Un enfrentamiento sin tregua avanza en Irak y Siria: es entre sunitas y chiítas y amenaza con reconfigurar el mapa conocido de Medio Oriente. El EIL, un grupo terrorista sunita, podría provocar una partición de hecho en territorio iraquí, devastado por las guerras, sin Estado y sin la presencia de las tropas de EEUU, que apenas contenían la guerra civil. Otro tanto ocurre en tierras sirias. Un viaje al futuro, que queda atrás.
Una nueva guerra tiene lugar simultáneamente en dos países del Medio Oriente, aboliendo las fronteras entre Irak y Siria. La agrupación terrorista Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL, ISIS en sus siglas en inglés), grupo yihadista conocido por su crueldad, amenaza en este momento a Bagdad. Para The New York Times, las posibilidades del EIIL de convertirse en dueño de Irak son mínimas, pero el conflicto seguramente tendrá repercusiones trágicas.
“Bienvenidos al Infierno” titula el diario saudita “Ashark Al-Awsat” para describir este Medio Oriente en el que la guerra entre sunitas y chiitas puede provocar una implosión. Aunque aún no puede arriesgarse el vencedor, puede ser Irán, cortejado en este momento por Washington, o a lo mejor Siria, que se regodea pensando que con este conflicto puede pasar al olvido el régimen de Bachar al Asad, subraya el diario árabe editado en Londres “Al Hayat”. En cuanto a Estados Unidos, “su presidente vive en un estado de somnolencia”, según menosprecia a Brack Obama el diario israelí “Yediot Aharonot”. Así es como once años después de la intervención de EEUU contra Saddam Hussein, el país amenaza con hundirse mientras Teherán se frota las manos.
Curiosa recomposición la de Irán, hasta hace poco un país prohibido que revive como posible aliado de Estados Unidos contra los terroristas sunitas del EIIL, al mismo tiempo que se mantiene como aliado incondicional de Asad, encantado de que por un tiempo se olvidaran de sus torturas. Los guardianes de la revolución han resultado más frecuentables que la horda de combatientes del EIIL que sueñan con imponer un Estado islámico.
La ofensiva llevada a cabo en Irak por el EIIL habría permitido al grupo jihadista acumular más de mil millones de euros, según las informaciones difundidas por las autoridades de Bagdad. Cuenta el rotativo inglés “The Guardian” que dos días antes de que el EIIL tomara Mosul, la segunda ciudad iraquí, las autoridades iraquíes obtuvieron 160 USB conteniendo información detallada sobre el grupo terrorista. Allí encontraron los nombres de guerra de los soldados extranjeros, de los dirigentes y las iniciales de sus fuentes en el interior de los ministerios, así como datos clave sobre sus finanzas. “Antes de la toma de Mosul poseían 645 millones de euros”, confió un responsable iraquí al diario británico. “Ahora con el dinero robado a los bancos y el material militar apropiado, puede hablarse de una fortuna de 1500 millones de euros”, añadió el rotativo.
La organización terrorista iraquí parece muy estructurada, cuenta “The Guardian”, cada uno de sus miembros ha sido meticulosamente elegido sin que ninguno conozca jamás el nombre de sus colegas, ipero sobre todo son muy determinados: “Hace tres años el EIIL no era más que una banda de extremistas, ahora son, se puede afirmar, el grupo terrorista más rico y más competente del mundo”, estima el matutino londinense. Han amasado enormes sumas de dinero gracias al robo en los sitios arqueológicos o tomando el control de yacimientos de petróleo, particularmente en el este de Siria, por los cuales piden enormes rescates a las compañías.
Impotente frente al bloqueo del Congreso, Obama además está entrampado por este caos en Medio Oriente. Para Edward Luce, cronista del “Financial Times” en la región, Obama parece harto de su cargo y ya está pensando en el final de su mandato, dentro de apenas 18 meses. “¿Qué individuo sano de espíritu querría ser presidente de Estados Unidos?”, se pregunta Luce. “Después de haber debutado con muchas esperanzas, el pasaje de Barack Obama por el poder nos recuerda que es mejor prestar atención a lo que se desea, ya que se podría obtener”, apunta no sin ironía.
