Con la disertación del vicepresidente, Roberto L. Elissalde, tuvo lugar en su última sesión mensual y bajo la presidencia de su titular, Jorge Di Nucci.
En su última sesión mensual y bajo la presidencia de su titular, Jorge Di Nucci, la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación realizó un homenaje al diario La Prensa en su 150 aniversario.
A continuación, la disertación principal.de Roberto L. Elissalde. *
Hace un siglo y medio el tiempo de la presidencia de Sarmiento, todo a la vez y a la vez todo, por aquello de que las cosas aunque mal hay que hacerlas, las novedades no eran pocas. En setiembre de 1869 se firmó el decreto para la contratación de profesores en el exterior, a fin de promover las investigaciones a inspiración de Germán Burmeister, y ese es el origen de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba, que el 11 de setiembre celebró su sesquicentenario.
Al mismo tiempo se levantó el primer Censo Nacional, que dio 1.877.490 habitantes incluyendo en esta nómina a los que estaban en el frente de la Guerra de la Triple Alianza y unos 32.000 que se calculaba en el exterior.
La ciudad de Buenos Aires capital de la provincia y que era a la vez residencia del Ejecutivo Nacional, contaba con casi el 10% de la población total del país 187.346 y la provincia 307.761 habitantes, en total un 26% del país, número que resulta significativo. Sin embargo esos números a la vez demostraban una grave falencia un millón de personas eran iletradas.
Esto explica la falta de participación de la población en la cosa pública, convirtiendo las elecciones en el acatamiento a la expresión de caudillos locales o funcionarios. En cada comicio se abrían nuevos registros de inscripción, como lo indica el historiador Carlos Heras a modo de ejemplo, el escrutinio de las elecciones de diputados nacionales en febrero de 1864, reveló que sólo habían votado 13.393 ciudadanos en una provincia que contaba con 450.000 habitantes y que, en la capital con una población calculada en 160.000, sólo habían sufragado 2.382 votantes
En medio de tantas medidas se conocía la inquietud presidencial, que acompañaba su ministro de Guerra don Martín de Gainza de crear un instituto de formación militar, cuya ley se promulgó un día como hoy, por lo que el Colegio Militar de la Nación está celebrando ahora sus 150 años.
OTRA CIUDAD
La ciudad era muy distinta, cuando bajo los arcos de la Recova que aún dividía la plaza de Mayo ese lunes 18 de octubre de 1869 poco después de las tres de la tarde, hora dispuesta para la aparición diaria de esas páginas, los vendedores comenzaron a vocear el nombre de La Prensa.
Sólo La Tribuna de los Varela, (los hijos de don Florencio) se enseñoreaba entre los diarios de la época. La Prensa era el fruto de dos amigos José C. Paz y Cosme Mariño, éste hasta poco tiempo antes director de otro medio, que asumió la misma tarea por unos pocos años.
La línea editorial sería muy clara: "La independencia, el respeto al hombre privado, el ataque razonado al hombre público y no a la personalidad individual formarán nuestro credo. Verdad-Libertad: he ahí nuestro punto de partida. Libertad, progreso, civilización: he ahí el fin único que perseguimos. No nos guía ningún móvil mercantil. Abrigamos la confianza de conservar la independencia suficiente, a más de la que nos es característica, para poder ser intérpretes genuinos de la opinión pública".
A los pocos meses le salió una competencia no menor, el 4 de enero de 1870 apareció La Nación, fundada por Bartolomé Mitre, que de algún modo comenzaba a perfilarse como una figura consular del país. Al punto que en 1906 una copla recordaba que con la muerte de Carlos Pellegrini, la de Bernardo de Irigoyen y de "Don Bartolo aunque haya mucha gente el país se queda solo".
Mientras tanto en el orden nacional sólo La Capital de Rosario, fundada en 1867, le gana en antigüedad a los mencionados matutinos porteños.
A poco de comenzada la tarea la fiebre amarilla de 1871 diezmó la ciudad, y José C. Paz y Mariño dieron acabadas pruebas de solidaridad para con los enfermos integrando la comisión creada para socorrer a las víctimas. Dicho sea en honor a la verdad dieron prueba acabada de su deber, comenzando por el mismo presidente Sarmiento que recluido en una quinta en Flores, todos los días atendió su despacho en la Casa de Gobierno y siguiendo por el mismo Paz, que anoticiado de la enfermedad del empleado de La Prensa a cargo de las noticias lo llevó a su casa particular, donde lo atendieron hasta su restablecimiento.
No era la primera vez que Paz asumía esa actitud, ya en tiempos de la Guerra con el Paraguay había formado una comisión para atender a los inválidos de la contienda bélica. Justamente en julio de 1871 finalizada la epidemia, restablecida la vida cotidiana en la ciudad el diario comenzó a aparecer por la mañana.
