Tokio 2020 se inauguró sin público y con una ceremonia marcada por la pandemia

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Paula Pareto fue la abanderada de la delegación argentina. Minimalismo, congoja y algunos destellos de tecnología se sumaron a la alegría de los atletas.

Una atleta corría sobre una cinta elástica. Una ciclista pedaleaba sobre una bicicleta estática. Una remera fingía dar paladas al agua. Todas en soledad, distanciadas, ensimismadas en su esfuerzo, unidas por el hilo invisible de la tecnología. Tokio, a su manera artística, miró de frente al elefante en la habitación durante su ceremonia inaugural, celebrada hoy en el estadio olímpico modernizado que sirvió de sede a los de 1964.

Son estos los Juegos de la enfermedad, las mascarillas y el aislamiento y no había razón para obviarlo, según lo entendieron los organizadores del acto que dejó inaugurados los Juegos Olímpicos más estresantes de la historia del olimpismo.

La ceremonia empezó representando la preparación inusual que han tenido los deportistas en este año de prórroga antes de enfrentarse al examen olímpico. Danzas elegantes y tradicionales de colorismo oriental, pero a la vez sombrías, enmarcaron el tono compungido del mensaje. Hubo incluso un minuto de silencio por las víctimas del Covid-19. No se escucharon aplausos en un signo de lo insólito de estos Juegos con menos de mil invitados, entre autoridades y dignatarios presididos por el emperador Narahito y el secretario del Comité Olímpico Internacional (COI”, Thomas Bach, ocuparon los palcos y gradas del estadio. Una sensación extraña, marca de estos JJOO convertidos en una lucha agotadora contra la adversidad.

Naomi Osaka, el símbolo del deporte de Japón, la tenista que recientemente se bajó de Roland Garros para no tener que hablar ante los medios, se encargó de encender un pebetero protegido por una cápsula abierta como una flor. Sería el último acto de una ceremonia desigual que remontó tras un inicio tan apagado que en ocasiones, en los momentos de silencio en el lugar, podían oírse a las personas reunidas fuera del Estadio Olímpico de Tokio. No se sabe si protestaban por los Juegos, los más caros de la historia, o para ver algo.

La presencia de los atletas, en un desfile bombeado por música de videojuegos japoneses, aparentemente muy populares, debía cambiar el tono de la ceremonia. Apenas lo logró. Prevaleció la sensación de entusiasmo ficticio.  

El deporte mundial se ha acostumbrado a los partidos a canchas vacías pero faltaba auscultar las emociones en un juego olímpico. Y se diría que una ceremonia sin público pierde absolutamente toda su esencia. Quizá por eso la coreografía completa planteada por el Comité Organizador japonés resultó tan minimalista como un haiku, carente de grandilocuencia. Como si fuera su manera de mostrar sus respetos por las pérdidas humanas en tiempos de pandemia global. Lo más imponente, en el tramo final, el uso de 1824 drones dibujando la Tierra en suspensión sobre el estadio; lo más divertido, los pictogramas representando todos los deportes.

Los atletas hicieron su parte en tratar de darle al día algo de la felicidad olímpica. Con o sin público, es la cita cumbre de las carreras deportivas de la mayoría de ellos. Orgullosos en el desfile y en los saludos dirigidos a las cámaras, y detrás de ellas a los millones de televidentes en todo el mundo. Las delegaciones parecieron en general más reducidas de lo habitual, excepto la de Estados Unidos.

El abanderado de la delegación argentina fue Santiago Lange, de 59 años, que disputará su cuarto juego olímpico tras debutar en Seúl 1988. Junto a su compañera Cecilia Carranza, se convirtieron en un emblema del deporte argentino con la medalla dorada que obtuvieron en Vela en Río 2016, cuando sorprendieron en la clase Nacra 17. 

La yudoca Paula Pareto, médica ella, fue destacada por la revista Time como una de las deportistas que hizo su aporte en la lucha contra el coronavirus. 

Las palabras del emperador y el encendido del pebetero pusieron por fin en marcha unos Juegos que se han hecho esperar como ninguno.

Japón suspira por una tregua de la pandemia, que el sudor y la competición frene mágicamente el avance del virus pero casi un centenar de acreditados ya han dado positivo y se teme que perdure la progresión actual. La incertidumbre planea aún sobre Tokio, que de una forma u otra se propone llegar al 8 de agosto.

 ‘Más rápidos, más altos, más fuertes y juntos’, dice el bonito lema de estos Juegos. Y los más difíciles, sin duda.

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