Los 50 estados de la Unión blindan su seguridad ante una posible ola de violencia el 20

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Los trumpistas extremos convocaron a manifestaciones en todas las capitales estaduales y en Washington para el día de la asunción de Joe Biden.

Estados Unidos aún no ha terminado de lamerse las heridas del ataque que sufrió su democracia el miércoles 6 y ya se enfrenta a una nueva amenaza: la posibilidad de sufrir protestas igual de violentas o más en todos los capitolios estaduales y edificios gubernamentales del país entre el 19 y el 20 próximos, cuando el demócrata Joe Biden asuma el poder.

Antes del asalto al Capitolio el pasado día 6, el FBI ya había advertido a los funcionarios federales que se prepararan para potenciales manifestaciones violentas de la extrema derecha en varias capitales del país, según informó Yahoo News el lunes.

En un documento del FBI fechado a 29 de diciembre se mencionaban específicamente las manifestaciones en Michigan, Minnesota y otros estados, convocadas para el 17 de enero por los “Boogaloos”, un movimiento de extrema derecha.

ABC News reveló que hay convocadas manifestaciones armadas en las 50 capitales del país y en Washington, DC antes de la toma de posesión de Biden.

La cadena de noticias cita un documento interno del FBI que vincula estas manifestaciones violentas con la teoría de la conspiración de que Trump perdió las elecciones porque se la robaron y a la negativa del Congreso a revertir los resultados en cinco estados clave. 

(Encima, el presidente Donald Trump advirtió este martes que la intención del Partido Demócrata de iniciarle un juicio político a una semana de que abandone la Casa Blanca es algo “absolutamente ridículo” que está causando “una enorme ira” entre sus seguidores).

“Una preocupación considerable”. Estas informaciones han generado una gran preocupación terror entre los legisladores, las fuerzas de seguridad y los expertos en seguridad pública por la creciente amenaza de posibles insurrecciones locales, ya que muchos de los edificios gubernamentales serían aún más vulnerables que el Capitolio.

Las autoridades estaduales de todo el país han asegurado que están al tanto de las advertencias del FBI y que siguen monitoreando las posibles amenazas, informó el medio Law & Crime. 

“Existe una preocupación considerable”, admitió el senador demócrata Vincent Hughes. “Ves lo que pasó en Washington, ves lo que ha pasado en otras ocho capitales donde también hubo revueltas, ves las fotos de la horca frente al Capitolio… atas cabos y piensas: ‘Lo que ocurrió fue peligroso y toda esta situación sigue siendo peligrosa’”.

A lo largo del fin de semana pasado aparecieron más indicios de que la violencia no ha terminado. El sábado, decenas de manifestantes armados se congregaron frente al capitolio de Kentucky para protestar por todo, desde las restricciones por el coronavirus hasta la negativa de Mitch McConnell, líder de la mayoría republicana del Senado, a apoyar los esfuerzos vanos pero peligrosos de Trump de torcer el resultado electoral.

“Es desquiciante”, comentó Morgan McGarvey, líder de la minoría demócrata del Senado de Kentucky. “El informe del FBI debería haber hecho saltar las alarmas de los gobiernos de los estados de todo el país. Lo que vimos el miércoles pasado nos obliga a tomarnos muy en serio este tipo de amenazas. Este mismo sábado en Kentucky, de la nada y sin un motivo claro, tuvimos ciudadanos armados frente a nuestro Capitolio”.

En mayo, un ciudadano vinculado con los “3 Percenters”, una milicia de extrema derecha, ahorcó un maniquí con la cara del gobernador demócrata Andy Beshear en un árbol frente al capitolio del estado como muestra de su descontento por las restricciones “anticovid”.

Por todo el país, el descontento por las medidas sanitarias se ha combinado con la indignación por el resultado electoral y, en consecuencia, muchos estados están viendo manifestaciones cada vez más peligrosas.

El tamaño y el alcance de los disturbios de la semana pasada en Washington tomó desprevenidas a las fuerzas del orden y el Capitolio se mostró vulnerable.

Pero aunque los indicios de violencia que circulaban por las redes durante las semanas previas no se hubieran producido, la posibilidad de una revuelta como esa debería haber sido obvia a juzgar por los disturbios que habían tenido lugar durante 2020 en todo el país.

Antecedentes de violencia. A finales de abril, unos manifestantes armados tomaron el capitolio de Michigan, una manifestación que, al igual que la del pasado día 6, Trump incitó: “Liberad a Michigan”, tuiteó en plena primera ola de la pandemia refiriéndose a las restricciones sanitarias.

Varios de los manifestantes armados lograron acceder al interior del edificio gubernamental y permanecieron ahí durante la sesión legislativa que se estaba celebrando. Al menos dos de ellos fueron detenidos bajo la acusación de planificar el secuestro de la gobernadora, la demócrata Gretchen Whitmer. 

Desde el 3 de noviembre se han producido manifestaciones en todas las capitales del país con las que los simpatizantes republicanos han tratado de “detener el robo”, el lema eufemístico con el que quieren mantener en el cargo por la fuerza a un presidente derrotado en comicios limpios, según el medio centenar de fallos emitidos por distintos niveles de la Justicia, incluida la Corte Suprema.

En diciembre, los funcionarios de Michigan cerraron el capitolio ante las nuevas amenazas violentas recibidas durante el proceso de certificación de los resultados electorales.