JOSE CAMILO PAZ
José Camilo Paz, -no Clemente como muchas veces se lo llama- había nacido en Buenos Aires en 1842 en una familia con varias generaciones en la gobernación de Córdoba del Tucumán, resultando sobrino del vicepresidente de Mitre el doctor Marcos Paz, fallecido en 1868 durante la epidemia del cólera en Buenos Aires y de doña Josefa Agustina Paz, casada con el coronel José Segundo Roca, de donde resultaba primo hermano de Julio Argentino.
Estuvo al lado de Mitre en la Revolución de 1874 por lo que debió exiliarse en Montevideo, y más tarde adhirió políticamente a su primo Roca, obteniendo una banca en el Congreso nacional a la que renunció cuando lo nombró embajador en España y luego en París.
Su hijo Ezequiel fue director del diario desde 1898 a 1943, y a él lo siguió un nieto Alberto Gainza Paz, y a su muerte su nieto Maximo Gainza Castro, a cuyo nieto mi joven y querido Juan Etchebarne Gainza le agradezco muchísimo su adhesión en esta sesión, representando a la familia fundadora.
No es por razones de tiempo ni las circunstancias de hacer el elogio o la crítica a posiciones de La Prensa, porque como dijera San Martín en carta a Tomás Guido: "El común de los hombres juzga de lo pasado según la verdadera justicia y de lo presente según su propia conveniencia".
Se opuso al gobierno surgido en 1946 lo que le valió la confiscación, ese tiempo le valió un magnífico título en una editorial de su colega La Nación, "En su hora más gloriosa", cuando el 3 de febrero de 1956 le fue devuelto a sus antiguos dueños.
LA ILUSTRE CASA
De su primer local en la Manzana de las Luces, pasó al magnifico edificio, diseñado y construido a instancias de Paz por los arquitectos Carlos Agote y Alberto Gainza, mereció esta descripción en el mismo diario el 18 de octubre de 1895: "La casa de La Prensa se construye en un terreno de su propiedad en la Avenida de Mayo entre las calles Bolívar y Perú, al lado de la Intendencia Municipal. La casa tendrá doble sótano que a una profundidad de 8,30 metros debajo del nivel de la vereda. El primer sótano estará a 1,70 m sobre el nivel de la calle y se destinará a depósito de máquinas. La gran puerta de la derecha dará circulación a carruajes y carros en la salida a ambas calles. La parte central del piso bajo es para la administración, en un espacioso salón provisto de grandes ventanas vidriera. El primer piso será ocupado por la dirección y redacción, ocupando también parte del segundo. El tercer piso se destina en considerable porción a apartamentos para empleados con sus familias, que por razones de servicio deben estar todo el día en la casa. El frente del Rivadavia del primer piso alto es totalmente ocupado por un salón de conferencias y fiestas, con palco escénico y debidamente decorado. En el último piso alto va el departamento de tipógrafos. La torre alta, cuyo faro está a 50 metros sobre el nivel de la calle, servirá de observatorio, desde donde ser podrá dominar la ciudad; siendo además provista de mecanismos para dar noticias por señales, en circunstancias determinadas. La iluminación será eléctrica, provista por instalaciones propios que ocuparán mayormente el segundo subsuelo. Los servicios internos y las comunicaciones de las diversas secciones se harán por ascensores, tubos neumáticos, etc...".
Inaugurado en 1898, en esos departamentos habrían de alojarse entre otros invitados de lujo Puccini y Clemanceau, y su salón fue el escenario del Instituto Popular de Conferencias de la Prensa, tribuna por la que desfilaron Estanislao Zeballos, que fue el primer presidente, Rodolfo Rivarola, Carlos Ibarguren, Angel Gallardo, Jorge Luis Borges, Julián Marías, Ricardo Levene, Bernardo Houssay, Carlos Saavedra Lamas, Victoria Ocampo, Edmundo Correas, Marco Aurelio Risolía, Osvaldo Loudet, Mariano Castex, Angélica Blanco Amores, Leandro Pita Romero, Arturo Capdevila, Guillermo Gallardo, Margarita Argúas, Emilio Hardoy, Gregorio Aráoz Alfaro, Beatriz Bosch, Sebastián Soler, Cupertino del Campo, Segundo Linares Quintana, Alberto Padilla, Alicia Jurado, Carlos Alberto Pueyrredon, Julio H. Olivera, Jorgelina Loubet, Enrique Anderson Imbert, Jorge Cruz, Manuel Malbrán, Eugenio Pucciarelli, Osvaldo Fustinoni y Alejandro Dussaut.
A ello debemos agregar la famosa Biblioteca con entrada por la calle Rivadavia, que podía competir con las mejores bibliotecas oficiales.
