España y su encrucijada

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La primera sesión de investidura para que el socialista Pedro Sánchez sea erigido presidente del gobierno español desnudó hasta dónde la ambición y la falta de escrúpulos pueden llegar. Es que el líder del PSOE, que en la campaña electoral de noviembre rechazaba cualquier tipo de acuerdo con los comunistas y los separatistas manifestando que “una alianza así le quitaría el sueño, a él y al 95% de los españoles”, la selló en las últimas semanas y quedó explicitada el pasado sábado en las Cortes.

Sin que se le mueva un músculo de su pétrea cara, Sánchez defendió su acuerdo con Pablo Iglesias y su fuerza Unidas Podemos, comunistas que no se callan su admiración y vinculación con el régimen  dictatorial del chavismo en Venezuela, ni con el fraudulento y hoy profugado Evo Morales, con quien en La Paz en 2017 celebraron juntos los 100 años de la Revolución Rusa y que hoy hace campaña política desde su condición de “refugiado” desde la Argentina.

Pero aún más, logró la abstención de Esquerra Republicana de Cataluña, cuyo portavoz en el Congreso de los Diputados, Gabriel Rufián, le tiró a Sánchez el precio del apoyo: mesa de diálogo, léase sentarse de par a par con los independentistas que dieron un golpe de Estado en Cataluña en 2017, violando la Constitución; amnistía para todos los procesados y condenados por ese hecho por el máximo tribunal de Justicia de España; y la solución “política y no judicial” del indeclinable movimiento independentista catalán que continúa con el presidente de la Generalidad, Quim Torra.

En resumen, Sánchez, fiel discípulo de José Luis Rodríguez Zapatero, tiró por la borda y la honra a los perros del constitucionalismo del Partido Socialista Obrero Español, desde 1978 hasta la llegada al poder del propio Zapatero, continuando hoy por su delfín. Asimismo, ha logrado hasta ahora el apoyo entre otras fuerzas políticas del Partido Nacionalista Vasco, Mas País (una escisión comunista de Podemos) y Bildu, el partido representante de la banda terrorista ETA, que asoló a España con sus crímenes durante décadas.

Si Sánchez logra por los votos de los diputados llegar a ser investido Presidente lo hará con todos aquellos que no creen en España como unidad política, más allá de sus diversidades regionales, así como con los sectores políticos que nunca hubieran llegado solos al poder por los votos, como Podemos, que rechazan el ordenamiento constitucional vigente y que tienen de aliados y mecenas externos al chavismo bolivariano o al renunciado, por su fraude electoral, Morales.

Contundentes fueron las palabras de Pablo Casado, líder del Partido Popular, la principal fuerza opositora, como las de Santiago Abascal de Vox, hoy tercera fuerza nacional y en crecimiento, y de Inés Arrimadas, quien sucedió a Albert Rivera, luego de la caída en noviembre de sus votos, en su fuerza Ciudadanos.

Sánchez lograría, de ser electo, un gobierno de coalición con tales socios, algo que no se repite desde 1936, cuando el Frente Popular llegó al poder y desencadenó la persecución de opositores con cárcel y asesinatos que desembocó en la tragedia de la Guerra Civil Española. Sin hacer un parangón con aquel drama, Sánchez, siguiendo a Rodríguez Zapatero, fue un removedor de odios viejos, algo superado por la sociedad española del presente, que hoy airean con discursos y planteos guerracivilistas. Los partidos constitucionalistas como el PP, Vox y Ciudadanos, entre otros, tienen el desafío, ya que el socialismo oficialmente dejó de serlo (aunque seguramente no, muchos de sus votantes engañados por Sánchez), de constituir una oposición alejada de personalismos y plantar cara a una posibilidad de gobierno que amontona a todos aquellos que no creen en España, en su unidad como Nación, en su división de poderes, en la libertad de prensa, opinión, educación, cuyos modelos son el pensamiento único, la inquisición de la ideología de género y educativa, la memoria histórica sesgada y el revanchismo de hechos sucedidos hace 80 años.

Es de esperar que tan variopinto cóctel político de gobierno, que condicionará a Sánchez de manera grotesca, lleve en poco tiempo a una moción de censura y que su gobierno, de ser electo Presidente, sea de corta duración, para el bien de España.

* El autor es miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia y de la Academia de Artes y Ciencias de la Comunicación

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