Moyano va a la guerra (No sé si volverá)

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Por Julio Villalonga * (@villalongaj)

El infierno tan temido llegó. A tres semanas del congreso que debe elegir a la nueva conducción de la CGT, Hugo Moyano y su hijo, el secretario adjunto del Sindicato de Camioneros, Pablo Moyano, brazo ejecutor de su estrategia de apriete, desoyeron una conciliación obligatoria del Ministerio de Trabajo y lanzaron un paro salvaje de 72 horas destinado a desabastecer al mercado de combustibles.

La respuesta no se hizo esperar. La Presidente adelantó su regreso de la cumbre ecológica de Río y le ordenó al ministro político, Florencio Randazzo, que denunciará penalmente al sindicaro de Camioneros. En un segundo movimiento, el titular de Interior y Transporte (ahora está más claro por qué se unificaron estas dos carteras) advirtió que espera que el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, replique la denuncia del Ejecutivo nacional contra el sindicato de Hugo y Pablo Moyano.

Sin el inconveniente de tener que revalidar títulos ante el electorado nacional, los Moyano han comenzado a usar las garras después de mostrarlas durante el último tiempo. Fuentes de Camioneros deslizaron con intención que seguirán a éste otro paro nacional de recolectores de basura, la paralización de puertos y aeropuertos, y la obstrucción de la distribución de todo tipo de insumos básicos. “Ya van a ver con quién se metieron”, le dijo esta semana el moyanista Omar Plaini a un colega en una estación aérea sin preocuparse por la presencia de testigos. (Las fuentes lo anticiparon antes de que en la noche del martes Moyano respondiera a la denuncia penal del Gobierno con el lanzamiento en \”TN\” de un paro nacional de los Camioneros).

Aunque los contextos históricos son incomparables, la operación en marcha recuerda los paros de camioneros que en Chile le hicieron el caldo gordo al ya indetenible golpe de Augusto Pinochet a comienzos de 1973.

La composición estructural del peronismo desata, cíclicamente, convulsiones como la que hoy se vive. Continente a la vez de las ramas política y sindical, este movimiento se mueve como una ameba que, según las circunstancias locales e internacionales lo requieren, avanza hacia izquierda o derecha sin demasiados autocuestionamientos. Cambian los dirigentes, nunca la esencia, que es la conservación del poder a cualquier precio. Lo contrario de que “se quiebre pero no se doble”.

Si tal sistema operativo afectara solo a los peronistas, no merecería más que un comentario marginal. El problema es que este fenómeno político-cultural inasible para los extraños, está adherido al poder en Argentina desde hace seis décadas. Y, salvo por su capacidad de autodestrucción, equivalente a la de construcción, todo indica que en el horizonte solo un peronista estaría en condiciones de desplazar a los que están en el poder, se llamen cristinistas, kirchneristas o con cualquier otro “ismo”.

Ahora bien, podrá decirse lo que se quiera del peronismo pero nunca que favorece o propicia el vacío de poder, al menos cuando logra cierto equilibrio interno. El problema es que todo indica que ese equilibrio se rompió.

Moyano ya optó. Cuando recién comienza a estar en juego el 2013, en 2015 él quiere ver a Scioli en la Presidencia. Hasta se sacaron una foto hace muy poco. Lo que, lenguaje gestual del gobernador bonaerense que provocó un brote en la Casa Rosada.

A su vez, el malestar dentro del peronismo con el “cristinismo” cada día es más ostensible. “Cristina decidió gobernar con los pibes de La Cámpora y a los peronistas con experiencia, nos deja de lado. Y no hablo de los antikirchneristas, hablo de los que acompañamos y teníamos un lugar. Está claro que ella optó por seguir sin nosotros”, explicó, entre confundido y dolido un hombre que hasta hace poco frecuentaba la quinta de Olivos.

“La Cámpora es un pacman. Y lo que único que vale es lo que hacen ellos, que recién llegaron. Hace poco mandaron a un pibe de 23 años a hablar con (el intendente de La Matanza, Fernando) Espinoza”, relata, escandalizado, otro dirigente del peronismo del Conurbano.

“Lo increíble es que castigan también a la tropa propia. A (Sergio) Uribarri (gobernador de Entre Ríos), el único mandatario ‘cristinista’ puro, lo están obligando a desdoblar el pago de sueldos”, relató el mismo cacique del PJ.

El poder de la caja central obliga a bajar la cabeza, pero comienzan a surgir sordas disidencias al calor de los primeros problemas económicos y financieros que provocan tanto las decisiones del Gobierno nacional como los coletazos de la crisis europea, que comienzan a impactar en la economía local. La disputa por los recursos se hace cada día más imperiosa.

La foto de Scioli y Moyano es la respuesta a la hostilidad asfixiante del kirchnerismo hacia el mandatario provincial. Los 3.500 millones de pesos que Scioli necesita que le gire el Ejecutivo nacional para pagar sueldos y aguinaldos a finales de mes “están garantizados”…por el vicegobernador, Gabriel Mariotto, según él mismo se encargó de destacar. Sin la providencial “intervención” suya, le queda claro a Scioli, ese dinero podría atrasarse con serios resultados políticos y sociales.

El caso de Juan Manuel de la Sota, el gobernador de Córdoba, otro integrante del “eje del mal” junto con Scioli según la visión del Gobierno, es similar. El ANSES le debe casi 1.600 millones de pesos, por lo que, cuando se conocieron los detalles del plan Pro.Cre.Ar de construcción de viviendas, que implica una inversión de 20.000 millones de pesos en cuatro años provenientes del propio ANSES, De la Sota ironizó. “Me alegro del plan (porque) si va a haber plata para ese plan, nos van a poder pagar los que nos deben”. No parece que vaya a ser sencillo.

Dos mandatarios kirchneristas como el jujeño Eduardo Fellner y el mendocino “Paco” Pérez lidian con situaciones presupuestarias comprometidas sin que, desde la Nación, hayan encontrado todavía una respuesta favorable. No son los únicos, la lista es extensa. Y al gobierno central lo ven enfrascado en su lucha por conseguir que el superávit comercial se acerque a los 10.000 millones de dólares. “¿Y a mí que me resuelve que haya ese superávit si no puedo pagar los sueldos a fin de mes?”, se preguntó ante este cronista uno de los gobernadores más comprometidos en su situación financiera.

Por algún motivo todavía oculto, gobernadores que adhieren al “cristinismo” se concentraron esta semana en castigar privadamente al gobernador chaqueño, Jorge “Coqui” Capitanich, que con su colega santiagueño, Gerardo Zamora, es de los pocos que tiene las cuentas en azul y además recibe millones de dólares para obra pública. Se abre aquí otra interna aunque en este caso entre mandatarios provinciales, fomentada desde el Gobierno para mantener el férreo control de esos gobernadores. Hay hijos y entenados.

Las semanas que se avecinan servirán para disipar la neblina detrás de la cual se adivinaban muchos de estos movimientos, dejando a la intemperie de manera brutal los intereses de unos y otros. Si los peronistas son como los gatos, según decía el general Perón, es dable esperar que se reproduzcan por miles en el futuro cercano.

A menos de un año del comienzo de la campaña de las legislativas de mitad de mandato, el tablero sufre las primeras conmociones. Solo las primeras.

*Director de gacetamercantil.com

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