Inocencia edénica

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Hace 115 años fallecía el británico Charles Lutwidge Dodgson, quien bajo seudónimo escribió “Alicia en el país de las maravillas”. Fue también matemático, lógico, fotógrafo y diácono anglicano. \”Gaceta Mercantil\” propone un recorrido por su obra y su vida.

Por José Luis Cutello

Una particular combinación de fantasía, ironía y absurdo, sus satíricas paradojas, su prosa pulida y un singular sentido del humor lograron, en conjunto, que el británico Charles Lutwidge Dodgson, conocido universalmente como Lewis Carroll, se convirtiera en uno de los más importantes escritores de literatura infantil de la historia.

Bien leída, la novela “Alicia en el país de las maravillas” también encanta al público adulto debido a sus inteligentes bromas con sentido moral y a los apuntes filosóficos que intercala en la historia.

Cuanta una leyenda que, en 1862, durante un paseo en bote por el Támesis londinense con las hermanas Lorina, Alice y Edith Liddell, hijas de un deán de su Iglesia, Dodgson relató una ficción para distraerlas. Según el “Diario” del autor, la narración entusiasmó mucho a Alice, por lo cual la niña le pidió que escribiese la historia.

Esa noche, Dodgson compuso el manuscrito, lo ilustró con dibujos propios y se lo regaló a Alice con el título “Las aventuras subterráneas de Alicia”. El relato fue pulido con el tiempo y, tres años después, él mismo pago su primera edición.

El libro, ya con su título final, obtuvo un resonante éxito de ventas y el elogio unánime de la crítica literaria, que lo impulsó no sólo a la fama, sino también a escribir en 1871 la segunda parte de la historia: “A través del espejo y lo que Alicia encontró allí”, ambos bajo el seudónimo de Lewis Carroll.

Carroll se destacó asimismo con su poema en prosa “La caza del snark”, de 1876, un libro colmado de los elementos fantásticos que se destacan en su producción.

En otro orden, escribió varios textos de lógica simbólica y de matemática, en los que explotó las contradicciones de los principios aceptados en su época. Además colaboraba con revistas de comic y literarias, para lo cual adoptó su famoso apodo.

Su faceta más ambigua fue, sin duda, las fotografías de niñas, a las que retrataba con vestidos de mujeres adultas e, incluso, semidesnudas. Dodgson descubrió la fotografía, primero por influencia de su tío Skeffington Lutwidge y, más tarde, de su amigo de Oxford Reginald Southey y del pionero del arte fotográfico Oscar Gustav Rejlander.

En este nuevo arte, trató de combinar, según escribió en sus “Diarios”, ideales de libertad y belleza con la inocencia edénica, donde el cuerpo humano y el contacto podían ser disfrutados sin sentimiento de culpa. Sus fotos, se dijo, persiguen un ideal de belleza más bien religioso, un estado de gracia.

Entre las más de tres mil imágenes que tomó, sólo mil sobrevivieron para dejar una huella, entre ellas seis desnudos de niñas que le valieron cargos por pedofilia enla Inglaterravictoriana.

De acuerdo con los especialistas en su obra, Dodgson registraba las circunstancias que rodeaba la creación de cada una de sus fotografías, pero su registro fue destruido junto con más de dos mil retratos.

Vida. Charles Lutwidge Dodgson nació en Daresbury, Cheshire, el 27 de enero de 1832. Su familia procedía del norte de Inglaterra y de Irlanda, era terriblemente conservadora y pertenecía a la High Church anglicana. Muchos de sus parientes, entre ellos sus hermanos, se dedicaron ala Iglesia y al Ejército.

Charles inició estudios en su casa, con una precocidad intelectual tal que lo llevó más tarde a estudiar enla Universidadde Oxford. Allí, su brillantez como matemático lo hizo célebre y obtuvo en 1857 un puesto de profesor que desempeñaría durante 26 años. Cuatro años después fue ordenado diácono de su iglesia.

Sus primeros pasos en la literatura fueron dados a través de poesías y de cuentos que enviaba a revistas como “The Comic Times” y “The Train” y que le reportaron un relativo éxito entre los críticos. Estos escritos eran más bien humorísticos y, en ocasiones, componía sátiras contra las costumbres victorianas.

Al final de su vida, se editaron los dos tomos de su última novela “Silvia y Bruno”, en 1889 y 1893, respectivamente. Cinco años después, rodeado de rumores sobre pedofilia y uso de narcóticos, falleció en Surrey, un 14 de enero.

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