El día que Kennedy celebró su cumpleaños en Argentina

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El autor da cuenta en esta nota del viaje de un promisorio joven estadounidense a una estancia en Córdoba, en 1941, donde conoció a “Baby” Cárcano.

El 29 de mayo de 1941, John Fitzgerald Kennedy celebró su cumpleaños en la Argentina, más específicamente en la estancia “San Miguel”, en la localidad cordobesa de Ascochinga, propiedad del doctor Miguel Ángel Cárcano.

Joseph P. Kennedy era embajador de los Estados Unidos en Londres cuando Cárcano lo era en Francia, desde 1938, y coincidieron ambos representando a sus países en marzo de 1939 con motivo de la coronación de Pío XII en Roma. Ambos acudieron con sus familias y Stella Cárcano comentó: “Había personalidades de todo el mundo. Al lado nuestro estaban los Kennedy, la familia entera, porque eran muy católicos”. Uno de sus hijos John, llamado Jack en la familia, era un estudiante aventajado de Harvard, tenía 21 años y cayó rendido ante Inés “Baby” Cárcano. De aquel encuentro, Baby recordó que tenía el “pelo que parecía un cepillo, cosa que creo también decía Rose, la madre de Kennedy”.

Poco después se produjo el reencuentro cuando, a comienzos de 1939, John viajó a París, donde se alojó en la residencia de William C. Bullit, el embajador estadounidense. Miguel Cárcano recordó que había proyectado un viaje en automóvil con su hijo y “ni las amenazas de la guerra le impidieron realizar su propósito”.

A comienzos de 1941 Kennedy decidió hacer un viaje a América. El 19 de abril, Cárcano (h) le enviaba un telegrama confirmándole que lo aguardaban con estos términos: “Con los brazos abiertos en el puerto todos los Cárcano esperamos. Michael”. El 21 de abril de ese año el Consulado Argentino en Nueva York le otorgó la visa como turista y cuatro días después lo hizo Brasil. Desembarcó en Río el 7 de mayo para salir el 26 del mismo mes rumbo a Buenos Aires.

Así recordó Cárcano el viaje del joven John, veinticinco años después: “Un día de mayo de 1941, llegaba a Buenos Aires, un muchacho rubio, de ojos azules, esbelto y guapo. Poco tiempo permaneció en la Capital. Con algunos amigos viajó en automóvil hasta una estancia en Córdoba. Allí asistió a una yerra; montó caballos serranos, tiró el lazo, trabajó en los rodeos y vistió el traje de paisano. Atraía por su vitalidad y simpatía. Le gustaba conversar temas políticos y recitaba discursos de Washington y Lincoln. Decía con candor y también con convencimiento: ‘Yo seré presidente de los Estados Unidos’, provocando las bromas de sus compañeros. Ese joven era Jack Kennedy. Desde entonces nunca olvidó su permanencia en el país, ni a sus amigos argentinos”.

Recuerda “Baby” que su padre le dijo que si quería ser presidente debía leer mucha historia. También que lo “vistieron con unas bombachas blancas y alpargatas y él se puso guantes, me dio miedo por lo ridículo que podía quedar antes los peones, pero él me dijo que tenía alergia a los caballos y no los podía tocar. En San Miguel celebró sus 24 años el 29 de mayo”. Un domingo, recordó Cárcano, “fue solo a misa a caballo a Ascochinga, los demás no pudieron hacerlo por estar mal el camino”.

Roque Falcón era uno de los peones de San Miguel durante la estadía de John F. Kennedy, y fue del personal quien más relación tuvo con él. El futuro presidente combinaba las bombachas gauchas y las alpargatas blancas con una chaqueta, “no le gustaba el mate, que en un carro el gringo iba a misa con la niña, que la niña le había enseñado a bailar tango al gringo”.

Su anfitrión Cárcano conservó esta imagen de la fisonomía del muchacho: “Pocos han olvidado la serenidad de su mirada celeste, el mechón rubio del cabello rebelde, la permanente sonrisa que aparece entre sus labios sensuales, la fuerte mandíbula. Joven y guapo como un Eros americano, atrajo la simpatía universal”.