En Estados Unidos las chances de Obama de terminar su segundo mandato con algo grande están muy cerca de cero, después del sismo provocado por el “Tea Party”, cuando el republicano Eric Cantor, número dos de la Cámara de Representantes, fue abochornado por un desconocido candidato “libertario” en la primaria del pasado 10 de junio.
Todo esto ocurre al mismo tiempo que las tropas iraquíes entrenadas por los americanos abandonan sus armas y huyen al primer contacto con los combatientes de Al Qaeda, mucho más minoritarios que ellos. Mientras Obama juega largas partidos de golf anhelando cuanto antes que llegue su reemplazante, según información que brinda el prestigioso sitio “Político”.
“El debate sobre la responsabilidad de unos y otros en la descomposición de un Estado que fue uno de los más fuertes del Oriente Próximo contemporáneo oculta una realidad brutal: desde hace 34 años, Irak no conoce otra cosa que la guerra –interior, exterior, religiosa, civil, etc.-Y cada uno de estos shocks quiebra una identidad nacional aun dudosa”, afirma Alain Frachon, jefe de Editoriales de “Le Monde”. El Iraq de hoy está cortado en tres partes: al noreste se ubica el Kurdistán, una isla de tranquilidad autónoma; al sur, a partir de Bagdad comienza el país de los árabes chiitas; al oeste y al noroeste, está el de los árabes sunitas. Aquel Estado unitario creado por los británicos sobre los despojos del Imperio Otomano, en 1921, el politólogo Jean Pierre Luizard dice que “fue construido contra su sociedad”: árabe chiita en un 55%, kurdo en un 25% y árabe sunita en un 16%.
“El descenso a los infiernos de Irak comenzó en1979”, continúa Frachon. Número dos del régimen desde 1970, Sadam Hussein accedió a la cúspide del Estado y del partido en el poder, el Baas. Híbrido de nacionalismo árabe militante y de progresismo laico, el régimen se convirtió en una mezcla exacta de implacable dictadura política con éxito económico y social. El petróleo financió uno de los mejores sistemas de salud y de educación del mundo árabe y la compra masiva de armamento. “Mayoritariamente sunita, el Baas practica un nacionalismo sectario: margina a la mayoría chiita y martiriza a los kurdos”, explica el editorialista del diario parisino.
En 1979, una revolución islámica –la primera en la región- instala al ayatolá Ruolláh Jomeini en el poder en Teherán. La joven república islámica de Irán quiere extender su revolución. Desprecia a las monarquías del Golfo por corruptas y a los “baasistas” de Bagdad por ateos, y prolonga la ancestral rivalidad entre persas y árabes.
El mundo árabe, de manera unánime empuja a Sadam a la guerra. Hay que desestabilizar a esa revolución amenazante. Tienen miedo de Jomeini y temen por el futuro del petróleo. Estados Unidos, Europa y la Unión Soviética apoyan a su amigo Sadam. Un terrible error de todos. Atacando Irán, el raïs acaba hundiendo a su pueblo en una larga noche. El país jamás de recuperará de una guerra que va a durar ocho años y a dejar centenares de miles de muertos. Sadam descargó impunemente sus armas químicas contra los iraníes y la paz llega en 1988 con su régimen arruinado, tanto que termina pidiéndole ayuda financiera a las monarquías del Golfo. Después de todo lo que hizo por ellas, las ingratas se la niegan. Y Sadam se venga: el 2 de agosto de 1990 invade Kuwait, aventura, esta última, que provoca una masiva intervención americana en lo que se conoce como la primera Guerra del Golfo. Pero su derrota a manos occidentales no entraña su caída. Por el contrario, ahoga en sangre una rebelión de chiitas y de kurdos “esponsoreada” por la CIA.
