Papa económico

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La primera intervención de Francisco sobre la crisis económica global advirtió que en su orígen se trata de una crisis antropológica. El Hombre perdió al Hombre, apunta el pontífice. Un discurso de principios en un mundo sin escrúpulos.

El pasado día 16 el papa Francisco sorprendió con su primera intervención sobre la crisis financiera mundial, que golpea, desde hace varios años, a todo el planeta. No caben dudas de que los tiempos de la Iglesia católica son lentos, pero todos los días, en sus misas en la capilla de Santa Marta, donde decidió quedarse a vivir, en su catequesis, en sus intervenciones, da señales de que está decidido a reformar drásticamente, con gestos y acciones, el modo de gobernar al catolicismo.

En estas misas matutinas observadas con atención por todos los vaticanistas, el Papa marca el rumbo y dice cómo quiere cambiar la Iglesia. Denuncia el afán de hacer carrera, la cizaña, la vanidad, a los sacerdotes que piensan en sí mismos y se vuelven lobos rapaces en lugar de defender a su grey.

Reclama casi a diario que la Iglesia salga hacia la periferia, que no se quede encerrada en sí misma y se ocupe de los más débiles, los más pobres, los más necesitados. Consciente de que la Iglesia católica está en crisis y que perdió fieles y vocaciones, pide una vuelta a lo esencial y que los sacerdotes sean pastores con olor a oveja.

Reclama esa reforma moral no solo con sus palabras, sino también con los hechos. Uno de los principales, hasta ahora, fue la creación de un grupo colegiado de ocho cardenales de todos los continentes que deben ayudarlo a cambiar de raíz la Curia y a gobernar la Iglesia en forma más descentralizada.

Muchos se preguntan cuándo Francisco –un nombre que es un programa en sí mismo- comenzará a cambiar las personas en el gobierno central de la Iglesia. Hizo designaciones, sí, pero antes de relevar funcionarios de cargos clave, cosa que podría comenzar a hacer en septiembre u octubre próximo, intenta cambiar la mentalidad.

Francisco demostró que no tiene miedo de romper la tradición. Se instaló definitivamente a vivir en la residencia de Santa Marta, rechazó ponerse los zapatos rojos y la muceta y todo indica que sigue siendo él mismo.

No duda en salirse del protocolo para estar más cerca de la gente. Los miércoles, cuando la multitud acude al Vaticano a la audiencia general, aunque sus custodios le aconsejen no bajarse del “papamóvil”, el papa argentino sigue su instinto y saluda, uno por uno, a los enfermos en sillas de ruedas, abrazándolos y acariciándolos. Aunque sus custodios teman por su seguridad, Francisco quiere estar bien cerca de los fieles.

También rompiendo la tradición y demostrando que sabe exactamente qué desea, quiso que en el recién salido Anuario Pontificio 2013, solo dijera bajo su nombre “obispo de Roma”. Relegó los demás títulos a la página siguiente, otra señal del rumbo de su pontificado, que representa aire fresco para la Iglesia católica y ha despertado enormes expectativas, el tiempo dirá si también, son exageradas.

En Argentina el despliegue que muestra su obra tiene un seguimiento casi diario en el matutino “La Nación” y por su corresponsal en Italia, Elisabetta Piqué.

La radiografía de la situación actual que realizó el Papá no pudo ser más implacable. Una situación, dijo, marcada por la “dictadura de la economía” y la falta de ética. De sus maldiciones no se libraron ni la falta de ética, ni la corrupción tentacular ni la egoísta evasión de impuestos.

Con tonos muy duros, el Pontífice denunció “la precariedad cotidiana de consecuencias funestas”, y el desequilibrio promovido por la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera.

Al reclamar una “reforma financiera que sea ética” y que produzca a su vez una reforma económica que sea saludable para todos, llamó a un cambio de actitud a los dirigentes políticos, para que estén “verdaderamente al servicio del bien común de sus pueblos”.

“El Papa ama a todos, ricos y pobres, pero el Papa tiene el deber, en nombre de Cristo, de recordarle al rico que debe ayudar al pobre, respetarlo, promoverlo”, clamó. El Papa exhortó a la solidaridad desinteresada y a un “retorno a la ética a favor del Hombre en la realidad financiera y económica”.

Francisco aprovechó la presentación de las cartas credenciales de los embajadores ante la Santa Sede de Kirguistán, Antigua y Barbuda, Luxemburgo y Botswana, para despacharse con palabras fuertes sobre el actual desorden económico global. Su predecesor, Benedicto XVI solía condenar el capitalismo aunque con menos énfasis.

“La crisis que estamos atravesando nos hace olvidar su primer origen, situado en una profunda crisis antropológica, la negación del primado del hombre”, sentenció al hablar de una “dictadura de la economía sin rostro ni objetivo humano”. Hoy el ser humano es considerado él mismo “un bien de consumo que se puede usar y tirar”, siguió, al mencionar una cultura de lo descartable, a nivel individual y social.

Denunció, por otro lado, que mientras la renta de una minoría crece de manera exponencial, el de la mayoría se debilita. “Este desequilibrio deriva de las ideologías que promueven la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera, negando así el derecho de control a los Estados”, subrayó.

El Papa aseguró que detrás de esta actitud se esconde el rechazo a la ética, el rechazo a Dios. “Así como la solidaridad, también la ética molesta, porque relativiza el dinero y el poder (…) porque conduce a Dios, que está afuera de las categorías del mercado”, fustigó.

Según Piqué, las críticas del Papa a la falta de ética también podrían estar dirigidas al propio Vaticano. Su banco, el Instituto para las Obras de Religión (IOR), tiene una historia poco transparente y está bajo investigación en Italia por presunto lavado de dinero. El organismo, de todas formas, hizo avances los últimos años para cambiar esta situación.

Luego de pedir una “solidaridad desinteresada” y “un retorno a la ética a favor del hombre en la realidad financiera y económica”, el ex arzobispo de Buenos Aires concluyó su primer gran discurso sobre la crisis global recordando que la Iglesia católica, por su parte, trabaja por el desarrollo integral de cada persona.

El que no se privó de dar su opinión fue quién editó las palabras de Francisco y en un recuadro, al pie de página, escribió: “El discurso fue simple y directo. Pero su impacto sería realmente contundente si Francisco aplicara la “reforma +ética” al propio banco Vaticano”.

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