Los practicantes de rugby que no fueron “rugbiers”

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Desde 1850 sabemos lo que es ser un rugbier.

Lamentamos el trágico suceso que tuvo como protagonistas activos a una banda de jóvenes que, sin ser rugbiers solían practicar rugby. Y digo solían porque creo que nunca más van a jugarlo.

No eran rugbiers porque desgraciadamente para ellos jugar al rugby era nada más que armarse muscularmente, dar el pase para atrás y tacklear a los rivales. Eso no es el rugby, ni así son los rugbiers.

¿Acaso se dedicaron a un deporte sin contenido alguno, por el solo hecho de jugar a “algo”? Parece que sí.

Se olvidaron que jugar al rugby no es solo ir al gimnasio para hacer crecer los músculos y usar remeras ajustadas. Se olvidaron que esa supremacía “muscular” los obliga y responsabiliza para comprimir sus reacciones, a ser comprensivos y flexibles con sus amigos, conocidos o desconocidos. A no abusar del poderío que les daba superioridad numérica en una disputa juvenil sea por el motivo que haya sido. Desoyeron el mandato de considerarse hondamente abochornados por haber hecho trampa de ser varios contra uno solo, y abusarse sobre una persona caída y, en definitiva, terminar todos con una expresión de tristeza que para cualesquiera de los involucrados no tendrá final.

Desde 1850 nos enseñaron que jugar al rugby implica ser un “sportsman”, y que cabalmente nos obliga a ser leales, fuertes física y mentalmente, a jugar con rudeza pero no con brutalidad y saña. Aprendimos que el árbitro siempre tiene razón, a jugar con pasión y respeto por el rival y nuestros compañeros. Asimilamos a soportar una derrota con hidalguía y a festejar moderadamente las victorias para no herir ni burlar al adversario, y que el rugby se juega con y no contra el otro equipo, porque todos somos parte del juego y sus valores.

En definitiva, se olvidaron, o no aprendieron como debe ser el “rugbier”; y que es, antes que nada, un deportista con sus valores, obligaciones y las responsabilidades que ello implica, y que así nos lo enseñaron.

Es lo que ya la revista “Punch”, en 1850 puntualizaba sobre cómo debe ser un rugbier, es decir, un “sportsman”, “que es aquel que no solamente ha vigorizado sus músculos y desarrollado su resistencia por el ejercicio de algún gran deporte, sino que en la práctica de ese ejercicio ha aprendido a reprimir su cólera, a ser tolerante con sus compañeros, a no aprovechar de una ventaja, a sentir profundamente como una deshonra la mera sospecha de una trampa y a llevar con altura un semblante alegre bajo el desencanto de un revés”.

* Abogado y exjugador de rugby

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