Las armerías venden un 40% más y el FBI certifica un aumento del 36% respecto al mismo periodo del 2019.
El efecto del coronavirus, bajo el hilo conductor del miedo, llena hospitales y armerías.
Como ilustración de la idiosincrasia estadounidense, donde conviven cosas tan contradictorias como el esfuerzo médico y la fiebre matadora por las pistolas, aquí va un retazo de conversación escuchada en Miami el pasado fin de semana.
El escenario es una vivienda en el entorno del barrio llamado Little Haiti. Ese nombre ya describe una zona pobre en la que hace décadas se establecieron los inmigrantes procedentes de la isla caribeña, uno de los lugares más miserables del mundo.

