El algoritmo desafía al instinto en la toma de decisiones editoriales

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Los grandes grupos empiezan a apoyarse en el análisis del “big data” para identificar cómo son sus lectores y qué títulos quieren para acortar el margen de error.

Barbastro, Huesca… Congreso del libro electrónico de 2019, el pasado noviembre… Sabrina Salvador, directiva de Hachette UK, canta las maravillosas bondades que el “big data” brinda en uno de los grandes grupos de la industria editorial a nivel mundial. “Hace solo seis años, las decisiones de cómo y qué publicar se basaban en el instinto”, explicaba el pasado noviembre. Hoy, esa incierta intuición sobre si los libros funcionarán o no que ha caracterizado el negocio editorial puede peligrar. Los responsables ejecutivos de esas multinacionales comienzan a confiar en los datos cruzados para perfilar a sus lectores potenciales y entender qué libros quieren leer.

Los grandes conglomerados han ido armándose en los últimos años con analistas de datos. Desean saber con precisión quiénes son sus lectores (en términos demográficos, de género o de poder adquisitivo) y qué buscan para su toma de decisiones.

Si las encuestas y las redes sociales fueron una primera fuente fiable, la irrupción de los dispositivos ha reducido el margen de error. En realidad, afirman los expertos en privacidad, son ellos quienes nos leen a nosotros y no tanto al revés. En eso, el pionero fue Amazon. Kindle y el resto de soportes para la lectura de los libros electrónicos consiguen una precisión en el sector en la obtención de información sobre el comportamiento de los lectores muy directa y efectiva (por ejemplo, en qué página exacta pierden el interés en la historia).

¿Supone esto la muerte de un editor más tradicional? ¿Seguirán los grandes grupos apostando por títulos que puedan dar la sorpresa? ¿Habrá espacio para esos fenómenos literarios como Soldados de Salamina, de Javier Cercas, o Patria, de Fernando Aramburu? ¿Para el éxito de Ordesa, de Manuel Vilas?

Con la novela de Cercas los editores de Tusquets le dijeron en 2000 al autor que vendería 5.000 ejemplares, para mayores de 70 años. Aun así, lo publicaron. Y una vez en la calle, el libro apeló a una generación de nietos de la guerra que querían saber más sobre aquel trauma colectivo hasta alcanzar los dos millones de lectores. ¿Permitirá el big data un riesgo similar?

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