Legalicemos la marihuana

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Uno de los principales motivos por los cuales deberíamos avanzar hacia la legalización de las drogas, no sólo en América Latina, sino también en todo el mundo, es de carácter individual. ¿Qué significa esto? Que la marihuana debe ser legal para que se respete la libertad individual de cada ser humano de consumir lo que desee y que pueda hacer con su propio cuerpo lo que le provoque.

Suele decirse que, en caso de que legalicemos la marihuana (no sólo para uso medicinal sino también recreativo), habrá un número cada vez mayor de consumidores: gran falacia.

Porque el alcohol y el cigarrillo sean legales, si yo no deseo o si soy consciente de las consecuencias perjudiciales que su consumo pueden tener sobre mi cuerpo, no voy a consumir más alcohol o más cigarrillo. Es sencillo, si alguien quiere consumir drogas en un sitio donde son ilegales, créame que esa persona tendrá acceso a ellas de la manera que sea.

Por este motivo, la respuesta del gobierno ante este asunto debería ser de concientización, de prevención y de educación, y no de un prohibicionismo incoherente que sólo ha generado el aumento de la violencia, los mercados negros, el crimen y el narcotráfico a partir de la fracasada guerra contra las drogas.

Es muy claro. Sabemos lo que sucede con toda prohibición: siempre terminará creando un mercado por detrás de esa regulación y, mientras la marihuana y demás drogas estén prohibidas, el narcotráfico tendrá su negocio perfectamente asegurado.

Además, deberíamos pensar en los grandes beneficios que acarrearía la legalización de esta droga. Es un hecho que la marihuana no mata a nadie, al contrario, se utiliza incluso para usos medicinales: ayuda a combatir las migrañas, disminuye la velocidad del crecimiento de los tumores, ayuda a prevenir el Alzheimer, combate el glaucoma, previene las convulsiones, ayuda al tratamiento de la esclerosis múltiple, disminuye la ansiedad, alivia los efectos de la quimioterapia, ayuda a controlar los ataques epilépticos, estimula el sueño, detiene bacterias en avance, ayuda a reducir los temblores del Parkinson, entre otros tantos beneficios médicos.

La pregunta es, al final del día, por qué el alcohol y el cigarrillo sí, y la marihuana no. El alcohol es la droga más peligrosa según las evaluaciones de los más recientes estudios médicos. Incluso es 114 veces más peligrosa que la marihuana y, así y todo, cualquier ser humano puede comprar alcohol, prácticamente, en cualquier esquina.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) más de 100 millones de personas han muerto en el siglo XX por el tabaquismo, incluso más gente muere por tabaco que por drogas ilegales, fármacos, asesinatos o accidentes de tráfico (el tabaco provoca siete veces más muertes que los accidentes de tráfico). Respecto del alcohol, las mismas fuentes afirman que cada año 3,3 millones de personas mueren por su consumo. Además el uso nocivo del alcohol es un factor causal de más de 200 enfermedades y trastornos corporales. A modo de comparación, cuando tomamos en cuenta la marihuana observamos que no se registran muertes por su uso directo y que es la sustancia psicoactiva ilegal más usada a nivel global.

Observemos la experiencia y analicemos lo que ha sucedido en algunos de los estados de Estados Unidos donde la marihuana ya es legal, como por ejemplo Alaska, Colorado, Massachusetts, Nevada o Washington. En la actualidad, más de 70 millones de estadounidenses viven en estados donde la marihuana ha sido legalizada para uso medicinal y recreativo. Parece ser que, según los hechos, a diferencia de lo que predicen los que poco han analizado este tópico, en aquellos estados no se ha acabado el mundo ni se han convertido en drogadictos todos sus habitantes. De hecho se ha reducido la delincuencia en aquellos estados donde la marihuana es legal, además, la legalización no ha incentivado el consumo entre los jóvenes.

Veamos también el caso de Portugal, un país que tras la despenalización de las drogas logró reducir las tasas de consumo. En los países de Europa aproximadamente un 22 por ciento de los jóvenes consumen marihuana: en Portugal esa cifra llega apenas a la mitad. La cifra más impactante tiene que ver con el consumo de la heroína: los adictos en dicho país han pasado del 1 al 0,3 por ciento en 19 años, teniendo además el índice más bajo de muertes relacionadas con las drogas. Portugal, despenalizando las drogas, se ha convertido en uno de los países ejemplares y con una de las tasas más bajas de consumo.

La historia nos deja en evidencia que cuanto mayores sean los esfuerzos de los gobiernos para prohibir una sustancia, más fuerte se volverá la misma. Veamos el caso de la prohibición del alcohol en los Estados Unidos, por ejemplo, la cual marcó el comienzo del crimen organizado en dicho país. Cuando se prohibieron las bebidas alcohólicas, la ley y las regulaciones lograron que la producción del alcohol quedara en las manos de aquellos grupos criminales dispuestos a violar la ley y a resolver las disputas a partir de la violencia.

Como bien lo afirma la autora guatemalteca Gloria Álvarez, porque el alcohol y el cigarrillo son legales es que hoy no vemos a los fabricantes de whisky Johnnie Walker, por ejemplo, matándose a balazos con los fabricantes del ron Bacardí. Por eso, también, es que no vemos a los fabricantes de cigarrillos Marlboro y los de Lucky Strike matándose entre ellos.

No cabe duda que la legalización de la marihuana pondría fin a gran parte del negocio del narcotráfico en América Latina. De hecho, según los estudios del Instituto Mexicano de la Competitividad, el negocio del narcotráfico mexicano de marihuana está cayendo cada vez más, ya que la marihuana cultivada de manera legal en los Estados Unidos está corriendo a un lado a los cárteles dentro del mercado norteamericano. La historia nos deja en claro, una vez más, que la guerra contra las drogas ha fracasado. A su vez, la legalización de la marihuana haría que se le ponga un ojo a la calidad de la misma, ya que bajo los sistemas de prohibición nadie sabe lo que se está consumiendo.

El Estado no tiene por qué andar interfiriendo en las actividades privadas y en las decisiones personales de los seres humanos. Por otro lado, a los seres humanos que no les gustan las drogas, la respuesta a ellos es simple: pues no las consuman. Dejen los prejuicios, los tabúes y los anhelos de prohibir una planta que crece de la naturaleza. Vivan y dejen vivir. Es cada uno quien debe decidir sobre su propio cuerpo, no el Estado.

* Investigadora de la Fundación Libertad

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