El país está de rodillas pero las Naciones Unidas lo someten a un embargo draconiano y el régimen se transforma en una dictadura feroz que acaba con los últimos recursos del país. Mientras tanto, el yihadismo firma su entrada en el nuevo siglo con los atentados del 11 de septiembre de 2001. Después de enfrentar a los talibanes de Afganistán que alojaban a Al Qaeda, George W. se las agarra con Sadam. El pretexto invocado para la invasión era falso. Sadam no tenía armas químicas. Una ocupación desastrosa termina de desmantelar lo que quedaba del Estado iraquí, asegura el resurgimiento de Al Qaeda e instala a los chiitas más sectarios en el poder, para gran satisfacción del “padrino” iraní.
De ahí en más el porvenir de Irak es la guerra, concluye Frachon. Y no se equivoca, guerra contra Irán (1980-1988); guerra contra la coalición internacional (1991); guerra contra Estados Unidos y el Reino Unido (2003) y ahora la guerra entre sunitas y chiitas.
Después de la toma de Mosul, el 10 de junio pasado, y durante la desenfrenada carrera que lo llevó hasta los alrededores de Bagdad, el EIIL no solo acumuló victorias, también engrosó sus filas. Según uno de sus voceros, 12 mil iraquíes habrían sido reclutados bajo del estandarte negro de la yihad. Según estimaciones un poco exageradas, su fuerza podría contar con 20 mil combatientes.
El efecto sorpresa del que el EIIL se benefició al comienzo de su ofensiva (el 6 de junio) y la relativa atracción que este parece ejercer sobre la población sunita, deforman la percepción que se puede tener de la potencia de este grupo. El Estado islámico cuya puesta en escena se ha vistor en videos ultravioletas y cuyos combatientes son invariablemente descriptos por el primer ministro iraquí, el chiita Nouri Al-Maliki, como una “horda de terroristas”, no es finalmente más que el rostro terrorífico y ultramediático de una extensa coalición sunita que mezcla numerosos grupos de ideología variada.
Esta heterogénea banda se puede dividir en cuatro categorías:
1. Los nostálgicos de Sadam Hussein, antiguos oficiales baasistas de la invasión de 2003 que nunca dejaron las armas. Después de la caída de Sadam llevaron a cabo operaciones junto a Al Qaeda. Este grupo es el más poderoso y el principal aliado del EIIL en Irak.
2. La segunda categoría comprende a los cercanos a los Hermanos Musulmanes. Oficialmente todas las formas de operación suicida están prohibidas por la confraternidad.
3. La tercera categoría engloba una multitud de grupúsculos armados sunitas de tendencia baasista o islamista, que tomaron las armas contra los estadounidenses en 2003. Todos estos grupos parecen haber integrado la coalición conducida por el EIIL después de las grandes manifestaciones de comienzos de 2013, que denunciaban la marginación, la opresión y las injusticias de la que la comunidad sunita ha sido víctima durante el gobierno de Maliki, un fanático chiita.
4. La cuarta y última categoría está formada por los jefes de las tribus en el seno de los consejos revolucionarios que nacieron en casi todas las ciudades y pueblos sunitas de Irak después de la brutal dispersión de las manifestaciones. Sin embargo el espectro de esta coalición es tan amplio que es difícil encontrar puntos comunes entre sus miembros, salvo que son sunitas ultraradicalizados.
Abou Bakr Al Baghdadi es el misterioso líder de esta secta que ha mezclado la Edad Media con la tecnología digital. El hombre es famoso por cultivar el secreto. Solo dos fotos se conocen de él y le fueron tomadas una vez que estuvo detenido por los norteamericanos por actos de tortura y asesinatos. Actualmente lleva siempre una máscara, tirando a careta, la que usa aunque esté con sus más próximos.
“Sería capaz de secuestrar familias enteras, condenarlas a muerte y ejecutarlas en público”, subraya un informe de los servicios secretos de EEUU. Según “The Telegraph”, Baghdadi (o Abou Du’a, uno de sus alias más conocidos), en 2011 se benefició de una amnistía antes de la retirada estadounidense de Irak. Hoy el FBI ofrece 10 millones de dólares a toda persona que esté en condiciones de suministrar información que permita ponerle las manos encima.

