Leyendo la elección en Madrid

Fecha:

Compartir

Las elecciones regionales en Madrid, que dieron un aplastante triunfo a la actual presidente de la Comunidad, Isabel Diaz Ayuso, del Partido Popular (ganó en los 21 distritos de la capital y en 177 de los 179 municipios de la Comunidad de Madrid), tuvieron como grandes derrotados a las fuerzas de izquierda, haciendo el Partido Socialista la peor elección de su historia en tierras madrileñas con un empate en representación con Más Madrid, desprendimiento de la izquierda comunista de Unidas Podemos, cuyo líder Pablo Iglesias fue otro de los caídos al ocupar el último lugar de la cola, por debajo de la formación de derecha Vox, que aumentó un representante.

Tanto Iñigo Errejón de Más Madrid como el inefable Iglesias provienen del mismo palo: son admiradores confesos de Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Evo Morales, Rafael Correa, Lula, Daniel Ortega y el kirchnerismo, como del régimen cubano. Nunca ocultaron su fe comunista y recibieron cuantiosas sumas ilegales, según la legislación española, del gobierno chavista y del boliviano en “consultorias” de una sociedad, Neurona, tema que hoy está en proceso judicial.

Sin duda que Iglesias es uno de los grandes derrotados de esta elección pero el actual jefe de Gobierno español, Pedro Sánchez, es, aunque trate de ocultarse detrás del entramado mediático que le responde, el más golpeado por esta paliza electoral. En su ambición de formar gobierno, luego de la salida de Mariano Rajoy, Sánchez unió su suerte a los comunistas de Podemos, al separatismo vasco y catalán, y a los representantes en el Legislativo de la organización terrorista ETA, siendo hoy rehén de su propia creación.

Esto le ha valido que un número importante de votantes del socialismo  hayan optado por Diaz Ayuso. Como Joaquín Leguina, histórico socialista y expresidente de la comunidad de Madrid, a quien quieren expulsar hoy del PSOE, como a tantos otros votantes socialistas que rechazan la política y discurso guerracivilista inaugurado por José Luis Rodríguez Zapatero, y teniendo al gobierno cooptado por Podemos, su más visceral expresión, que va de frente con el régimen constitucional nacido en 1978.

El acoso sufrido por Ayuso durante año y medio de pandemia por parte del gobierno central ha sido extremadamente duro, pero la joven dirigente del PP tuvo la fortaleza para aguantar y hacerle frente en Madrid a todo tipo de ataques de la alianza en el poder sin que la propia jefatura del PP se jugara los cueros por defenderla.

Otro gran perdedor ha sido Ciudadanos, que ha desaparecido en Madrid al no superar el 5% de los votos cuando fuera ganadora a simple cantidad de sufragios en Cataluña en 2017, perdiendo en las recientes elecciones catalanas 30 diputados en el Parlament.

La puñalada por la espalda pergeñada por la cúpula del “centrista” Ciudadanos, en combinación con el gobierno de Sánchez en Murcia, promoviendo una moción de censura que hizo perder el gobierno al PP, aliado hasta ese momento a Ciudadanos, fue la luz roja que se encendió en Madrid, donde la jugada venía por la misma senda de la traición de la mano del “ciudadano” Aguado, vicejefe de gobierno de Ayuso, y estuvo a horas de prosperar una moción de censura que hubiera sacado a Ayuso del gobierno. Fuerte de reflejos y de atributos, sin pedir permiso a la cúpula de su partido, léase Pablo Casado y el secretario general Teodoro García Egea, que durante mucho tiempo la ningunearon, librándola a su suerte frente al embate del gobierno de Sánchez e Iglesias, la presidente, con el apoyo de Vox y algunos leales de Ciudadanos, disolvió la legislatura y convocó a elecciones para el pasado 4 de mayo, jugándose a suerte o verdad su futuro político, pero decidida a que el socialcomunismo no se hiciera del gobierno madrileño, con lo que logró su arrollador triunfo y aupó una nueva realidad no solo para Madrid sino para el resto de España.

Ahora bien, ¿debemos leer este triunfo de Ayuso como un logro del PP, de sus altos dirigentes y barones?. Creemos que no ya que hoy lo que se distingue con claridad es que el Partido Popular de Ayuso no es igual al PP de Casado, por más que este se sume a la foto de la victoria, ni al de García Egea, ni al de Nuñez Feijoó en Galicia, quien retiró a la Guardia Civil y promueve el gallego casi con el mismo énfasis del gobierno socialista de Sánchez, que ha proclamado que el español ya no es la “lengua vehicular” de España, para congraciarse con los separatistas de todo color, con los que pareciera coincidir el popular Nuñez Feijoó.

Mientras, Casado retiró como portavoz del grupo parlamentario del PP a la diputada argentino-española Cayetana Álvarez de Toledo luego de cruzarlo fuerte a Iglesias, que la hostigaba con alevosía y que se ensañó con Vox y con su líder, Santiago Abascal, en un ataque personal, votando en contra de la moción de censura promovida por esa agrupación contra Sánchez.

