Si bien hasta ahora el dinero virtual circulaba especialmente para transacciones a través de Internet, en Berlín se está abriendo paso en el comercio tradicional.
Por Lucia Weiss
BERLÍN (dpa) – Desde que Cassandra Wintgens pegó en la entrada principal de su hostal de Kreuzberg, en el corazón de Berlín, un adhesivo azul que con su gruesa “B” amarilla anuncia “Aceptamos bitcoins”, ningún turista ignora que allí es posible pagar con esta polémica moneda virtual.
El hostal “Lekkerurlaub Notaufnahme” (algo así como “Admisión de Urgencias – vacaciones sabrosas”) es el séptimo comercio de este popular barrio berlinés que acepta bitcoins en las transacciones cotidianas, tanto si se trata de pagar un café como de pasar la noche. Y de seguir así, la moneda digital podría llegar a ser tan corriente como las tarjetas de crédito y el efectivo.
Si bien hasta ahora el dinero virtual circulaba especialmente para transacciones a través de Internet, en Berlín se está abriendo paso rápidamente en el comercio tradicional. Una noche en el hostal Lekkerurlaub cuesta actualmente por persona alrededor de 0,4 bitcoins, o sus 40 euros (52 dólares) equivalentes.
De momento sólo han tenido un cliente pagó una cena con bitcoins, la semana pasada. “Me parece de lo más emocionante, porque no necesitamos a los bancos, que siempre te van a perjudicar y no nos favorecen en nada a los miniempresarios”, se alegra y se queja la hostelera.
Las bitcoins existen desde 2009 y se intercambian directamente entre el comprador y el vendedor, que previamente debe haberlos comprado con dinero real en los mercados virtuales.
Fue su vecino Joerg Platzer quien convenció a la hostelera berlinesa de las virtudes de la moneda digital. En su bar “Room 77”, a un par de puertas del hostal, la cerveza se puede pagar con bitcoins desde hace dos años.
“Como empresario me resulta ventajoso porque no hay costos extra y la transacción es inmediata”, dice Platzer. En cambio, si se reciben pagos con tarjeta de crédito hay que pagar pagar comisiones y el dinero tarda en entrar a la cuenta.
En la barra de hormigón y vidrio del “77” se juntan unas cien personas al día, de las que aproximadamente un diez por ciento paga con bitcoins.
En el momento de pagar, en vez de billeteras sacan sus “smartphones”: una aplicación escanea un gráfico que cifra el número de cuenta de quien paga y a veces también la cotización en euros o dólares de las bitcoins en el momento de la transacción, y envía el pago directamente a la cuenta en bitcoins del vendedor.
Todos los usuarios del sistema puede ver el pago en línea, pero la identidad de los usuarios participantes de la transacción permanece oculta.
La cantidad de dinero del sistema es limitada. Cuando la oferta y la demanda oscilan mucho, la cotización de las bitcoins se modifica con similar amplitud: a principios de abril, el precio cayó de 266 dólares a menos de 80.
En el mundo de los euros y dólares, los bancos centrales se encargan de la estabilidad de precios de las divisas mediante el control de la oferta monetaria. En el mundo bitcoin falta esta instancia reguladora.
Pero Platzer no considera que la volatilidad de la moneda sea un problema, pues ante cualquier temor las bitcoins se puede reconvertir a euros en cualquier momento. En su opinión, en esa zona de Kreuzberg las bitcoins continuarán conquistando comercios, como prueba que otras tiendas ya han anunciado su intención de sumarse al sistema. “Las bitcoins son el dinero del futuro”, asegura.
No obstante, “las bitcoins siguen siendo una gran excepción en el comercio real, se usan marginalmente, nunca para grandes operaciones”, señala por su parte el mexicano Raúl Roja, catedrático de Inteligencia Artificial de la Universidad Libre de Berlín.
El experto se dedicó durante más de una década a estudiar las monedas digitales, y su principal problema está en las grandes fluctuaciones de cotización, asegura.
Recientemente, titulares provenientes de Estados Unidos proyectaron sombras sobre las bitcoins: al parecer, el sistema de pago por Internet Liberty Reserve, con sede en Costa Rica, es presuntamente el corazón de un vasto circuito de blanqueo de dinero.
Pero estas operaciones ilegales no son comparables con el sistema de bitcoins, que se gestiona mediante un proceso informático complicado y costoso. Además, su volumen se limita a 21 millones de euros, lo que hace la moneda virtual poco apta para el blanqueo de dinero. Por eso las bitcoins son escasas como el oro.

