El guión del Regimiento 71, el “jamás vencido”

Pueyrredón lo tomó durante la recuperación de la Ciudad, en 1806, pero apareció un chileno con otro, que le regaló al duque de Cambridge. Las conclusiones de la comisión investigadora de notables.

El 23 de agosto de 1806, Juan Martín de Pueyrredon pidió permiso para entrar al acuerdo que celebraban los miembros del Cabildo de Buenos Aires y según el acta, expuso: “Que el día de la Reconquista tuvo la suerte de quitar a un oficial inglés, una guía o estandarte del Regimiento prisionero Nº 71, a tiempo que trataba de ocultarlo, y que ahora tenía el honor de presentarlo como buen patriota a este ilustre Cabildo, para que se conservase en su archivo por monumento eterno de las glorias que adquirió la Patria en la famosa acción del día 12 de agosto; y habiéndolo puesto en manos del señor Alcalde de primer voto, se le dieron las gracias en términos los más expresivos por tan importante y distinguido servicio”.

Aquel regimiento, famoso por tener como lema “Siempre victorioso, jamás vencido”, había sido derrotado por las fuerzas que había mandado para socorrer Buenos Aires el gobernador de Montevideo, Pascual Ruiz Huidobro, a las órdenes de Santiago de Liniers, junto a un grupo de oficiales, tropa española y criolla y los paisanos que había reunido Pueyrredon cuarenta leguas alrededor de la ciudad.

Otros trofeos de esa jornada fueron entregados a la Virgen del Rosario en el convento porteño de Santo Domingo en virtud de la promesa de Liniers y uno fue enviado a los mismos religiosos a la misma advocación mariana en la ciudad de Córdoba, tarea que delegó en su amigo Francisco Antonio de Letamendi.

El guión fue entregado a la Catedral de Buenos Aires, donde permaneció durante largos años como lo atestigua la acuarela de Enrique Pellegrini donde se lo ve en primer lugar, aunque con el número y los laureles invertidos para que los pudiera leer quien observara la obra. El trofeo fue guardado en una sala de depósito de trofeos al templo entregados.

Todo seguía así hasta que en 1882 en el diario La Prensa se anunció que, poco antes, el chileno Santiago D. Lorca puso a disposición del duque de Cambridge la que suponía era una de las banderas tomadas al Regimiento 71. Ese trofeo había permanecido en el seno de la familia desde su abuelo, el sargento mayor Santiago Fernández de Lorca, que había venido en socorro de la capital del virreinato del Río de la Plata.

Inmediatamente, el intendente porteño Torcuato de Alvear dispuso la visita a los templos en que aún debían conservarse las banderas conquistadas en la memorable hazaña, con una información legal e histórica de su origen, y si había tenido lugar el envío de aquella expedición en auxilio. Los encargados de la tarea fueron el Bartolomé general Mitre y los doctores Vicente Fidel López, Andrés Lamas, Angel J. Carranza y Manuel Ricardo Trelles, a quienes se encomendó que manifestaran si el envío del contingente chileno había tenido lugar, a las órdenes de quien estuvo y cuál fue su rol.

Los trofeos se encontraban donde se habían depositado. Cuatro en el convento de Santo Domingo, uno en la iglesia metropolitana y dos, como dijimos, en el convento de los Predicadores de Córdoba, adonde los había destinado Liniers a la Virgen del Rosario, de la que era muy devoto.

Los historiadores probaron que no había existido tal contingente chileno. Pensemos que Buenos Aires fue tomada el 25 de junio y la noticia con suerte podía estar en Chile veinte días más tarde, después de cruzar los Andes en pleno invierno, por lo que era imposible esa proeza que mencionaba Lorca. Además su antepasado, afirmaron los comisionados, había tenido “un papel de los menos airosos, no por falta de valor en aquel oficial sino por las circunstancias en que le cupo exhibirlo”.

El detallado informe de Carranza trae la descripción del guión y agrega que fueron tres banderines los del famoso regimiento, que uno de ellos podría ser el ofrecido por el señor Lorca al duque de Cambridge, aunque agrega esto que sigue, siendo una incógnita hasta hoy: “Como pudo llegar a manos de su abuelo, parece inaveriguable si él no lo explica; y todo hace creer que se niega a ello, pues que deja sin contestación cuantas preguntas se le han dirigido sobre el particular”.

Un libro de 78 páginas editado en 1882 por la “Municipalidad de la Capital” bajo el título “Trofeos de la reconquista de la ciudad de Buenos Aires en el año 1806”, en esmerada impresión, con el retrato de Liniers y siete láminas, también en colores, representando otras tantas banderas de las tomadas al Ejército británico, además de valiosos comentarios de los historiadores mencionados, nos aclara la historia de ese guión que se encontraba en Chile.

* Historiador. Vicepresidente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación

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