadores.

La independencia de Chile, el Instituto Sanmartiniano y el circuito Sanmartiniano en Buenos Aires

El Circuito Sanmartiniano está compuesto por una serie de edificios institucionales que guardan algún punto de conexión con la vida del Libertador (a los que hay que sumar el conjunto de esculturas circundantes).

Historias. Centenario del héroe nacional de Angola, que anheló vivir en Buenos Aires

António Agostinho Neto fue un luchador acérrimo por la defensa de los derechos humanos de todas las Colonias Africanas.