Dr. Jekyll and Mr. Trump

Fecha:

Compartir

Como en la novela de Robert Louis Stevenson, existe un personaje que, delante de un Teleprompter, parece representar muy bien el hollywoodense papel de presidente de los Estados Unidos pero que, Twitter mediante, se convierte en un vociferante septuagenario superficial, carente de conocimientos básicos sobre el mundo y obsesionado con su propia imagen.

El esperado discurso en la noche del martes de Donald Trump acerca del Estado de la Unión, la ceremonia anual en la que el presidente de Estados Unidos expone ante las dos cámaras del Congreso sus logros del año anterior y sus políticas para el que le sigue, fue una demostración de que a veces el magnate inmobiliario puede comportarse “presidenciable”.

Si bien no logró que lo aplaudieran ni una sola vez sus opositores demócratas y obviamente exageró o directamente tergiversó datos, mantuvo su divisivo mensaje contra los inmigrantes -que en algunos casos igualó con bandas de delincuentes- y mostró su obsesión con eviscerar el legado del gobierno de Barack Obama, al menos lo hizo en una forma y con un lenguaje (leído en el teleprompter) alejado del incendiario y pendenciero que gusta emplear cuando inicia sus oleadas de tuits antes de las 6 de la mañana.

Es tan baja la expectativa sobre Trump a un año de iniciada su gestión que si logra por más de una hora hablar sin “sacarse” ya se lo ve bajo una nueva luz, como ocurrió con este discurso, que, sin embargo, a la hora del análisis más fino no muestra cambios de fondo sino cosméticos, lo que en una era de imagen y televisión puede ser más que suficiente para ganar una elección.

Así que, asesorado por su hija y su yerno, que al menos hasta ahora han logrado prevalecer en la furiosa interna desatada desde un primer momento en la Casa Blanca entre la derecha iconoclasta de su ex asesor Stephen Bannon y la derecha del establishment -algo menos cavernícola y con mejores modales-, Trump leyó un discurso en el que pronunció la palabra “nosotros” 130 veces y “yo” solo 35. Todo eso en 80 minutos en los que fue aplaudido, sólo por republicanos, 107 veces.

Antes de su discurso Trump había invitado a los corresponsales de cadenas de noticias y periódicos ante la Casa Blanca para decirles que: le gustaría ver “al país unido”.

Y horas después cumplió su promesa, si se considera que el país que el presidente quiere ver unido es el blanco, anglosajón y protestante, al que se refiere su slogan “Make America Great Again (Hacer América grande de nuevo), o sea el Estados Unidos de posguerra que añoran llenos de nostalgia quienes se horrorizan con un país marrón, donde los homosexuales pueden casarse y los negros pueden viajar en un autobús sentados al lado de un blanco.

Dicho de otro modo, según The Washington Post,  “en lugar de unificar el país, el presidente Trump dejó en claro, una vez más, que solo apoya a los estadounidenses blancos, al diablo con todos los demás”.

“El contraste entre el presidente Trump y el presidente Barack Obama no podría ser más evidente. El presidente Obama entendió que la diversidad de nuestro país era uno de sus mayores puntos fuertes y pintó una imagen inclusiva de cómo Estados Unidos podría avanzar. ‘Nuestras fortalezas únicas como nación: nuestro optimismo y ética laboral, nuestro espíritu de descubrimiento e innovación, nuestra diversidad y compromiso con el estado de derecho’, dijo en 2016, en su último discurso sobre el Estado de la Unión. ‘Estas cosas nos dan todo lo que necesitamos para garantizar la prosperidad y la seguridad para las generaciones venideras'”, recordó.

“Pero el presidente Trump quiere dividir el país entre los estadounidenses blancos que él valora y sus supuestos enemigos, que pueden acechar en cualquier esquina a menos que él y el Congreso lleven a cabo las políticas que describió anoche: la represión más extrema contra la inmigración desde 1924, una expansión de nuestro programa de armas nucleares, la destitución de empleados federales que ‘socavan la confianza pública (y promueven) el fracaso del pueblo estadounidense’ y la continuación de la operación de la prisión militar en la bahía de Guantánamo, que a diciembre de 2017 tenía 41 personas sometidas a detención indefinida en violación del debido proceso”, concluyó el rotativo.

Es muy posible que Trump, el primer presidente que no logra arañar el 40 por ciento de opiniones positivas en el primer año de gobierno desde que se hacen esos estudios de opinión, vuelva a ser el Trump desmedido y provocativo la próxima vez que agarre su iPhone y decida que el mundo -y sobre todos sus seguidores fanáticos- necesitan asomarse a su mente.

Lo de la noche del martes, entonces, será recordado como una puesta en escena, tan cara a la televisión estadounidense, pero en cuya sustancia se mostró el mismo Trump de siempre, aunque en este caso con una cara más gentil que la que se ve habitualmente, para horror incluso de algunos de sus seguidores.

Para una celebridad televisiva como Trump, ejercer ambos papeles no será difícil.

Compartir

Últimas noticias

Suscribite a Gaceta

Relacionadas
Ver Más

Volver al Futuro 2024

*Por Augusto Neve El paso del tiempo nos aqueja. No lo...

No es ignorancia, es odio a España y a su legado: la Hispanidad

Las recientes declaraciones del flamante Ministro de Cultura, el...

El verso y la búsqueda de la felicidad

Vivimos perseguidos por las órdenes e indicaciones que en redes sociales nos muestran cómo debería ser nuestra vida, cuando la realidad parece encerrarnos en otro modelo.

Espiritualidad y vacío

¿Para qué vivir? ¿Por qué elegimos viviendo? ¿Para nada? El rol de la espiritualidad. Y También el de la ciencia y la tecnología.