Digamos quien era Stella Ana Inés Rosa Carolina, conocida familiarmente como “Baby”. Fue la primera hija del matrimonio de Cárcano y Stella Morra Victorica, nació el 15 de agosto de 1915 y falleció a los 102 años el 25 de diciembre de 2017 en su estancia de Ramón J. Cárcano, a pocos kilómetros de Villa María, en cuya pequeña capilla fue sepultada.

En octubre de 1941 el joven John se alistó en la Marina y fue destinado a la guerra del Pacifico a cargo de una lancha torpedera de patrullaje. En el archivo del presidente Kennedy en Boston se conservan algunas cartas de “Baby”. En la primera de ellas, datada en la residencia porteña de los Cárcano, Francisco de Vitoria 2385, el sábado 29 de noviembre de 1941, le anunciaba: “Estoy loca de contenta. A fines de febrero estaremos volando a New York. Luego de una noche allí tomaremos el clíper a Europa y estaremos dos meses con papá. Todavía no puedo creerlo…”.

El encuentro previsto en New York fue imposible de cumplir a causa de la guerra. Cárcano regresó a Francia sin su familia. Comenzado el año, “Baby” volvió a escribirle el 1º de febrero de 1942 desde San Miguel con una magnífica descripción de las noches serranas: “Te escribo porque he estado pensando en vos y recordando buenos y viejos tiempos. Estoy en San Miguel, aquí está la luna más maravillosa que jamás haya visto. Estoy en el valle y por las noches las montañas son tan visibles como en el día, y aún está cálido afuera!”. Tampoco dejó de narrar su vida cotidiana y la sorpresa de un llamado de su hermano desde Washington: “He pasado fines de semana con amigos en diferentes lugares del país. Tuve que hacerme la idea de hablar contigo por teléfono… El lunes me voy a Uruguay, Punta del Este, un lugar muy lindo en la costa, por 15 días, y luego vuelvo aquí. ¿Sabes quién llamó desde Washington?: Michael! Lo oímos muy bien desde aquí en San Miguel. Papá llamó desde Suiza”. Finalmente le hacía una referencia sobre su hermano Joe y de sus actividades ese día: “He escuchado que José [1] está en la Fuerza Armada, ¿es cierto? Será un piloto espléndido: no sólo porque es buen mozo, sino también porque es tan calmo y sensible, no como su hermano menor, que nunca piensa lo que hace. Mi querido, te digo buenas noches porque estoy muy cansada: he estado todo el día haciendo equitación, picnic y me he bañado en el río como seis veces, estoy exhausta”.

En 1942, Cárcano fue designado embajador en Londres, adonde partió sin su familia, regresó para el casamiento de su hijo y después de un año se reencontró con los suyos. Apenas celebrada la boda emprendió el viaje por el Pacífico, acompañado por su mujer Stella y sus hijas Baby y Ana Inés (Chiquita). Debió desplegar la mayor diplomacia por el clima adverso que existía en Estados Unidos hacia nuestro país, porque el secretario de estado Cordell Hull solicitaba que la Argentina cumpliera con lo acordado en la Conferencia de Río de Janeiro y abandonara la neutralidad.

Allí volvieron los Cárcano a encontrarse con Kennedy. El 28 de marzo, “Baby” acusaba recibo de una carta con la nueva dirección de Jack en San Francisco y lo consultaba sobre un eventual viaje al país del norte: “Puedo decir a la familia cuando quiera ir a América. Entonces me gustaría que me dijeras si tienes alguna posibilidad de volver por algún tiempo a EE.UU. Porque mi idea sería verte si es posible! Realmente no sé si prefiero regresar antes a mi país, ¿qué me aconsejas hacer?”  No dejaba de mencionar a modo de reproche, quizás para acicatearlo a un nuevo viaje, que “cuando dejaste Buenos Aires prometiste volver a América del Sur: pero eso nunca sucedió, ni nunca sucederá”. En medio de los avatares de la guerra, donde la vida se juega minuto a minuto, le auguraba: “Estoy segura que debes estar teniendo una experiencia interesante, especialmente si te gusta lo que estás haciendo. A mí me gustaría escuchar tus historias cuando vuelvas! Qué maravilla. Espero ver a tu hermana Kathleen”. “Baby” no omitió detallarle la vida cotidiana en plena guerra, ya que Cárcano estaba instalado en Londres con su familia. “Ya hemos experimentado ataques aéreos. Son bastante impresionantes. Tengo algunos amigos americanos en la Armada y me enloquece la idea de que no estés entre ellos. Cené dos veces con J. Whitney. Me parece encantador. Es muy delgado y trabaja mucho. Pienso en lo que has hecho la mayor parte de los últimos días antes de irte de casa: me imagino la cola de bellezas que fueron dejadas atrás llorando por la partida del Casanova. Lamento terminar esta carta sin nada interesante pero debo irme. Te escribiré pronto. Hazme saber cómo estás. Nunca te olvido, todo mi amor, Baby. Dios te bendiga”.