EL MAS IMPORTANTE
La Prensa fue sin duda el más importante diario del país, sus famosos avisos clasificados que venían en la primera parte en los primeros años, mostraban la pujanza del país y sin duda la mayoría de los inmigrantes encontraron donde trabajar a través de esos clasificados en sus páginas. Consciente de las necesidades de esta gente y para frenar abusos de todo tipo el periódico abrió los famosos consultorios médicos y jurídicos gratuitos, donde médicos de la calidad del doctor Celestino Lebrón atendían a pacientes o prestigiosos abogados asesoraban en temas de derecho.
Como homenaje al libro y al periodismo, instituyó el doctor Alberto Gainza Paz un premio bajo el patrocinio de dos grandes argentinos Alberdi y Sarmiento, premio al que dotó de una suma importante de dinero. Entre otros fueron galardonados Arturo Uslar Pietri (venezolano), Eduardo Jiménez de Aréchaga (uruguayo), Eugenio Pereira Salas y Enrique Campos Menéndez (chilenos), Julio Mezquita Neto (brasileño) a los que agreguemos nuestros compatriotas Alicia Jurado y Armando Tagle.
El jurado lo integraron entre otros Jorge Luis Borges, Miguel Angel Cárcano, Alfonso de Laferrére, Osvaldo Loudet y Atilio Dell"Oro Maini entre otros.
La Prensa, como otros medios no fue ajena a la realidad de un país tantas veces maltratado en sus administraciones. Hace medio siglo el 5 de noviembre de 1969 fui testigo de la conferencia que pronunciara en el homenaje por el centenario de La Prensa y La Nación, en la Academia Argentina de Letras el doctor Atilio Dell"Oro Maini, quien afirmaba en vista los cambios de ese siglo en la comunicación estas palabras memorables: "El cambio operado en un siglo es profundo, extenso y complejo. Los medios de comunicación entre los hombres y los pueblos -prensa, cinematógrafo, radio, televisión- fruto de ese cambio en los sectores de la técnica, han trastocado entrañablemente el modo de ser del individuo y de la colectividad, modificando, al mismo tiempo, el régimen de las relaciones humanas. A la civilización gráfica, de la letra impresa en el libro o en el periódico, dirigidos al lector personal y aislado, ha seguido la civilización audiovisual de la imagenú y del sonido, recogidos por masas extensas e indefinidas. ¿No es apasionante descubrir en qué medida esta tremenda transformación limita o dilata la capacidad creadora de una experiencia llevada a su más alta expresión en el curso de un siglo? ¿No nos alcanza también a todos los usuarios o beneficiarios de la misma, miembros de una comunidad en la que el problema se presenta bajo aspectos receptivos, llevándonosú al aquilatamiento de las tendencias en auge para avizorar el rumbo que ha de conducirnos hacia el nuevo siglo que se nos acerca?".
"Ya no se trata del éxito obtenido, aunque él sea el primer jalón de nuestras reflexiones, ni de avalorar el lúcido empeño con que ambos diarios siguen las exigencias, cada vez más aceleradas del cambio, aludido, sino de prever y afrontar, con voluntad solidaria, las consecuencias que de su satisfacción se derivan para la felicidad y bienestar del hombre, el progreso de la cultura; la comprensión de los pueblos, el imperio de la ,justicia y de 1a paz, el gozo entero de la libertad".
"Nos interesa, pues, reconocer la perfección y eficacia del instrumento, pero también identificar la vitalidad del pensamiento inspirador; celebrar el esfuerzo realizado, pero, además, valorarlo para la acción futura, recordando la probada vigencia de la iniciativa que le diera nacimiento; entender, en definitiva, con sentido de responsabilidad compartida, la inmensa aventura del gran periodismo en las actuales circunstancias del mundo, la cual exige, cada día, de sus autores un acto de perseverante".
Finalmente en esta charla destacaba el papel del periodista, del comunicador en aquel momento y porque no en el presente quizás mucho más: "Ningún oficio intelectual corre más riesgo que el suyo en el mundo actual. Está bajo la terrible dictadura de una sociedad de masas, en la que todo, bienes espirituales y materiales, se convierten en objeto de propaganda y de consumo".
Celebramos en esta sesión este siglo y medio de La Prensa, que dirigió uno de nuestros miembros eméritos don Lauro Laiño, y en el que algunos de los que rodeamos esta mesa hemos tenido el honor de colaborar.
* Vicepresidente primero de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación.
La Academia decidió enviar una nota al diario y efectuar una visita protocolar a sus autoridades en fecha próxima. En nombre de la familia fundadora se comunicó la adhesión de Juan Etchebarne Gainza.
Asistieron el presidente de la Academia Argentina de Cirugía doctor Alberto Ferreres, y, entre otros, los académicos Canela, Paula Ortiz, Teresa Fuster, Juan Carlos Lynch, Justin Harman, Isabel Clucellas, Néstor Oscar Linari, Sara Shaw de Critto, Guillermo Mac Loughlin Bréard, José Sellés Martínez, Susana Reinoso, Carmen Verlichak, Bernardo Lozier Almazán y Eduardo Sadous.