Las mujeres reales no somos ángeles

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La belleza y la sensualidad vienen en todos los tamaños y colores. Tod@s podemos ser atractiv@s, tod@s podemos tener placer.

Esta semana Lane Bryant, una empresa de lencería norteamericana lanzó una campaña publicitaria con bellísimas modelos que resultan ser extralarge. Como ellas bien dicen, “ser sexy pasa por cómo te sentís”. Y rematan con un “no soy un ángel” en oposición a las ultradelgadas “ángeles” de Victoria’s Secret.

Las mujeres reales no somos ángeles en más de un sentido. Y menos mal, porque los ángeles, para quienes creen que existen, son seres espirituales, asexuados.

Nosotras las mujeres, en cambio, existimos en carne, hueso y piel, y somos sexuadas y sexuales. Reales y concretas. Distintas unas de otras, flacas, gordas, altas, petisas, de todos los colores, voluptuosas o andróginas. Velludas o lampiñas. Con capacidades diferentes. Inclusive hay mujeres que tienen pene (las mujeres transexuales). Y todas somos el cuerpo que habitamos, porque no podemos ser fuera de este nuestro cuerpo.

El cuerpo femenino puede ser tan sensual que debió ser domesticado… Antes, por la moral y las buenas costumbres. Ahora, por el gimnasio, las dietas, la cosmética, la moda (que a veces sí

incomoda), la depilación, las cirugías estéticas y un largo etc. Nadie dice que no nos cuidemos, pero la obsesión actual por tener determinado tipo de cuerpo es otra cosa… Como si ¨ese cuerpo ideal¨ trajera ¨la felicidad¨, como si la ausencia de ese ideal hiciera imposible ser atractiv@, tener una pareja (si eso se quiere), o tener un encuentro o placer sexual. Esto simplemente no es cierto, porque, por un lado, alcanzar el ideal cultural de belleza no garantiza nada, y por el otro, podemos gozar tal cual somos.

El conocerse a un@ mism@ y aceptarse, la simpatía, el humor, el estar abierto a nuevas experiencias, el cuidarse y cuidar a la pareja, el respeto, el saber dar, recibir y pedir, todas estas características son las que hacen atractiva a una persona. Más aún, hacen que esa persona siga siendo atractiva a través de los años. Y estas características vienen en todos los tamaños y condiciones.

Si nos centramos en el campo del encuentro emocional y sexual, si bien es cierto que el primer impacto es visual, el estímulo se sostiene desde otro lado: desde la piel. Las caricias, los besos, los abrazos, es decir, el tocar y ser tocad@ es lo que importa. Y el tacto no discrimina entre delgadez y gordura, sino entre suavidad y aspereza, calidez o frialdad, aceptación o rechazo.

Entonces si tod@s somos un cuerpo que siente… tod@s podemos acceder al compartir, al encuentro, al placer. No somos ángeles.

* Médica Pediatra – Sexóloga Clínica
www.sexologaedithmartin.com.ar

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