La peligrosa tómbola macrista

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Entre la vigilia por la final de la Copa Libertadores frustrada a consecuencia de una jornada bochornosa, donde la anomia social, la marginalidad, hizo su fiesta de impunidad con un operativo de seguridad de la Ciudad igualmente bochornoso, en la cual lo peor del “Mundo Fútbol”, léase la FIFA y la Conmebol, querían jugar el partido a como diera lugar, la racionalidad de las dirigencias de River y de Boca se impusieron ante los que sólo ven un negocio multimillonario. Esta es una genuina muestra de nuestra realidad que podríamos calificar de vergüenza mundial, ya que el partido era visto por cerca de 500 millones de televidentes.

Con el fondo de la agenda del encuentro del G20, con todo lo atinente a la seguridad que implica, más la latente y segura acción movilizadora de repudios violentos – seguramente ahora envalentonados por los hechos en River, como sucedió el año pasado en Hamburgo- a la presencia de las cabezas del capitalismo mundial, con China incluida a pesar de la paradoja comunista, se vivió una semana plagada de hechos políticos que muestran el inicio de los aprontes y cruces por el armado de las fuerzas electorales que competirán como frentes o alianzas en octubre de 2019, donde cualquier cálculo hoy es incierto, con un final de por sí más que imprevisible.

En Cambiemos, la gambeta, caño y gol que el universo peronista le aplicó al oficialismo en la votación del Consejo de la Magistratura, despertó la ira radical contra el Ejecutivo, sus funcionarios y operadores. Sin duda, fue el detonante de una realidad que proviene de 2015, donde la alianza electoral nunca se convirtió en una acción de gobierno, a lo sumo en una operatoria mancomunada en la tarea legislativa, por lo menos hasta el presente.

La UCR levantó polvareda y mediante un duro comunicado partidario puso en blanco sobre negro el ninguneo que viene padeciendo por su aliado del PRO. En el preciso caso de la votación en el Consejo de la Magistratura, el perjudicado directo fue Mario Negri, aspirante a la gobernación cordobesa y, aunque parezca desopilante, presidente del “interbloque” de Cambiemos en la Cámara de Diputados. El malestar radical, convidado de piedra en las decisiones del circulo intimo del presidente Mauricio Macri, que hizo eclosión esta semana, aunque todos ya saben del desencanto con su gestión, se debate en las capillas radicales desde hace tiempo y entre otros puntos se analiza el desdoblamiento de las elecciones en las gobernaciones de Jujuy y Mendoza. Asimismo la posibilidad de presentar candidatos propios para competirle dentro de Cambiemos al primer mandatario en las PASO, con Martin Lousteau o/y Alfonso Prat-Gay es otro secreto a voces. Ambos ya recorren el país. 

La otra pata del tridente gobernante, la Coalición Cívica, que es decir Elisa Carrió, quien siempre apostó a rechazar cualquier participación en la gestión de gobierno de los radicales, asumiendo durante un tiempo “ser la voz del presidente” para, recientemente, “perderle la confianza”, desliza después de su retiro en Tierra Santa su silencio desde el minarete de su casa, con la certeza de todos y todas de que en cualquier momento lanzará una andanada contra propios y ajenos.

En este marco revuelto, la alianza Cambiemos sufre la retirada de Jorge Triaca, y la anunciada de Emilio Monzó y del presidente del bloque del PRO Nicolás Massot de la Cámara baja para fines del 2019. ¿Serán los últimos? No lo creemos ya que al fracaso económico de la gestión Macri se suma la constante que no se modifico nunca de que las decisiones se toman en la Rosada en no mas de tres o cuatro despachos cercanos al presidente, donde el resto del PRO, la UCR y la Coalición fueron y son actores de reparto y mera escenografía.

