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Round clave

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Con un panorama impredecible y las encuestas de intención de voto en empate técnico, Barack Obama y Mitt Romney comienzan a transitar los veinte días definitivos que desembocarán en el triunfo de uno de ellos como presidente de Estados Unidos. La clave del segundo debate para conquistar al electorado, el peso del voto latino y el avance republicano sobre sectores tradicionalmente demócratas.

Por Jorgelina Perez

Barack Obama y Mitt Romney tienen por delante veinte días cruciales para intentar quedarse con la Presidencia de Estados Unidos el 6 de noviembre, en medio de un panorama tan impredecible que cualquier gesto o palabra de un candidato puede garantizarle los próximos cuatro años en la Casa Blanca o hacerle perder definitivamente sus esperanzas.

Las encuestas muestran un empate técnico en todas las encuestas aunque la mayoría le da una leve ventaja al candidato republicano, luego del repunte que logró tras el primer debate frente a Obama el pasado 3 de octubre en Denver.

El actual presidente sabe que el impacto que tenga en los próximos días el resultado del segundo debate realizado este martes en la Universidad Hofstra, en Nueva York, podría ser definitivo en sus aspiraciones por convencer al electorado indeciso y lograr la relección.

En el primer debate, seguido por casi 70 millones de espectadores en Estados Unidos, el mandatario se mostró desganado y poco firme en sus apreciaciones y en la defensa de su gobierno, frente a un Romney mejor plantado y más seguro de sí mismo, según coincidieron la mayoría de los analistas. Tras ese debate, el republicano pasó al frente en las encuestas en los Estados clave que definirán la elección y logró ganar terreno entre la comunidad latina y las mujeres, dos sectores tradicionalmente más afines a los demócratas.

Encuestas parejas. En los días sucesivos al primer debate, las encuestas empezaron a volcarse a favor de Romney. Por primera vez desde que comenzó la campaña, el sitio “RealClearPolitics”, que promedia las encuestas a nivel nacional, ubicó al ex gobernador de Massachusetts con el 47,3 por ciento de intención de voto frente a un 45,9 de Obama.

Para Gallup, luego del primer debate televisado, el presidente perdió los cinco puntos porcentuales que le llevaba a su rival republicano y ambos quedaron con un 47 por ciento de intención de voto.

La encuestadora Pew coincidió con Gallup en la pérdida de puntos del presidente, pero con una brecha más amplia: sus sondeos indican que el mandatario perdió doce puntos en las últimas semanas, al pasar de estar con ocho puntos de ventaja antes del debate, a cuatro puntos por atrás, 49 contra 45 por ciento.

Sin embargo, el último sondeo de “ABC/The Washington Post” le da a Obama el 49 por ciento de las preferencias contra el 46 por ciento para Romney, y coloca al presidente al tope de las preferencias en Estados clave que definirían la elección.

Las noticias sobre resultados de encuestas varían a cada momento y generan alegría o preocupación en los equipos de los candidatos. En el estado de Florida, que tiene 29 de los 270 votos electorales que necesita un candidato para ganar en las presidenciales, Romney lleva una ventaja de siete puntos (51 a 44 por ciento) luego de estar ligeramente por debajo de Obama, según una encuesta de “Mason-Dixon Polling and Research” publicada el viernes por el diario “The Miami Herald”.

Pero una buena para los demócratas es que los sondeos están virtualmente empatados en Arizona, un bastión tradicionalmente favorable a los republicanos pero con una alta población latina que logró nivelar las preferencias.

Para los analistas los números muestran algo insólito: que un presidente pierda la importante ventaja que llevaba sobre su rival debido a su actuación errática en un debate es algo que se da rara vez.

Y los sectores en los que Romney logró descontar las mayores diferencias sobre Obama son entre las mujeres y en la clase media. En el primer grupo, el presidente llegó a sacarle 18 puntos de ventaja, y ahora están empatados en 47 por ciento. En el segundo, estaba ocho puntos por encima y el republicano también logró igualarlo.

Ya en los días definitorios de la campaña, ambos candidatos intentan cosechar votos de la mano de sus esposas, que tienen grados de popularidad más altas que ellos, y que en las últimas semanas se metieron de lleno en la campaña de punta a punta del país.

La primera dama, Michelle Obama, cuenta con una imagen positiva del 69 por ciento, trece puntos más que su marido, mientras que Ann Romney tiene una popularidad del 52 por ciento, contra el 45 por ciento de su esposo republicano. Y los equipos de campaña de los candidatos esperan sacar el mayor rédito posible de las buenas imágenes de estas mujeres.

A pesar de la esclerosis múltiple que padece, la mujer de Romney tiene su propio avión privado para moverse de un lugar a otro del país, organiza sus propios actos para recaudar fondos y dio más entrevistas que su marido.

Michelle está más sujeta a los compromisos oficiales de la Casa Blanca, pero no descuida su actividad proselitista. Esta semana adelantó su voto por correo y llamó a quienes no puedan acudir a las urnas el 6 de noviembre que imiten su ejemplo. En los próximos días tiene previsto aparecer en uno de los programas televisivos más vistos en el horario matutino, y encabezar en Los Ángeles una cena de recaudación de fondos organizada por famosos.

En busca del voto latino. El voto latino siempre fue muy codiciado por los aspirantes a la Casa Blanca, ya que ese grupo representa casi el 10 por ciento del padrón electoral, con unos 23,7 millones de votantes, la mayoría de los cuales respalda al candidato demócrata.

Obama llegó a la Casa Blanca en buena parte gracias al voto de la comunidad hispana (de los 10 millones de latinos que votaron en las presidenciales de 2008, el 67% lo hizo por el actual mandatario), aunque no logró cumplir con su promesa de modificar la ley migratoria.

