Quo vadis, Donald Trump?

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El presidente de Estados Unidos entró el miércoles a la sala donde lo esperaban los dos principales líderes de la oposición para discutir un ambicioso plan de reconstrucción de infraestructura. Sin dejarlos articular palabra alguna, descargó una catarata de acusaciones, se quejó de “las cosas horribles” que dicen de él y afirmó que no discutirá legislación alguna con el Congreso si antes no se detienen las investigaciones contra su Administración.

La reunión duró escasos 180 segundos, dejó a todos azorados y continuó en el jardín a espaldas de la Casa Blanca, donde Donald Trump se dirigió a los periodistas que, también anonanados, lo escucharon durante once minutos divagar acerca de cuánta idea se le cruzó por la cabeza y afirmar, sin perder la compostura, que es el mandatario más transparente de la historia de su país y que nunca hizo nada para encubrir nada.

Sí, hablamos del mismo presidente que no deja que se investiguen sus declaraciones de impuestos y que le pagó cientos de miles de dólares a una actriz porno para que no contara sus aventuras extramatrimoniales.

El llamado “líder del mundo libre” no está pasando un buen momento y no pocos analistas se preguntan si su estado mental es el adecuado para gobernar la primera potencia militar y comercial del globo.

“Este no es el trabajo de una mente ordenada”, afirmó hoy, jueves, lacónicamente Dana Milbank, columnista de The Washington Post al comentar el arrebato presidencial que dinamitó su relación con la oposición, que no puede dejar de investigarlo, como pide el presidente, porque es parte de su responsabilidad constitucional.

Trump, supuestamente el hombre más transparente del mundo que no tiene nada que ocultar.

Según el ocupante del Salón Oval -y quien diga que está paranoico no está muy alejado de la realidad-, hay una conspiración cuasi planetaria que sólo busca derrocarlo. Hablando en maradoniana tercera persona, el magnate inmobiliario dijo que “odian al presidente Trump, lo odian con una enorme pasión”. Lo hizo frente a los periodistas en el Jardín de las Rosas, su lugar preferido para dar conferencias de prensa.

Sin detenerse, aseguró que “estas personas (los demócratas) fueron a buscarnos a nosotros, al Partido Republicano y al presidente Trump. Estaban tratando de atraparnos”. Luego afirmó que lo han estado persiguiendo casi desde el momento en que “bajamos la escalera mecánica en Trump Tower”. Y que ahora probablemente será enjuiciado políticamente porque “hacen lo que tienen que hacer”, en alusión a la presión de su base política.

En su inarticulada diatriba se enfureció al mencionar al presidente del Comité Judicial de la Cámara de Representantes, el demócrata Jerrold Nadler, quien, dijo, ha sido “un enemigo mío durante muchos años”. Ya que estaba atacó a la prensa reunida para escucharlo diciéndole que “deben avergonzarse por la manera en que informan, tan deshonestamente”.

Cuando los asistentes empezaban a mirarse entre sí, y pese a que fue quien minutos antes había dinamitado la reunión con los líderes legislativos del Partido Demócrata (la diputada y líder de la Cámara Nancy Pelosi y el senador Chuck Schumer), dijo que sabía que los opositores “no estaban realmente pensando qué querían hacer en infraestructura o cualquier otra cosa, que no fuera investigar”.

Mientras saltaba de tema en tema: Infraestructura, ¡cacería de brujas!, desempleo, ¡no hay colusión!, precios de los medicamentos, ¡la investigación sobre Rusia es una farsa!, recortes de impuestos; amo a los americanos, ¡abuso!

Según el Post, “nadie parecía saber qué hacer con la explosión (de Trump). Según informes, los funcionarios de la Casa Blanca dijeron que intentaron impedir que Trump apareciera en el Jardín de las Rosas. Y por una buena razón: con el anuncio público del miércoles de que no negociará con los demócratas, el presidente se ha hecho cargo de la falta de progreso en materia de infraestructura y otras leyes, de la misma manera en que se apropió del cierre del gobierno”.

Lo que nadie se explica es la verdadera razón de la explosión presidencial ya que las declaraciones de Pelosi previas al encuentro (“Creemos que el presidente de los Estados Unidos está involucrado en un encubrimiento”), es algo que ya se había dicho antes y, si se ven las acciones del presidente, no es algo alejado de la realidad.

Trump se ha negado a responder o a entregar información o permitir a sus subordinados que lo hagan en alguna de todas las investigaciones que el Congreso lleva adelante, principalmente sobre sus contactos con Rusia durante la campaña de 2016 y sus manejos financieros reflejados en sus declaraciones de impuestos, que mantiene bajo siete llaves.

Con lo cual, si no quiere hablar con la oposición porque lo investigan, ¿para qué convocó a la reunión del miércoles para discutir un proyecto de dos billones de dólares (trillones en inglés)?

La respuesta que mejor parado deja a Trump es que, teniendo en claro que su proyecto de obras de infraestructura (puentes, caminos, aeropuertos) no pasaría jamás por el Senado republicano, que sólo es fiscalmente responsable cuando no se trata de gastos militares, montó un show para echarle la culpa a los demócratas por el fracaso del plan, antes de que naciera.

El senador Schumer dijo después de la diatriba de Trump que “hay investigaciones que se iniciaron hace tres semanas cuando él si se reunió con nosotros”.

Para Milbank, “lo que cambió, aparentemente, es el estado mental del presidente. La gente a menudo lo describe como ‘desencajado’ pero eso implica que alguna una vez estuvo completamente normal. Cualquiera que sea su punto de partida mental, aquellos que buscan el método en la locura de Trump últimamente han encontrado menos de lo primero y más de lo último”.

“La rabia, la paranoia nixoniana y el pensamiento disperso sugieren que siente que las paredes se cierran sobre él. Pero sus propias acciones están haciendo que los muros se cierren… Sin embargo, cada día, su beligerancia y su negativa a cooperar dejan a los demócratas con menos opciones. Está caminando hacia al juicio político”, afirmó el columnista de The Washington Post.

Tras el fracaso de la reunión de ayer, y con la amenaza presidencial de que si no se detienen las investigaciones no saldrá una ley del Congreso en los dos años que quedan de su mandato, Pelosi reaccionó con más preocupación que enojo. “Rezo por el presidente de los Estados Unidos”, dijo. “Y rezo por los Estados Unidos de América”.

Sí, que Dios nos ayude.

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