En este marco queda claro que los gurúes del Ejecutivo juegan a la polarización con Cristina Kirchner en una segunda vuelta electoral. Para eso no le escatiman centralidad a la viuda de Kirchner, quien compartió tribuna con Dilma Rousseff y el ideólogo de Evo Morales, el vicepresidente boliviano Álvaro García Linera, en el acto de la “contracumbre” de hace unos días. Allí Cristina, olvidándose de su coqueta presencia en todas las Cumbres del G20 durante sus dos mandatos, promovió un Frente Patriótico reclamando la unidad de los sectores populares, léase peronismo, los “celestes y verdes”, “los que rezan y los que no rezan”, las organizaciones sindicales, los movimientos sociales y las fuerzas políticas del arco de la izquierda. A Dilma le dejó el rol del llamado a la constitución en la región de esos frentes contra “el neoliberalismo y el fascismo”. Cristina elaboró un discurso convocando a la “unidad”, dando un mensaje de ecumenismo, necesario para consolidar su candidatura frente a un peronismo nucleado alrededor de dirigentes de segundo orden y del Club de los Gobernadores, que hasta el momento la rechaza aun sabiendo que al presente es la que mejor marca posee. Ese peronismo se ha lanzado a salir de la encerrona que le proponen tanto el macrismo como el kirchnerismo, intentando recrear la “avenida del medio” de la que hablaba Sergio Massa, convocando a otras fuerzas políticas: partidos provinciales como el Movimiento Popular Neuquino, el Socialismo santafesino, el GEN, donde los nueve gobernadores, que podrán ser más, aportan los dominios territoriales, algo no menor.

Aun por verse queda quien conducirá ese frente denominado hoy Alternativa por la Argentina, pero va de suyo que más temprano que tarde se dilucidará ya que está en el ADN peronista encolumnarse cuando el poder se avizora cercano.

Otra novedad es que el amarillo diputado salteño Alfredo Olmedo ha comenzado a caminar el país con un discurso que siempre ha sostenido y que llega bien a los sectores medios desencantados y a las franjas sociales bajas, donde la inseguridad, la recesión, la inflación y la suba de precios e impuestos golpea con dureza. Hoy una palabra que convoque al orden, al trabajo y a no ceder a la extorsión de los violentos, será políticamente incorrecta para la progresía local pero no para el común de la ciudadanía. Un dato tampoco menor es que Olmedo ya cuenta con un sagaz asesor, el periodista y escritor Juan Bautista “Tata” Yofre, quien supo ser uno de los hacedores de “Menem presidente” cuando se sumo en 1988 a la campaña presidencial, cuando el riojano venció en la interna partidaria a Antonio Cafiero, que parecía imbatible.

En esta realidad de hoy, cambiante y en permanente ebullición, donde comienzan a formarse frentes, muchas veces heterogéneos, todo está abierto para el año próximo, donde en una más que posible segunda vuelta, algo que todos los indicadores hoy aseguran, sostener certezas es una sincera ingenuidad o voluntarismo puro.

Con un escenario  de tamaña incertidumbre, abonada por la inflación, el dólar y la recesión, jugar a todo o nada con Cristina como impulsan algunas cabezas del gobierno es una lotería peligrosa ya que apalancar “somos nosotros o el cuco” es de gran temeridad. ¿Y si el cuco gana, como sostiene Jorge Asís?, la Argentina volverá por sus pasos más desgraciados con la corresponsabilidad del actual presidente y sus más cercanos colaboradores, los mismos que hablaban de Nueva política y se olvidaron de La Política.

En un acto de segunda vuelta, los votos no son de nadie y al momento de elegir entre dos opciones se juegan además de ideologías y simpatías partidarias, creencias, valores y también broncas, frustraciones, desencantos, realidades diarias de la situación económica que completan el humor social. Y es, este humor social, el que hasta hoy -el año próximo veremos- no acompaña a Macri.

Parte del PRO, el radicalismo y el peronismo de la flamante Alternativa por la Argentina lo saben; de allí las convulsiones y contradicciones que estallan día a día, tanto dentro del oficialismo como de la oposición, incluyendo al principal distrito electoral bonaerense, donde María Eugenia Vidal debe surfear entre su propia fuerza política de pertenencia, el radicalismo y el peronismo con presencia en municipios y los bastiones kirchneristas, donde Cristina suma como nadie. De allí el posible desdoblamiento de la elección en Buenos Aires, para liberar así a intendentes del PJ del brete al que los somete CFK. Todo es incierto y los acertijos están sin resolver, y un error de cálculo o análisis puede llevar a resultados impensados en esta ruleta en que se ha convertido la Argentina, donde el Cero también es parte del tablero.

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