Pero más preocupada por la situación económica que por la reforma legal, la comunidad latina sigue respaldándolo. De acuerdo con la última encuesta realizada por Newlink Group, el Miami Herald y la Florida International University (FIU), el mandatario obtendría el 66 por ciento de los votos latinos, contra el 31 por ciento de su rival.

Sin embargo, su ventaja dentro del grupo hispano es mucho menor en Florida, uno de los estados clave donde se podrían definir las elecciones y donde aventaja a Romney por 50,7 a 44,2 por ciento. Una franja clave son los cubano-americanos, cada vez más entusiasmados con el candidato republicano, y donde seis de cada diez lo votaría.

El status de los extranjeros que viven en Estados Unidos y el tratamiento hacia los indocumentados, que suman unos once millones, es uno de los puntos más antagónicos entre los candidatos.

El propio Obama, que había asumido la Presidencia con la promesa de facilitar las condiciones para que los ilegales regularicen su situación, admitió el mes pasado que el “mayor fracaso” de su gestión fue no haber conseguido la reforma migratoria integral, aunque confió en lograrla en un eventual segundo mandato.

La crisis financiera, las guerras en Irak y Afganistán y la reforma de salud fueron algunos de los grandes temas que demoraron la promesa, a pesar de que Obama contó en sus dos primeros años de mandato con mayoría en la Cámara de Representantes y 59 de las 60 bancas necesarias en el Senado para aprobar la ley.

“No he logrado todo lo que quería y por eso estoy buscando un segundo período, porque queda trabajo por hacer. Podemos basarnos en el progreso logrado hasta ahora”, afirmó.

El año pasado la Administración Obama anunció que revisaría los casos pendientes de deportación de todos unos 300.000 indocumentados sin antecedentes penales.

Y aunque entonces desde el Partido Republicano criticaron siempre las medidas que tienden a ser más flexibles con los ilegales, Romney prometió que de ser electo no habrá deportaciones masivas de indocumentados e insistió en que el tema migratorio debe ser resuelto de manera bipartidista.

El debate económico. El repunte de la alicaída economía y la suba de impuestos es uno de los temas que más preocupa a la sociedad y que se convierte en clave a la hora de definir el voto.

Ante una mayoría de clase media que considera que el país va por un mal rumbo económico, Obama se burló de su rival republicano, quien había presentado un plan de recortes generalizados de impuestos, que alcanzara a todas las clases sociales.

El actual inquilino de la Casa Blanca considera imposible cuadrar las cuentas públicas sin subir impuestos a los más ricos, mientras que el multimillonario Romney había dicho que su plan no implicaba recortes para esa clase acomodada, una de las principales críticas de los demócratas y uno de los puntos que provocan polémica entre los votantes.

Los compañeros de fórmula de Obama y Romney también tuvieron su debate, en el que mantuvieron una dura pulseada sobre economía y política exterior. Se trató del primero en Estados Unidos que enfrentó a dos católicos, fervientemente creyentes pero con concepciones muy distintas sobre temas como el aborto y el matrimonio homosexual.

Tradicionalmente, el debate entre los aspirantes a la vicepresidencia, que se realiza desde 1976, no tiene demasiadas repercusiones en la tendencia de voto, aunque en un escenario tan ajustado como el actual, cualquier afirmación de los candidatos puede terminar definiendo el voto de muchos electores.

El actual vicepresidente Joe Biden, de 69 años, salió bien parado ante su oponente, el republicano Paul Ryan, de 42, lo que le sirvió a los demócratas para revertir en parte el mal desempeño de Obama ante Romney.

En cuanto a la situación económica, el compañero de Obama dijo que cuando llegaron a la Casa Blanca “la economía estaba en caída libre” y destacó que actuaron “para la clase media”, a la que le “redujeron impuestos” y “salvaron General Motors\”.

Ryan admitió que los demócratas “heredaron una situación difícil” pero consideró que ahora “vamos en la dirección errada”. “Cuando Barack Obama fue electo, su partido controlaba todo, Tenía el poder de hacer todo lo que quisiera y miren adónde estamos\”, añadió.

Uno de los temas más polémicos que enfrentan a las dos fórmulas presidenciales es el aborto. Romney se mostró varias veces a favor de la anulación de una decisión de la Corte Suprema que en 1973 legalizó el aborto en el país, y se comprometió a nombrar en la Corte a jueces que estén contra de esa práctica. Mientras que Obama es un defensor del aborto, porque considera que “las elecciones sobre la salud de una mujer son una decisión personal, tomada con su médico, sin la interferencia de políticos\”.

Ese tema también se coló en el debate entre los vices: Ryan dijo que para él “la vida comienza desde la concepción” y que por eso está “en contra del aborto”. \”Entiendo que es un tema difícil y respeto a las personas que no están de acuerdo conmigo. Pero la política de una administración Romney será prohibir el aborto salvo en caso de violación, incesto o cuando la vida de la madre se encuentre en riesgo\”, dijo Ryan.

Biden ironizó sobre la postura de Ryan, al suponer que “ahora acepta la posición del gobernador Romney” y recordar que “en el pasado (Romney) distinguía entre una violación y una violación forzada, y afirmaba que en caso de violación o incesto sería un crimen tener que recurrir al aborto”.

Decisión final. Faltan veinte días para las elecciones y nada está definido. No todo está perdido para Obama y los demócratas apuestan a revertir la tendencia de las encuestas. Creen que así como se inclinaron hacia un lado pueden hacerlo hacia el otro. Todavía quedan por delante tres semanas y un último debate, el próximo lunes 22. Esa sí será la última oportunidad de ambos candidatos para intentar despegarse de su rival y garantizarse los próximos cuatro años en la Casa Blanca.

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