Ayuso supo siempre que el enemigo a vencer no era Vox, muy por el contrario consideró a esta fuerza política necesaria para obtener la mayoría (ya sea por la abstención como por el voto a favor) para lograr ser nuevamente investida como presidente de la Comunidad.

Su eje de campaña fue el ataque frontal al gobierno de Sánchez-Iglesias, estrategia que le dio resultado y dejó perpleja a la izquierda, que hoy atraviesa fuertes debates internos, al ganarle en distritos históricamente llamados el “cinturón rojo” de Madrid, donde se impuso con holgura.  Incluso, parte de su discurso de campaña hacía aparecer a Ayuso más cercana a Vox que al léxico de Casado.

Aunque aún está fresca la elección, varios revulsivos y sismos deben estar transitando tanto dentro del victorioso PP como en el derrotado PSOE.

El rol de Vox. La fuerza política que preside Abascal, y que llevó como candidata a la Comunidad a la sólida y aguerrida Rocío Monasterio, logró consolidarse en Madrid frente al riesgo que implicó una elección muy polarizada, aumentando en un diputado su representación regional.

Vox ha sido desde su irrupción en Andalucía, con 12 diputados, la fuerza política bisagra para que la derecha con el PP y Ciudadanos gobiernen enesa comunidad luego de 36 años de hegemonía socialista.

Al igual que en Madrid, como en la comunidad autónoma en Murcia y en muchísimos ayuntamientos, Vox fue decisivo en la inclinación de la balanza. Con 52 diputados en las Cortes hoy es la tercera fuerza política a nivel nacional y logró hace pocos meses una gran elección en Cataluña, en donde de no tener ningún diputado pasó a once en un territorio hostil a un partido que defiende como punto basal la unidad de España y que confronta a todos los separatistas. En esa misma elección el PP quedó reducido a un grupo de solo tres legisladores.

En un escenario donde el bipartidismo de antaño está desaparecido, Vox levanta un discurso unívoco y claro que confronta con la izquierda en temas como la Ideología de género, la libertad educativa, la unidad de España, el orden constitucional vigente, la “memoria histórica”, la inseguridad, la inmigración ilegal, la batalla cultural, la defensa del español como lengua unificadora, la defensa de la vida, el rechazo a la ley de eutanasia, la defensa del Estado-nación frente a los modelos globalistas, la reducción del gasto político, la defensa de los autónomos y pensionados, y del trabajador del país rural, entre otros temas. Todo esto lo ha llevado a ser una fuerza política compacta que llega a sectores medios y medios bajos, desdeñados por las élites de los partidos históricos.

En esta campaña de Madrid sufrieron agresiones en sus actos por militantes de Podemos y apañados por el gobierno de Sánchez, silenciados por los grandes medios, demonizados hasta el infinito, operados por encuestas que los hacían no llegar al 5% necesario para tener representación.

Desde un inicio Vox sostuvo que su objetivo en la campaña era impedir que las fuerzas de la izquierda coaligadas llegaran al gobierno de Madrid y la noche de la elección ratificaron públicamente su apoyo a Ayuso para que sea investida presidente.

Esta tiene un desafío claro en el gobierno porque la izquierda de Más Madrid, el podemizado Socialismo y Unidas Podemos serán una dura oposición. ¿Se sumará Vox al gobierno de Ayuso o se mantendrá fuera acompañando desde la legislatura aquellas leyes o medidas que comparta? No se sabe, pero eso depende tanto de Vox como de la propia Ayuso. Lo que sí ha quedado claro en esta campaña es que, más allá de diferencias, que las hay, Vox no atacó a Ayuso ni esta lo hizo con la fuerza de Abascal, algo que la diferencia notoriamente con Casado y la alta dirigencia del PP.

Cuando en la noche del martes pasado salieron al balcón a agradecer a los militantes del PP presentes, mientras hablaba Casado, antes de hacerlo la dirigente ganadora, en la plaza coreaban el nombre de la victoriosa Díaz Ayuso, la única reconocida como dueña de la aplastante victoria sobre el proyecto socialcomunista de la Moncloa, que se frustró en Madrid.

Compartir

Últimas noticias

Suscribite a Gaceta

Relacionadas
Ver Más

Volver al Futuro 2024

*Por Augusto Neve El paso del tiempo nos aqueja. No lo...

No es ignorancia, es odio a España y a su legado: la Hispanidad

Las recientes declaraciones del flamante Ministro de Cultura, el...

El verso y la búsqueda de la felicidad

Vivimos perseguidos por las órdenes e indicaciones que en redes sociales nos muestran cómo debería ser nuestra vida, cuando la realidad parece encerrarnos en otro modelo.

Espiritualidad y vacío

¿Para qué vivir? ¿Por qué elegimos viviendo? ¿Para nada? El rol de la espiritualidad. Y También el de la ciencia y la tecnología.