Rusia y China: El nuevo poder viene de Oriente

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Vladimir Putin y Xi Jinping celebran una cumbre sin antecedentes y con un nivel de sintonía inédito. Los dos mandatarios se reúnen en China con los líderes políticos de India, Irán y Pakistán para relanzar su relación y el liderazgo mundial vacante.

De la Redacción

Los presidentes Vladimir Putin y Xi Jinping celebraron esta semana una cumbre sin antecedentes y con un nivel de sintonía inédito. Los dos mandatarios se reúnen este sábado en China con los líderes políticos de India, Irán y Pakistán para relanzar su relación y fortalecer el liderazgo mundial vacante, por la instrospección obligada de los Estados Unidos de Donald Trump.

De este modo, se consolida un multilateralismo de tres polos: Estados Unidos como primera potencia económica y militar frente a la Unión Europea (centralmente Francia y Alemania) y el eje China-Rusia. Las potencias medianas son llevadas a jugar un juego de puro pragmatismo, tratando de no ser tragadas por ninguno de los nuevos bloques, que en política semejan a la situación de la Guerra Fría pero que en plano económico son más difusos. 

Putin y Xi conectan, sin duda. El presidente chino es el único líder extranjero con el que el jefe de Estado ruso ha celebrado su cumpleaños, según sostiene el propio Putin: “Tomamos un vodka y salchichas”, reveló en una entrevista concedida a la televisión china esta semana.

Este viernes, tras una reunión en Beijíng, fue el turno de Xi de agasajar a quien llamó “mi mejor, más íntimo amigo” al entregarle la primera Medalla de la Amistad, un nuevo galardón con el que China va a distinguir a los extranjeros más apreciados.

El gesto es simbólico no solo de su sintonía personal sino de su acercamiento cada vez mayor en el tablero político, empujados por la errática política exterior estadounidense.

Este fin de semana ambos son protagonistas de la cumbre de la Organización para la Cooperación de Shanghai, un foro de países asiáticos creado por China y al que asistirán líderes como el jefe de Estado iraní, el primer ministro indio o el presidente paquistaní. Una señal clara para las potencias del G-7 reunidas entretanto en Canadá.

Xi y Putin tienen muchas cosas en común. Ambos son hábiles políticos y acaban de renovarse en el cargo para una larga temporada. Su estilo de mando es el de un hombre fuerte; comparten una perspectiva nacionalista; se ven a sí mismos y sus sistemas de gobierno como grandes alternativas al modelo occidental. Y los dos tratan de cortejar a unos aliados estadounidenses a los que la Casa Blanca ningunea de manera sistemática.

En seis años se han reunido 25 veces y solo el año pasado se vieron cara a cara en cinco ocasiones. Esta vez, además de sus reuniones oficiales, compartirán el sábado un viaje en tren de alta velocidad para acercarse al puerto de Tianjin —un trayecto de una hora— para ver un partido de hockey.

El vacío de Trump. No se trata solo de una amistad personal y de afinidad ideológica entre estos vecinos que comparten 4.000 kilómetros de frontera y un intercambio comercial de 90.000 millones de dólares anuales. A asociarse les impulsan las convergencias económicas, los intereses geoestratégicos y Trump. Las decisiones del presidente estadounidense —que pese a las expectativas de Moscú no ha mejorado los lazos con Rusia y que parece dispuesto a lanzar una guerra comercial total contra Beijíng— han puesto en el mismo barco a dos compañeros no tan extraños.

Gradualmente, ambos diluyeron sus diferencias sobre sus respectivas influencias en Asia Central y votaron juntos en la ONU contra la intervención de las potencias occidentales, conducidas por EEUU y Gran Bretaña, en Siria; Moscú se viene oponiendo a las patrullas occidentales en las aguas internacionales del mar del Sur de China, que Pekín considera propias. Y aumentaron su cooperación militar: a las maniobras conjuntas del verano pasado en el Báltico, en diciembre se sumó un ejercicio de sistemas de defensa antimisiles.

“No importa cómo fluctúe la situación internacional, China y Rusia siempre han considerado el desarrollo de sus relaciones como una prioridad”, subrayó Xi este viernes al comenzar su reunión formal en el Gran Palacio del Pueblo.

Durante sus dos días juntos, los dos líderes tienen abundantes asuntos que tratar. La cumbre del SCO, el sábado y el domingo en la ciudad costera de Qingdao, servirá para respaldar al iraní Hasan Rohani y lanzar un fuerte mensaje de apoyo al acuerdo nuclear que Trump rechazó. Tanto Moscú como Pekín han dejado en claro que continuarán su colaboración con Teherán en áreas como la energía nuclear o las finanzas, pese al veto de EEUU y la amenaza de sanciones.

Putin y Xi hablaron también largo y tendido durante sus contactos de la situación en la península coreana, cuatro días antes de la esperadísima reunión entre Trump y Kim Jong-un en Singapur. Tanto Pekín como Moscú comparten el proceso de deshielo en el Norte —desnuclearización gradual y levantamiento de sanciones a ritmo ágil— y no quieren quedar afuera de las negociaciones.

“Es una satisfacción que el proceso de negociación intercoreano que se ha iniciado siga la lógica de la hoja de ruta ruso-china para resolver el conflicto”, declaró Putin en una rueda conjunta ante la prensa con Xi.

La seguridad y la lucha contra el terrorismo islámico en Asia Central, donde China prevé una de las grandes áreas de expansión de su ambicioso plan de infraestructuras conocido como Nueva Ruta de la Seda, componen otro eje de las conversaciones bilaterales y de las multilaterales en el foro, al que acudirán los jefes de Estado o de Gobierno de los principales países de esa región.

En su reunión formal, Xi y Putin firmaron acuerdos de cooperación, entre ellos el establecimiento de un fondo de inversión industrial dotado de mil millones de dólares, y la construcción rusa de cuatro centrales nucleares en territorio chino. Los dos países quieren estimular también su relación comercial, muy alejada aún del objetivo oficial de 200.000 millones de dólares para 2020.

“La lógica del comercio mundial es la cooperación conjunta”, señaló el presidente chino. Esta vez, sus palabras no iban dedicadas a su amigo. Era un mensaje de los dos a Trump.

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