Cambio de clima

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Dijo que “quería hacerlo onda living, una cosa más descontracturada. No tan uyyy ahí habla, ahí va a volver a gritar y a decir … y el dedito, y la manito, y el pelito … No no .. “Más tranqui, más tranqui”. El comentario, mezcla de sonrisa autorreflexiva y mueca de viejo y razonable fastidio, fue para explicar por qué ese escenario tan diferente a otros.

Algo muy distinto a la habitual estética de los actos políticos en general, y peronistas en particular, había allí.

Sillas giratorias blancas tipo oficina y una mesita en la tarima del parque Néstor Kirchner donde hizo el primer acto con Alberto Fernández. Efectivamente una suerte de “living” donde se sentaron elles junto al “Tano”, como lo llamó Cristina a Gustavo Menéndez, el intendente de Merlo.

Las chicas de la organización, con sus sacos negros, camisas blancas y pañuelos verdes. La música, una play list o lista de reproducción que incluía canciones feministas (Cumbia Queer, Miss Bolivia, Las Taradas y otras). La performance del final, donde un colectivo de personas maquilladas y vestidas de un gris profundo, mostraban lo que habían sido los derechos y conquistas del gobierno anterior. Una organización muy cuidada. Ausencia total de puestos de comida.

En la columna anterior habíamos señalado que durante la presentación de su libro se la percibió a Cristina “profundamente cambiada” y con una mayor introspección que otras veces. Nos preguntábamos también qué significará el llamado a “interpelarse” en la dimensión desde la que habla. Ensayábamos algunas respuestas. El sábado en Merlo pareció confirmarse algo de esos pareceres.

Cristina muestra estar atravesando su propia deconstrucción política, su propia interpelación. La decisión de correrse de la máxima candidatura puede tener, y de hecho la está teniendo, muchas lecturas. Lo más cercano a la verdad tal vez haya que buscarlo en esa deconstrucción.

A los sectores de la oposición, sin embargo, les sirve y les conviene la imagen de la expresidenta que buscan perpetuar. Esa imagen hierática, ese dibujo inmoral en la tapa de una revista, esa idea de “no-humana”. Alguien insensible que sólo quiere poder.

No es eso lo que perciben las personas que la siguen, que la quieren, que le agradecen, que le piden que vuelva, que la leen y que la escuchan. Tampoco es eso lo que perciben las personas que la militan, y las que la militan aún con cuestionamientos, con reclamos. Ni quienes ven que hubo y hay autoreflexión en Cristina Fernández. Su reconciliación con Alberto F. es tal vez el más implacable signo de ello.

Cristina habla ahí en Merlo y la gente empieza a gritarle algo. Ella se detiene y pregunta qué quieren, porque no escucha bien. “¿Qué me pare?”. Sí, la gente le pide que se pare para verla. Cristina se para y pide permiso para, aunque sea, “apoyarse, onda estaño”, en el respaldo de la silla giratoria de hermoso tapizado blanco. El colega que tengo al lado me mira y repite “onda estaño, dijo”. Ustedes seguro no se acuerdan porque eran chicos, pero “estaño” se les decía a las barras con alguna lámina de metal de los viejos bolichones donde se iba a tomar algo hace varias décadas atrás.

Nadie más que elles tres en el escenario. El mismo Menéndez hizo de presentador y hasta jugó con el público diciendo que hubiera querido ser eso, un presentador. El jefe comunal utilizó su teléfono celular para transmitir en vivo desde sus redes sociales. Primero habló Cristina. Después dejó el lugar de centralidad a Alberto F.

¿Qué harán políticamente? ¿Quién va a manejar a quién? ¿Él va a ser un títere de ella? ¿Él la va a traicionar? Eso es lo que se preguntan muches desde la oposición y desde los medios. Siempre desde las lógicas binarias tan típicas. Desde la lógica vetusta del manejo del poder que presupone estar “sobre el otro”, y no el manejo y la construcción del poder “con el/la otrx”.

De hecho este presente para el espacio que lidera CFK no podría ser posible seguramente sin esos espacios de resistencia que en estos años no pudieron ser doblegados por nada. No sólo por el desastroso gobierno de Mauricio Macri y Cambiemos. También y fundamentalmente por esxs miles de militantes formales e informales, esxs simpatizantes y adherentes conscientes del proyecto de país que quieren y que sostuvieron. Y la sostuvieron. Por eso el #EsConTodes es plenamente acertado y será especialmente cuidado.

Y a Cristina, pese a lo que dicen analistas políticos y comunicadores de los grandes medios, se la ve aliviada. Liberada. Suelta. Y parece que hasta se permite disfrutar como antes no lo hacía. Tal vez estemos en presencia del retorno de un remozado doble comando como supo tener con Néstor Kirchner. Un doble comando distinto, claro. Un doble comando que quien sabe justo en este momento, esté terminando de definir la fórmula para la provincia de Buenos Aires. E incluso, ya esté la foto. 

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