La violencia familiar de “guantes blancos”

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No tan solo una cachetada es violencia; hay veces que una mirada, una frase, o la simple indiferencia lastima mucho más que un golpe físico.

Los moretones psíquicos quedan en el alma, hieren profundo, perduran mucho más que la marca de un golpe.

¿Pero cómo es esta clase de violencia que lastima pero que pasa imperceptible?

Los maltratadores “tranquilos” son esas personas que, con su indiferencia, silencios y falta de acción, le hacen vivir infiernos a la otra persona y a su grupo familiar. Según esas personas, nunca hacen nada malo y su proceder es casi perfecto.

Recordemos que muchas veces las palabras matan, y esta categoría de violento sabe perfectamente que las palabras equivocadas destruyen sueños, destruyen relaciones, destruyen autoestima, y deberían tener un filtro en la garganta para no arruinar la vida de sus seres “queridos”.

Estos violentos son detectables cuando se repara en que no son capaces de alabar, de engrandecer, de admirar, ni de amar desinteresadamente al otro.

El narcisismo ciega toda visión o comprensión de las circunstancias de su núcleo más íntimo. Cuando decimos grupo familiar nos referimos al originado en el matrimonio o en las uniones de hecho.

Las leyes sobre el tema, buscan proteger a toda persona que sufriese lesiones, maltrato físico o psíquico por parte de alguno de los integrantes del grupo familiar, y declaran a la VIOLENCIA FAMILIAR, como toda acción, omisión o abuso, daño psíquico o físico, maltrato moral, financiero o económico notoriamente ilegítimo, sexual y/o en su libertad, aunque no configure delito, por parte de algún integrante del grupo familiar, y se podrá denunciar estos hechos en las dependencias de la Policía, Ministerio Público, Juzgados de Paz o Juzgados de Personas y Familia. Como vemos, no tan solo la violencia física tiene protección, sino también la que se produce en forma casi imperceptible.

Pese a que sus efectos son menos evidentes que los dejados por las violencias física y/o sexual, las formas de violencias económica y patrimonial resultan mucho más cotidianas para un mayor número de personas en el mundo. Estos tipos de violencia, la económica y patrimonial, no solamente se ejercen en el ámbito familiar, sino también en el espacio laboral, y se evidencian cuando abusan de su situación de poder económico para lograr ventajas patrimoniales, buscando y logrando que la otra parte renuncie a sus derechos en pos de una falsa ilusión de “armonía familiar” o “por los chicos”, sin pensar que esa actitud solo va a generar que el hijo que “aprende” que abusando de la posición dominante se logran cosas, cuando sea mayor repita el modelo y se convierta en un violento de “guantes blancos” con saña, frialdad y despotismo.

Ese tipo de violencia también es condenada por las leyes, y aunque parezca como poco probable, se pueden tomar acciones concretas para ordenar la exclusión del autor de la vivienda donde habita el grupo familiar; también de prohibir el acceso del autor tanto al domicilio del damnificado como a los lugares de trabajo o estudio; y ordenar el reintegro al domicilio de quien sufrió la violencia y excluyendo al autor; y también se podrá decretar provisoriamente alimentos, tenencia y derecho de comunicación con los hijos. Es decir, que nuestras leyes ya contemplan la protección efectiva frente a este tipo de violencia de “guantes blancos” y solo se requiere decisión y acción para llevarlas adelante.

* Abogado, exfiscal federal.

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