La sidra española de San Martín

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En el marco de las festividades navideñas, el autor recoge aquí un dato curioso e interesante de la historia del siglo XIX.

La Gaceta Mercantil dio cuenta de muchos productos que llegaban a Buenos Aires a lo largo de sus casi tres décadas de existencia (1823-1852). Sin embargo, la sidra no es uno de los más citados aunque sin duda se conocía y algunos podían darse el lujo de tener algún barril, de vez en cuando.

En España, su producción históricamente se extendía por toda la cordillera Cantábrica, quedando desde el siglo XIX centrada principalmente en Asturias (región más importante respecto a su producción y consumición), Cantabria, Galicia, País Vasco (existen inscripciones anteriores al siglo VII con palabras que tienen su raíz en la palabra “sagar”, manzana) y Navarra, así como en varias comarcas de Castilla y León.

Para los envíos al Río de la Plata y a otros puntos de América, narra en su historia empresarial la firma Valle, Ballina y Fernández, que “dos ingredientes sociales fueron claves en el origen y devenir de la industria sidrera de Villaviciosa: la habilitación del puerto de Gijón en el siglo XVIII para el comercio marítimo –con lo que eso suponía de apertura hacia el nuevo continente americano- y la emigración de españoles a América en el siglo XIX en busca de prosperidad y de futuro”. Todo ello devino en que el consumo de la sidra atravesó el Atlántico acompañando a aquellos que venían en busca de mejores condiciones de vida.

Argentina no fue ajena a la oleada inmigratoria, desde 1880 en adelante, lo que hizo que llegara desde España y que en un futuro se produjera incluso en el país. Pero en España, por 1888, los hermanos Alberto y Eladio del Valle, financiados por Bernardo de la Ballina y Ángel Fernández, adquirieron las máquinas para elaborar en el Concejo de Villaviciosa, en Asturias, un método destinado a la “champanización” de la sidra. El 24 de mayo de 1890 la empresa se pone en marcha y es el comienzo de la sidra “El Gaitero”, que aún hoy se consume, tanto en la península como en América.

Empresarios modernos, pronto se dieron cuenta de la cantidad de “indianos ricos” -como se llamaba a los que venían y hacían alguna fortuna- y también de consumidores locales que podían tener. Para eso no encontraron nada mejor que buscar algo que fuera de interés en los distintos países a fin de hacer la necesaria propaganda y atraer clientes. En nuestro país no encontraron nada mejor que ponerlo en la etiqueta y elaborar carteles con la figura del general José de San Martín. Claro, es un hombre muy mayor, tomado probablemente del daguerrotipo, que luce un uniforme azul con una condecoración, calza botas, pantalones claros y lleva sable a la cintura. Detrás se ven su sombrero elástico y unos papeles.

Firma la obra el dibujante catalán Luis Labarta (1852-1924), que hizo una larga carrera en la docencia y fue uno de los participantes del concurso para la cartelería del famoso Anís del Mono, en el que obtuvo el tercer premio en 1898. Fue también el autor de pinturas en el Teatro Principal de Barcelona con Antonio Sánchez Fabré, e ilustrador en importantes revistas.

Era asímismo autor de carteles taurinos y sus más de doscientos dibujos para otros carteles merecieron el reconocimiento de sus contemporáneos. A él también pertenecen los retratos de José Caveda y Cava, un historiador, político y crítico de arte asturiano, y el de Pedro José Pidal, marqués de Pidal, político y diplomático, con que la firma quiso reconocer a dos hijos de Villaviciosa, donde se producía la famosa sidra.

Hace más de un siglo, seguramente la sidra con la figura de San Martín era una de las formas de promocionar productos, como lo fue también en su tiempo el general Bartolomé Mitre y otros patriotas. Cercanos a las fiestas, donde esta bebida aumenta su consumo, vaya esta curiosidad, con los mejores deseos para el público lector.

* Historiador. Vicepresidente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación

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