Un disparo al centro del budismo (y del poder)

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La denuncia presidente de la Asociación Budista de China, el monje con mayor rango del país y fluidos contactos con el Gobierno, conmueve a una cerrada sociedad que ve llegar la ola del movimiento de mujeres.

El imparable movimiento #MeToo, por el cual las mujeres se animan a revelar los abusos sexuales que sufrieron en otros períodos de su vida por parte de hombres ligados al poder, promete tener uno de sus capítulos más poderosos y revolucionarios en China, un país donde su sociedad no está habituada a hablar de sexo y la libertad que tienen las mujeres para expresarse no es, justamente, lo más común.

El presidente de la Asociación Budista de China (ABC), el líder espiritual más célebre del gigante asiático, el maestro Xuecheng, fue acusado por dos monjas del templo de Longquan, uno de los más populares de Pekín, de haber abusado sexualmente de ellas, lo que desató un terremoto en lo más alto del poder chino, ya que debido a su cargo en la ABC, Xuecheng también ocupa un lugar en la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, un órgano asesor del Gobierno formado por miembros -previamente seleccionados por el Partido Comunista- de la sociedad civil.

Nacido en el seno de la industria del cine estadounidense, el movimiento #MeToo (“Yo también”) alienta a las mujeres a romper los miedos y sacar a a la luz los abusos y acosos sufridos por hombres que se manejan con mucha facilidad dentro de los ámbitos de poder. 

Desde la costa oeste de EEUU a las lejanas tierras donde las costumbres son totalmente diferentes a las rutinas de Hollywood, el #MeToo tiene un punto en común en todos los lugares del planeta: hacer crujir los cimientos de sociedades que ya no toleran el silencio y el sometimiento del hombre a la mujer. Ya sean millonarios productores de cine, famosos actores, prestigiosos periodistas, reconocidos líderes políticos o venerados personajes espirituales.

Si Xianjia y Shia Xianqi, las dos religiosas denunciantes, aseguraron que Xuecheng se dedicaba a enviar “mensajes ilícitos” a través de su teléfono celular para manipular a sus seguidoras. Según la denuncia, al menos seis monjas del templo guiado por este líder recibieron mensajes coercitivos en los que eran amenazadas para tener sexo con él como parte “de un estudio de técnicas de control de la mente”, y al menos cuatro de ellas habrían cedido ante el maestro.

“El templo de Longquan está dominado por su hechizo, y Xuecheng las manipuló para que sirvieran a su ‘imperio budista’, en el que sus discípulas sacrificaron las doctrinas y violaron la ley”, subraya el documento.

El #MeToo, hasta ahora, había tenido un incipiente desarrollo en China, un país en el que la censura del Gobierno actúa fuertemente sobre las redes sociales, el principal motor para la difusión de las experiencias de las mujeres abusadas.

A pesar de estos problemas, el primer caso chino que llegó a la opinión pública fue el de un profesor que fue suspendido por el ministerio de Educación, tras haber acosado sexualmente a varias estudiantes a comienzos de este año.

En las últimas semanas se hizo conocido el caso del conductor televisivo de la cadena de televisión estatal CCTV, Zhu Jun. La mujer que lo denunció relató a través de una carta anónima que se difundió por Internet que la policía le recomendó que quitara la denuncia porque Zhu Jun “ejercía una enorme influencia positiva en la sociedad”.

Por eso, el caso del monje budista de mayor rango en toda China puede ser una bisagra en el movimiento #MeToo en el país que tiene mayor cantidad de población en todo el mundo.

Hasta ahora, luego de una breve detención para dar sus explicaciones, Xuencheng fue liberado tras negar las acusaciones. Mientras tanto, si los usuarios de redes sociales chinas querían buscar su caso en Internet, no lo encontraban… China se encuentra ante un desafío gigantesco, necesario de ser afrontado para ser un país que quiere liderar el planeta en este siglo XXI.

La ola #Metoo terminará por desatarse con o sin ayuda del poder. El Gobierno deberá decidir que rol quiere jugar, porque tratar de controlar férreamente la situación para evitar quedar salpicado puede arrastrarlo directamente a un hundimiento en las poderosas aguas del empoderamiento de las mujeres, que día a día crecen en busca de purificar los estamentos más cerrados, conservadores y oscuros de la sociedad.

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