El autor advierte que Cambiemos utilizó el miedo a convertirse en el fallido país caribeño en su campaña electoral, en 2015. Pero, ante la crisis recurrente: ¿en dónde debería residir, verdaderamente?, se pregunta.
En las contiendas electorales infundir miedo puede ser más efectivo que suscitar entusiasmo o esperanza. Este fue uno de los recursos de Cambiemos en la campaña presidencial de 2015, cuando solicitó el voto blandiendo una amenaza sombría: podemos terminar como Venezuela. La imagen de un país devastado por el populismo se asimilaba a una catástrofe solo evitable eligiendo un partido nuevo, serio y responsable que retomaría el camino del progreso racional.
El sociólogo Gabriel Vommaro corrobora en su libro La larga marcha de Cambiemos este hecho, al afirmar que el temor a la “chavización” fue uno de los mecanismos emocionales para reforzar la adhesión al novedoso proyecto, que sus adeptos vivieron como un compromiso cívico excepcional. “De manera paradójica -sostiene Vommaro-, un partido que se construía desde una estética festiva encontraba en el miedo un poderoso motor para la acción proselitista”.
Tres años después, ante una nueva crisis de indisimulable dureza, tal vez convenga revisar esa idea. E indagar en dónde reside verdaderamente el miedo.
Para hacerlo es preciso detenerse en un rasgo: la circunstancia que atraviesa el país tiene para muchos compatriotas de cierta edad el carácter del déjà vu. Este término alcanzó fama por describir un estado psicológico característico: la sensación de que lo nuevo posee la reminiscencia de lo ya experimentado. En este caso, la misma terminología que describe la coyuntura confirma esa vivencia. Está plagada de términos trillados, pertenecientes a escenas pretéritas: dólar, inflación, recesión, corrida, devaluación, incertidumbre, desconfianza. Y los sentimientos y temores de los individuos y las familias también inducen prácticas anteriores: apurarse a comprar dólares, achicar el presupuesto, angustiarse por la posibilidad o la realidad de perder el trabajo, endeudarse, volverse pobre.

