El fantasma de Lino Oviedo y el caos político paraguayo

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Desde 1989, año de la caída de Alfredo Stroessner, Lino César Oviedo ha ocupado –para bien y para mal– un lugar central en la política paraguaya. Primero, fue el principal oficial del general Andrés Rodríguez, al que sirvió y luego reemplazó como figura central por la enfermedad y posterior muerte de éste, al comienzo de la década del noventa. Posteriormente se transformó en un general-empresario, el gran elector de mandatarios. Así fue como “el empresario exitoso” Juan Carlos Wasmosy llegó a ser presidente del país. Más tarde, los cortocircuitos con Wasmosy lo llevaron a ser un “rebelde”, con una muy mala imagen en el exterior y un fuerte arraigo popular en el Paraguay. Ese arraigo quedó confirmado con su inesperado triunfo en la interna del Partido Colorado y su proyección como figura de la centenaria Asociación.

Por su popularidad la clase dirigente paraguaya se complotó para sacarlo de circulación y meterlo preso con la acusación de “golpista”. La imposibilidad de Oviedo para ser candidato y de los otros para ganar las elecciones los llevaron a un acuerdo de circunstancias, esto es colocar un hombre de su confianza (Raúl Cubas Grau) en la Presidencia junto a un miembro de la otra facción (el Dr.Luis María Argaña) para la vicepresidencia.

Pero después de ganar las elecciones de 1998, los colorados antioviedistas organizaron un golpe de Estado acusándolo de asesinar al vicepresidente Argaña, instalando en el poder a su gente: Luis González Macchi y Nicanor Duarte Frutos. Oviedo intentó sin suerte operar desde el exterior gracias al apoyo de Carlos Saúl Menem, pero luego comprendió que era mejor volver, entregarse y pactar para ser rehabilitado. En esa tarea, gracias al carnaval de la polìtica paraguaya, tuvo éxito ya que regresó a la arena política y siguió conduciendo su partido. Tuvo que reacomodar las piezas de UNACE y tratar de empezar a buscar resquicios para presentar su candidatura a la Presidencia.

No tuvo demasiada fortuna porque ya no tenía el apoyo popular de otrora, lo que se debió en parte a que careció de una línea política coherente y a que pactó con todos: primero se acercó tibiamente al entonces presidente Fernando Lugo y luego, en junio pasado, mandó a sus legisladores a apoyar el juicio polìtico y la posterior destitución del ex sacerdote.

En la actualidad conservaba una porción discreta de votos, pero que en un escenario de paridad absoluta entre golpistas eran fundamentales para las elecciones del 21 de abril. Su muerte repentina (más allá de si fue un accidente o no) deja pendiente este tema. Ahora habrá que redefinir la estrategia de UNACE y de todo el tablero polìtico paraguayo.

Raquel Marín (su esposa y heredera política) se declaró nueva jefa de campaña del oviedismo. Nuevamente la sombra de Lino y el coraje de esta correntina tienen en sus manos el destino de unas elecciones erráticas, de candidatos desprestigiados por sus trampas y corrupción (los colorados y los liberales) y de una izquierda maltrecha, debido a las inconsistencias polìticas de Lugo y su gente.

Aunque sólo cabe la conjetura, las alternativas a las que se enfrentan Raquel Marín y UNACE son dos: la primera es no admitir que Oviedo murió en un accidente para que los votos no se le dispersen, decir que hay una mafia polìtica autora de los hechos y procurar traccionar los votos independientes y de colorados descontentos con el candidato de esa fuerza, Horacio Cartes, hacia el nuevo candidato oviedista. En este escenario se va a reavivar la figura del caudillo desaparecido, y el que sea candidato de UNACE deberá tener en cuenta que su discurso y figura deberá ser lo más parecido a Lino Oviedo; la segunda es que UNACE haga un acuerdo con alguna fuerza polìtica. En este caso los liberales están más cerca que los colorados de un pacto. La razón es, sencillamente, que resulta más fácil sacarles votos a los colorados que a los liberales ya que no tienen un candidato muy importante que traccione votos y que el oviedismo discutió, y discute, ese espacio con esa fuerza desde que se separó hace algunos años. La otra razón es el resentimiento entre Cartes y Oviedo.

En cualquiera de los dos escenarios que elija UNACE la crisis dentro del gobierno actual resultará inevitable. El presidente Federico Franco tiene –por el golpe parlamentario de junio– ministros colorados, liberales y oviedistas. Para donde se incline la estrategia oviedista se inclinarán el Presidente y los liberales. En cualquier caso, la violencia y el caos político no podrán ser conjurados.

En este escenario la izquierda que acompañó a Lugo y que ahora tiene otros candidatos va a incrementar su porcentaje de legisladores en el Congreso. Cómo administrarán ese capital político es imposible de saber.

En síntesis, la figura de Oviedo y su fantasma serán grandes protagonistas del presente y del futuro de la polìtica paraguaya. Lamentablemente no hay ninguna novedad en un país que sigue siendo un espacio de corrupción y promiscuidad política. Y como el pez se pudre por la cabeza, la dirigencia paraguaya sigue mostrando que está para cualquier cosa, menos para el bien común.

* Historiador argentino, experto en política paraguaya

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