Este mes se cumple 140 años del nacimiento del narrador y poeta Macedonio Fernández y 85 del fallecimiento de Paul Groussac, dos antecedentes impostergables que explican por qué un país periférico tuvo a Jorge Luis Borges.
Si nos empecináramos en buscar antecedentes del genial Jorge Luis Borges, no podríamos soslayar dos nombres que influenciaron en su juventud al bardo ciego fallecido en Ginebra: Macedonio Fernández, un buen amigo de su padre, y el francés Paul Groussac, director de la Biblioteca Nacional durante su adolescencia. Dado que este mes se cumplen 140 años del nacimiento del primero y 85 de la muerte del segundo, usaremos las efemérides para recordarlos.
Macedonio, como el mundo literario lo conoce, nació el 1º de junio de 1874 y estudió Derecho y Ciencias Sociales enla Universidadde Buenos Aires, donde fue condiscípulo y amigo de Jorge Borges, padre del escritor.
En 1897, se doctoró en jurisprudencia y participó con varios amigos –entre ellos Borges padre y Horacio Quiroga- en un proyecto para la fundación de una colonia socialista en la selva de Paraguay. Sin embargo, abandonó todo y en 1901 se casó con Elena de Obieta, con quien tuvo cuatro hijos: Macedonio, Adolfo, Jorge y Elena.
Durante veinticinco años, Macedonio ejerció la abogacía sin demasiado entusiasmo. Su esposa falleció en 1920, tras una operación quirúrgica, y el escritor cayó en una depresión tal que sus hijos quedaron al cuidado de abuelos y tías.
Entonces, Macedonio se dedicó a vivir austeramente en pensiones de los barrios de Once y Tribunales. Sus únicas posesiones eran una sartén, un calentador Primus, una pava para el mate, una guitarra y una fotografía del filósofo William James. En 1947 se fue a vivir con su hijo Adolfo de Obieta frente al Jardín Botánico.
Jorge Luis Borges estuvo marcado por la escritura de Macedonio, tal como admitió públicamente en un homenaje tras su muerte: “Yo por aquellos años lo imité, hasta la transcripción, hasta el apasionado y devoto plagio”.
A Macedonio nunca le interesó publicar sus libros, por lo cual se encargaron de hacerlo sus amigos y su hijo Adolfo, antes y después de su muerte, el 10 de febrero de1952, alos 78 años.
Algunos de sus mejores textos son “No toda es vigilia la de los ojos abiertos”, “Papeles de Recienvenido”, “Una novela que comienza”, “Museo dela Noveladela Eterna; primera novela buena” y “Adriana Buenos Aires; última novela mala”.
El bibliotecario. El 27 de junio de 1929, falleció el francés Paul Groussac, nacido en Toulouse el 15 de febrero de 1848. Llegó ala Argentina a los dieciocho años, trabajó en el campo, estudió en la ciudad, alternó con políticos e intelectuales y fue la mejor síntesis de la cultura franco-argentina en la época en que los intelectuales nacionales miraban hacia París.
Además, fue profesor, inspector de Enseñanza Media, director dela Escuela Normalde Tucumán y dela Biblioteca Nacionaldesde 1885 hasta su muerte.
Groussac era un escritor con espíritu irónico que influyó mucho a sus coetáneos y a las generaciones posteriores. Crítico riguroso, fue un narrador ameno de relatos de viajes como “Fruto vedado”, “Relatos argentinos” y “Del Plata al Niágara”, y libros históricos.
Como periodista, fueron célebres sus columnas en la “Revista Argentina”, la “Revista de La Biblioteca” y el diario “La Nación”. Sus escritos principales fueron reunidos en los libros “El viaje intelectual” y “Crítica literaria”.
Muchos de sus críticos señalaron que si hubiera tenido “mayor generosidad y menor acritud”, habría sido un crítico cultural completo. O “un misterio” como lo calificó Borges cuando tenía 30 años.
El escritor y crítico Ricardo Piglia remarcó que el “Pierre Menard, autor del Quijote”, es un remedo humorístico de Borges hacia su maestro Groussac. El poeta argentino también lo menciona en el libro “Discusión”, de 1932, con lo cual mucho se ha especulado con que el Groussac que nos llega hasta el siglo XXI es, en realidad, un personaje de Borges.