Por entonces, una multitud de fanáticos de Trump logró abrirse paso hasta el interior de la sede legislativa de Oregon durante una sesión en la que los legisladores debatían las medidas que debían adoptar contra el coronavirus. 

Al igual que en Michigan y en Washington, D.C., muchos de los asaltantes llevaban indumentaria y equipamiento  militar y uno de ellos fue acusado de agredir con spray repelente de osos a los policías que trataban de controlar la manifestación.

Las grabaciones de seguridad publicadas esta semana han revelado que un legislador republicano les abrió la puerta a unos manifestantes para que accedieran a ese capitolio.

Otras manifestaciones han transcurrido de forma totalmente pacífica: según informó Fox News, en Kansas los manifestantes acataron todos los controles de seguridad.

No obstante, en todas las manifestaciones ha habido rumores previos de que habría violencia: cuando la legislatura de Kentucky inició su primera sesión del año se preveía una marcha hasta las puertas del edificio que no se produjo, pero se habían encargado de colocar al menos una pancarta que pedía “legalizar la horca para los traidores” con juegos de palabras que aludían claramente a los lemas de campaña de Trump.

En las protestas del sábado pasado, más de cien personas se reunieron a las puertas de las dos cámaras del estado de Kentucky y uno de los manifestantes le dijo a un cronista que había traído esposas de plástico de un solo uso “por si acaso”, informó el Courier-Journal. 

El mismo día, en el estado de Washington, otro centenar de manifestantes  traspasó la verja de la casa del gobernador y al menos un hombre fue detenido después de que volvieran a entrar al capitolio de Oregon el miércoles por la tarde.

Tareas de reconocimiento. En el informe al que tuvo acceso Yahoo News, el FBI expresó su preocupación porque los grupos de ultraderecha de Minnesota hayan realizado manifestaciones pacíficas “para realizar un reconocimiento del área, de los puntos de huida y de los lugares más fácilmente defendibles en el caso de una futura manifestación violenta”, como la convocada para este domingo 17.

Aunque no mencionan directamente ningún ataque planificado, muchos miembros del grupo “Boogaloo” lo han insinuado en sus foros online. Un activista de Michigan “propuso la idea de utilizar cables trampa y dispositivos de gasolina en Michigan para ‘tomar’ el capitolio”, indica el informe de FBI.

La Policía de Washington ya encontró bombas caseras en las cercanías de las sedes del Partido Republicano y del Partido Demócrata durante los disturbios del Capitolio del pasado día 6.

Los disturbios del Capitolio y otras protestas similares para “detener el robo” ya han servido de inspiración para más disturbios en todo el país: el viernes se detuvo a un hombre por escalar la alambrada de seguridad instalada alrededor de los tribunales federales de Portland y por disparar cinco veces contra el edificio, informó Oregon Public Broadcasting.

Según descubrieron después, este hombre ya había participado en una de las manifestaciones pro-Trump celebradas en ese estado.

El jueves, la Policía arrestó a un hombre por su relación con una amenaza de bomba en el capitolio local. Este lunes, varios manifestantes fueron apresados por intentar traspasar el muro de seguridad del capitolio del estado de Washington, según informan los medios locales.

Refuerzos. En vistas de la literalmente explosiva situación, muchos estados han empezado a reforzar su seguridad por si las manifestaciones convocadas acaban derivando en situaciones violentas.

La semana pasada, la Policía evacuó a los legisladores de Nuevo México durante las protestas. Por otro lado, en Kentucky aseguran estar viendo una mayor presencia policial durante los preparativos de la próxima “manifestación patriótica”.

Este lunes, en la sede legislativa de Wisconsin, los trabajadores empezaron a cubrir con tablones de madera las ventanas. En Michigan, se prohibió a los futuros manifestantes portar armas en el interior de su capitolio, una práctica que, aunque parezca mentira, se sigue permitiendo en una docena de estados del país.

Charlie Baker, gobernador republicano de Massachusetts, y los líderes locales del Congreso y del Senado han asegurado que revisarán sus medidas de seguridad.

El senador demócrata Vincent Hughes, por su parte, señaló que el capitolio de Pensilvania ya estaba “extremadamente vigilado” debido al coronavirus, pero que aún así han reforzado más las medidas de seguridad desde la semana pasada. 

No hay actividad al día de hoy en ese recinto, pero con el regreso de todos sus trabajadores este mes Hughes instó al gobierno estadual y al resto del país a trazar planes de seguridad que garanticen que los capitolios sean “lugares mucho más seguros”.

“Cuando sea hora de volver, volveré al trabajo. No me dará miedo”, asegura Hughes. “Quiero creer en mi sistema y quiero creer que tenemos la capacidad para ganar esto”.

Y aunque aumentar la seguridad pueda ser una solución a corto plazo para doblegar la ola de violencia que sacude el país, Hughes cree que la única forma de acabar con cualquier forma de insurrección es que los fiscales estaduales y federales actúen con dureza contra quienes fomentan las revueltas y contra quienes participan en ellas.

“Cuando tienes cáncer, tienes que someterte al tratamiento de quimioterapia adecuado. Se trata de llevar ante la justicia a todas las células cancerosas del cuerpo político de Estados Unidos que han provocado esta insurrección. Si no, se va a a propagar”, concluyó.

* Esta nota fue publicada originalmente en el “HuffPost” de Estados Unidos y fue traducida del inglés por Daniel Templeman Sauco

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