En la noche del 2 de agosto de 1943, en una acción de guerra la lancha torpedera en la que se hallaba embarcado Kennedy fue partida al medio por el destructor japonés Amaguri. En un principio se lo dio por desaparecido pero en realidad había sufrido gravísimas lesiones por las que estuvo largo tiempo internado hasta su curación, pero hasta el fin de sus días las secuelas se manifestaron en fuertes dolores en la espalda.

Ignorando este episodio, el 16 de agosto de 1943 “Baby” le respondió una carta: “Adoro tu carta. Me enojé al no tener ninguna noticia tuya. No has sabido nada de mí, porque mi carta fue devuelta a la dirección del remitente. Aquí va junto con esta, aunque es vieja y suena muy tonta ahora que la leo de nuevo. No hay problema (como tú dices) y no tengo que casarme con un señor inglés o intentar hacerlo. No puedo quejarme por tener realmente un lindo tiempo entre ellos. Y ahora que los entiendo mejor, me gustan inmensamente. Lo más emocionante que ha pasado es que Kick, tu hermana, ha llegado. Me enteré que estaba en Londres, y el otro día Lady Anderson me invitó a un té, para conocer a Kick. Yo estaba muy impresionada porque ella es demasiado para mí, como tú, en las apariencias y en las maneras. Hablé sinceramente de ti y lo disfruté mucho. La otra noche la vi de nuevo bailando en “Astor” (un nuevo club nocturno). Estoy tan orgullosa de tu maravilloso rendimiento y estoy contenta de tener tan buenas noticias. Chiquita te manda saludos y está encantada de haber conocido a Kick porque piensa que ella es encantadora. Por el momento ella se siente muy sentimental sobre un oficial naval inglés! Pero tiene una muy buena época. Pasamos un hermoso fin de semana en Hindey Hall con Eric Dudley, había una pequeña fiesta y allí conocí a Billy Sweeny que se estaba yendo.

Mucho se habló de un romance, que “Baby” siempre desmintió, pero sin duda sus cartas revelan algo más que una amistad. Jamás olvidó Kennedy aquellos días en nuestra tierra. El doctor Roberto Alemann recuerda que cuando lo recibió el 24 de mayo de 1961 en su carácter de ministro de Economía, “se mostró informado sobre la Argentina, recordó la visita a Córdoba dos décadas antes y se interesó por el embajador Miguel Ángel Cárcano, quien sería poco después ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de (Arturo) Frondizi. Muy al comienzo de la conversación me dijo: ‘Conozco las pampas argentinas y sé de la importancia que tienen las carnes para su país’”.

Estas líneas recuerdan en el día de su cumpleaños a John F. Kennedy y a “Baby” Cárcano, su amiga argentina, lúcida hasta el fin de sus largos días, y de cuya amistad fuimos privilegiados.

* Historiador. Académico de número y vicepresidente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación.

[1] Joseph Patrick Kennedy Jr. (25 de julio de 1915-12 de agosto de 1944) era el mayor de los nueve hijos de Joseph P. Kennedy y Rose Elizabeth Fitzgerald. Estudió economía en Londres y en Harvard, donde también cursó derecho. Fue piloto de un bombardero estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial murió en una acción de guerra.

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