¿Por qué China eligió una postura pragmática hacia el Talibán?

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En 1996, Pekín se negó a reconocer al movimiento Talibán como gobierno legítimo de Afganistán y cerró su embajada en Kabul. Ahora anunció que mantendrá una relación “amistosa y de cooperación” con los talibanes y no cerrará su legación diplomática. ¿Cuáles son las razones para este cambio de postura?

A pesar de lo que muchos medios occidentales han afirmado, Chino no ha reconocido oficialmente a los talibanes como las nuevas autoridades legítimas de Afganistán, pero sí ha dicho que mantendrá buenas relaciones con ellos.

“El movimiento Talibán de Afganistán ha expresado repetidamente su esperanza de desarrollar buenas relaciones con China y espera la participación de China en la reconstrucción y el desarrollo de Afganistán, y nunca permitirá que ninguna fuerza use el territorio afgano para hacer cosas que pongan en peligro a China”, expresó el ministerio de Relaciones Exteriores de China en un comunicado.

Desde varios países comenzaron a llover las críticas contra Pekín por adoptar una postura distinta a la de la comunidad internacional (es decir, las potencias occidentales).

Sin embargo, el gobierno chino tiene fuertes razones para adoptar una postura pragmática hacia el regreso de los talibanes al poder. Veamos algunas de ellas.

Tierras raras. Hasta ahora las inversiones de China en Afganistán no alcanzan un volumen significativo. Según Nikkei Asia, las inversiones más importantes que ha realizado Pekín han sido en los sectores de la minería de cobre (2007) y la explotación del petróleo (2011), pero ninguna de las dos rindió los frutos esperados.
 
China además ha participado en la construcción de obras de infraestructura como hospitales, viviendas, pequeñas fábricas y algunas carreteras.

Sin embargo, el verdadero interés chino podría estar en los enormes recursos minerales que posee Afganistán, especialmente en lo que se refiere a las llamadas “tierras raras”.

El país asiático, que tiene una superficie similar a la de Chile, posee una reserva de minerales valorada en un billón de dólares, según cálculos de fuentes estadounidenses.

Según NBC, que cita a científicos, Afganistán posee 60 millones de toneladas de cobre, 2.200 millones de toneladas de mineral de hierro, 1.4 millones de toneladas de elementos como lantano, cerio y neodimio, y vetas de aluminio, oro, plata, zinc, mercurio y litio.
 
Solo el depósito de carbonatita de Kaneshin, situado en la provincia de Helmand y valorado en 89.000 millones de dólares, está lleno de elementos de tierras raras, que son cruciales para la fabricación de dispositivos tecnológicos y ya se sabe que uno de los objetivos estratégicos de China es afianzarse como el líder de este sector.

La estabilidad de Xinjiang. Si bien es cierto que China y Afganistán comparten una frontera de tan solo 76 kilómetros, este angosto corredor conecta con la región autónoma de Xinjiang, la cuarta más grande del gigante asiático.
 
Desde comienzos del siglo XX esta región ha sido un foco de tensión para China ya que la mitad de su población, unas 12 millones de personas, pertenecen a la etnia uigur y en su mayoría profesan el islam. Muchos de ellos también están a favor de la secesión de China.

De hecho, en 1933 los uigures declararon la Primera República del Turquestán Oriental, pero ese Estado no reconocido solo existió por dos años. En 1944 apareció la Segunda República del Turquestán Oriental, pero en 1949 el gobierno comunista de China retomó el control sobre esos territorios.

Las potencias occidentales acusan a Pekín de oprimir a los miembros de la etnia uigur, pero China niega esas acusaciones sobre los presuntos abusos a los derechos humanos en Xinjiang y alega que su sistema de campos de “reeducación” es para combatir el separatismo y la militancia islamista en la región.

Por eso, si China puede asegurarse que el nuevo gobierno de Afganistán no se convierta en un aliado del Movimiento Islámico de Turquestán Oriental, considerado terrorista por Pekín, estaría disminuyendo la posibilidad de que se produzcan ataques o hasta un conflicto armado en Xinjiang.

Presencia de tropas de EEUU. Para nadie es un secreto que China se ha unido a Rusia, Corea del Norte e Irán en el club de los países que representan una “amenaza a la seguridad nacional de EEUU”, y que los círculos de poder en Washington no esconden su animadversión a la emergencia de Pekín como la principal potencia económica y tecnológica del planeta.

Algunos políticos y militares estadounidenses incluso ven inevitable que se produzca una confrontación bélica entre ambas potencias.

Pekín sabe que este escenario no está lejos de convertirse en una realidad y por eso hará todo lo posible para mantener a las tropas estadounidenses lejos de sus fronteras.

En definitiva, la postura de China hacia el resurgimiento de los talibanes está guiada sobre todo por el pragmatismo y el cuidado de sus intereses nacionales.

Pekín es consciente de que ideológicamente no tiene nada en común con el Talibán, pero entrar en una confrontación directa con los nuevos jerarcas afganos puede tener un costo muy alto para sus intereses económicos, territoriales y geopolíticos. El mundo ya no es el mismo de 1996.

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